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NUEVA ÉPOCA NÚM. 125 JULIO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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A veces prosa
Preparativos para un acto final: Obliteración de Rodolfo Usigli


Adolfo Castañón
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 125| Julio 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Castañón, Adolfo , "A veces prosa
Preparativos para un acto final: Obliteración de Rodolfo Usigli" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2014, No. 125 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=779&art=16265&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Donde abunda el peligro, crece lo que salva.
Friedrich Hölderlin

 

I

Cada 17 de noviembre, cada 18 de junio se cumplen los aniversarios de nacimiento (1905) y muerte (1979) de Rodolfo Usigli, “criollo de una especie singular”, madre austrohúngara (Carlota Wainer) y padre italiano (Alberto Usigli, nacido en Argelia), en caracterización de José Emilio Pacheco, uno de sus amigos y lectores más eficaces. “Aquí yace y espera Rodolfo Usigli, ciudadano del teatro”, reza el epitafio que compuso en 1961 y que ahora se pone al inicio de este epílogo a la reedición de su novela Obliteración (1973). Una obra que por razones personales publicó tardíamente pero cuya escritura lo acompañó a lo largo de más de veinte años.

Esas breves líneas del epitafio son reveladoras: para Usigli, la muerte no es el lugar donde se descansa en paz: es todavía un lugar donde se espera ¿el juicio final? El lugar de la espera puede ser también el de la esperanza, virtud teologal que dejan los que entran al Infierno descrito por Dante —una de las lecturas del narrador— y que es el nombre del albergue en que se desarrolla esta Obliteración. La otra revelación no es menos insondable: Usigli se declara no “ciudadano del mundo”, sino de su representación: el teatro y declara así que su verdadera patria no es ni puede ser un lugar concreto sino un espacio situado fuera del tiempo regular y convencional: el tiempo del teatro, el de la representación, el de la “conversación desesperada” que es el poema y la narración, el de la lectura de una leyenda enigmática como esta.

A Usigli lo devoraban los misterios y los sueños, ya fuese en la literatura de los otros o en la que se iba inventando este mexicano singular que pudo vivir los episodios de la Decena Trágica y en cierto modo formarse a su sombra, hijo de dos extranjeros recién llegados al país.

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Rodolfo Usigli
©Archivo UNAM

Rodolfo Usigli es uno de los grandes escritores del México del siglo XX y quizás el dramaturgo más completo y complejo de su época. Es al teatro mexicano lo que Diego Rivera a la pintura o Mariano Azuela, Agustín Yáñez, o Carlos Fuentes a la novela; lo que Octavio Paz, su amigo y corresponsal, a la poesía y al ensayo; como Alfonso Reyes: un hombre de letras. Usigli es el autor —cito a Pacheco— de “una Comedia Humana representable, en mural escénico, una literatura dramática unipersonal en que un solo actor hizo el trabajo de muchos escritores; tragedia, drama, piezas, comedias, farsas, teoría crítica, innumerables tradiciones”. Como se sabe, Usigli se abrió paso en el mundo literario y teatral mexicano gracias a la publicación de una obra controvertida, El gesticulador, que lo situó de inmediato en el centro del escenario nacional, tanto por lo que hacía a los poetas y pintores como por lo que tocaba a los políticos y aun a los filósofos, como Emilio Uranga. El gesticulador (1947) no sólo le valió el éxito, el escándalo y el repudio oficiales, sino que le abrió las puertas del diálogo presente y por venir, con el pensamiento crítico y la filosofía, como muestran sus intercambios con Emilio Uranga, otra figura incómoda en el tablado y tablero de la cultura mexicana, cuyas bambalinas ambos conocieron y tanto y tan bien supieron exhibir.

A Rodolfo Usigli se le podría caracterizar como un devorador ya no sólo de sueños sino de lenguajes: la poesía, el teatro, la novela y aun el cine no le serían ajenos y, desde luego, el ensayo y, más allá, la filosofía.

