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NUEVA ÉPOCA NÚM. 126 AGOSTO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Efraín Huerta
Anecdotario crítico


Margarita Peña
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 126| Agosto 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Peña, Margarita , "Efraín Huerta. Anecdotario crítico" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2014, No. 126 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=780&art=16282&sec=Efra%C3%ADn%20Huerta > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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A MODO DE INTRODUCCIÓN

La poesía asume tantas modalidades y estilos cuantos poetas son y han sido. Esta verdad de Perogrullo me permite introducirme en el mundo literario de Efraín Huerta y consignar, al abrir su Poesía completa (FCE, 1988), la modalidad de lo trascendente, el compromiso con la realidad y la palabra; el sentimiento herido, la indignación, el grito y el amor que desalojan las f (o preciosuras, permítaseme el neologismo) del lenguaje, las percepciones etéreas y vanas, la expresión afiligranada, a veces vacua, usuales erusleríasn algunos poetas. Las sutilezas, en Huerta, se vuelven verdades; el verso deja de ser simplemente el vehículo para endulzar el oído dando cabida, haciendo lugar a la rebeldía; al vocablo rudo y necesario, a la interjección que expresa dolor y lágrimas, inconformidad, azoro o rabia, lejos del esteticismo prescindible; de la inútil, por vacua, fruición del lenguaje. Pienso concretamente en ese poema de Huerta —prosa con ritmo poético— que es “Responso por un poeta descuartizado”; que acumula “maldición y blasfemia”, “aparición, pesadilla” y equivaldría, en lo plástico, a una pintura negra de Goya o a un mural de Orozco. Es el de Huerta expresionismo poético, alejado de amaneramientos y suaves juegos verbales. La premonición de la muerte, como en Villaurrutia (al que no por nada rendía culto), apuntalada en inconformidad, desesperación es lo que escuchamos cuando Huerta exclama aludiendo entre líneas a un poeta que fuera de sobra conocido:

“Claro está que murió —como deben morir los poetas, maldiciendo, blasfemando, mentando madres, viendo apariciones cobijado por las pesadillas. Claro que así murió y su muerte resuena en las malditas habitaciones / donde perros, orgías, vino griego, prostitutas francesas, donceles y príncipes se rinden / y le besan los benditos pies…”.

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Efraín Huerta, hacia 1945
© Iconografía, FCE

Es decir, el verdadero poeta es un desahuciado al que sus propios modelos extranjerizantes rinden pleitesía. Las últimas palabras aludirían a Darío y el modernismo en una enumeración que apunta al sarcasmo. En cuanto al estilo, aquí —desde la palabra que se vuelve interjección a las asociaciones con tópicos periclitados que van de “orgías” hasta ”príncipes” — estamos ante un estilo que es conjunción poética de la evocación de imágenes típicas de ese modernismo que él rehúye pero acaba por invocar (como si se sintiera por él apadrinado), y la desesperación de la muerte. Habría una declaración en Huerta de una poesía sustancial; humana, demasiado humana; existencial frente a la mera retórica y el eufemismo.

 

AVENTURAS Y AVATARES

Conocí a Efraín Huerta por los años sesenta, cuando un grupo de muchachas intrépidas, en el que me contaba, decidió fundar El Rehilete, revista literaria dirigida por mujeres que vendría a ser algo así como la sucesora de la famosa revista Rueca. Para lograr nuestro empeño nos asesoramos con la sensata opinión de catedráticos como María del Carmen Millán, Ernesto Mejía Sánchez, Antonio Alatorre, apoyándonos en la amistad de Luis Mario Schneider y la presencia de don Efraín Huerta (porque para entonces ya era un “don”). La revista iba viento en popa, amiga de revistas nacientes como El Corno Emplumado,que fundaron Sergio Mondragón y Margaret Randall. De lejos nos contemplaban con cordialidad los Cuadernos del Viento, dirigida por Huberto Batis y Carlos Valdés, y la Revista de Bellas Artes, también bajo la dirección de Huberto Batis, quien andaba no recuerdo si en buenos o malos términos con la Revista Mexicana de Literatura, una suerte de antecedente de Letras Libres, integrada por Tomás Segovia y otros literatos egregios (se sentían y lo eran). Toda una aventura, la creación de una revista literaria. De más lejos aun, hacía como que no nos veía —y nosotras sí la veíamos— la sofisticada S.Nob, excelente publicación concebida y dirigida por Salvador Elizondo, que en ella daba rienda suelta a sus pasiones literarias y a veces se dejaba ver o sentir en persona. Es decir, se asomaba, participaba. Como, por ejemplo, en la exposición de revistas que acompañó al Primer Encuentro de Escritores Latinoamericanos, encuentro memorable, y exhibición para la cual tuve la mala ocurrencia de prestar mi propia colección de S.Nob que, claro, no volvería a mis manos. Pero el caso es que el afamado congreso, o encuentro, precursor de tantos más que se celebran en la Ciudad de México, Morelia et al. hasta hoy, no hubiera sido posible sin la generosa y fraternal intervención de Efraín Huerta, quien consiguió como sede para su realización el lugar ad hoc, nada menos que el Club de Periodistas, calle Filomeno Mata (actualmente, si no me equivoco, con el mismo nombre y dirección). A la convocatoria colectiva respondieron poetas aquende y allende. Recuerdo especialmente a Raquel Jodorowsky quien, según se dijo, había vendido el piano para poder viajar de Argentina a México. Aquí se quedó, se aclimató; diseñaba bellas joyas artesanales. Le compré un anillo de madera oscura y fina con un pulido jade, que luego perdería cuando se me extravió una maleta entre París y Madrid. Recuerdo asimismo a Grinberg, de Argentina, no sé si buen poeta pero activo promotor de poesía desde la pampa. Y de nuevo a nuestro llorado amigo y erudito Luis Mario Schneider, que a la larga se refugiaría en Malinalco, en donde construyó una especie de capilla “mariana”, y que a las escritoras de El Rehilete solía llamarnos con un apelativo amistoso: “¡Ché muñeca!”. Se puede ubicar ese encuentro iniciático en el apartado de “avatares”, complementado por la sistemática presencia en las varias sesiones de un joven que solía asistir ataviado con túnica romana y a quien, por buen nombre, apodamos El Ensabanado. Todo era rejuego intelectual y gozo. Y por supuesto, mucha, mucha, mucha poesía. Efraín Huerta, poeta por antonomasia, además de generoso anfitrión era el poeta estrella.


   
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Margarita Peña

Nació en México, D.F., en1937. Especialista en literatura novohispana y literatura española de los Siglos de Oro. EsMaestra en Letras hispánicas por la UNAM; Doctora en Letras por el Colegio de México;...


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