Aunque centrada en el teatro, la vocación literaria de Usigli desbordó la escena o más bien se podría decir que su vocación poética lo llevaría al teatro y a la novela. Se le conoce como uno de los integrantes excéntricos del grupo asociado en torno a la revista Contemporáneos. Fue amigo de Xavier Villaurrutia, con quien visitaría New Heaven en 1933. Tan amigo que en muchas de las cartas que este le mandaba a Salvador Novo había posdatas de Usigli. La amistad con Salvador Novo se rompería unos años más adelante… Usigli es autor de una obra poética sólo parcialmente recogida en 1981 en Tiempo y memoria en conversación desesperada (Poesía 1923-1974), por José Emilio Pacheco; escribió una novela precursora del nuevo arte de novelar la ciudad: Ensayo de un crimen (1941), además de El gesticulador, Corona de sombra y los textos ensayísticos anexos como “Gesticulación de las derechas”, “Gesticulación del comunismo”, “La verdad fabricada en México”, “Esperanza y demagogia”, “Héroes y héroes universitarios”, “Gesticulación, ninguneo y libre voz”. Datados precisamente poco después del estreno de El gesticulador en 1947, fecha muy próxima a la escritura inicial de Obliteración. La carga crítica de estos textos se advierte en autores como Jorge Ibargüengoitia. Viene a cuento recordar aquí la obra de Bruce Swansey.

Entre los miembros de la generación de Contemporáneos, Usigli fue el más contemporáneo, el más capaz de ir al encuentro y de conversar con los autores protagonistas de sus admiraciones, a los que tradujo, entrevistó y comentó. T. S. Eliot fue su amigo y Usigli tiene el mérito indiscutible de haber sido uno de los primeros en difundir su obra incandescente en México e Hispanoamérica a partir del conocimiento personal y de la lectura previa y posterior a este, y de contagiar a otros su entusiasmo. Son precisamente los momentos en que se gestaba Obliteración. La Segunda Guerra Mundial acababa de concluir y, como ha escrito José Emilio Pacheco: “Con el arrojo de los tímidos, Usigli tuvo la increíble osadía de visitar a Eliot en su oficina [donde “Eliot hacía solitarias guardias de noche” en su editorial Faber & Faber], que era también su puesto de vigilancia, y de leerle traducidos sobre la marcha los tres actos de su tragedia inédita Corona de sombra. Usigli describe esa noche en su formidable colección de crónicas Conversaciones y encuentros”. Pacheco evoca en su ensayo “Poesía y guerra, Eliot y Usigli” el momento histórico que envolvió la escritura de Obliteración. En esa época, en Londres, Usigli también pudo acercarse y entrevistar al arisco y genial George Bernard Shaw, a quien fue a visitar a Inglaterra en dos ocasiones. Usigli fue junto con el argentino Enrique Anderson Imbert uno de los pocos amigos hispanoamericanos de Shaw. Quizá no sea tan casual que el personaje de El gesticulador se llame César, justamente como el protagonista de una de las obras más célebres de Shaw: César y Cleopatra. Shaw, por cierto, había sido traducido en México desde 1917 por Antonio Castro Leal y había sido también leído con entusiasmo y fervor por Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña y Jorge Luis Borges.

 

II

Durante la Segunda Guerra Mundial la representación de México en Francia siguió funcionado en la ciudad de Vichy dominada por el régimen fascista francés y la Alemania nazi. En agosto de 1944 una vez cumplida la liberación de París el gobierno de México buscó volver a instalar la representación mexicana que tenía rango de legación y no de embajada. Se nombró como ministro al general coahuilense, maderista y carrancista de cepa, Antonio Ríos Zertuche (1893-1980), y se designó a nuevos representantes diplomáticos, entre los cuales se encontraba Usigli, quien para llegar a París tuvo que pasar por Londres a fines de 1944, todavía estremecido por los efectos de las bombas y artefactos explosivos que lanzaban los alemanes para intimidar a los ingleses. Antes de salir de Inglaterra Usigli pudo dar dos conferencias y fue autorizado a dar una lectura pública de Corona de sombra, su más reciente obra, en la que se detallan los tropiezos mentales de Carlota, la esposa del emperador Maximiliano. Una coincidencia: la emperatriz belga compartía el nombre con Carlota Wainer, autora de los días del dramaturgo y a quien está dedicado el Teatro completo, después de su esposa argentina y sus cuatro hijos: “a la dulce memoria de mi maravillosa madre”.


   
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Adolfo Castañón

Nació en la Ciudad de México el 8 de agosto de 1952. Narrador, ensayista y poeta. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido gerente editorial y director de la Unidad Editorial del Fondo de Cultura Económica;...


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