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NUEVA ÉPOCA NÚM. 126 AGOSTO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Los hombres del alba
Los círculos concéntricos


Salvador Gallardo Cabrera
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 126| Agosto 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Gallardo Cabrera, Salvador , "Los hombres del alba. Los círculos concéntricos" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2014, No. 126 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=780&art=16284&sec=Efra%C3%ADn%20Huerta > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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UNO

¿A qué hora del día escribía Efraín Huerta? ¿En la mañana cívica, al abrigo del mediodía, por la tarde retorcida, en la noche anunciadora o en la madrugada con luz blanca detrás de los ojos? Si la vida es un fenómeno rítmico, la poesía también tiene sus ritmos circadianos: la duración de los ciclos de luz, la temperatura, las fases lunares y las variaciones de las estaciones, son factores desencadenantes que actúan sobre los relojes biológicos endógenos a través del sistema nervioso. Y aunque hoy nos regimos por el día electrónico deslocalizado, basta hacer un viaje intercontinental en avión para sentir el peso de la turbulencia circadiana: el jet lag nos recuerda los ritmos de la rotación de la Tierra. Desde la literatura, ¿no hablamos de poetas lunares y de poetas cuyos versos funcionan como la respiración de las mareas? ¿No explicamos que la sonoridad de un poema depende de su orientación rítmica? ¿Que una determinada variación en el verso se manifiesta con regularidad o que un determinado régimen de luz singulariza a un poeta? No se trata, por supuesto, sólo de metáforas o de símiles. La poesía está finamente ligada al ritmo de la Tierra, de los espacios y de los cuerpos.

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En ese sentido, la poesía mexicana se ha caracterizado como una poesía crepuscular, dominada por una luz débil. A esa caracterización cronopoética se le han ido sumando adjetivos y juicios terminantes: ornamental, inmovilista, demasiado ceñida al canon y a la consolidación identitaria; una poesía de excelente factura, pero conservadora y carente de fuerza vital. Desde esa definición se han establecido generalizaciones vanas y contraposiciones ilusorias en las que no me detendré. Lo que me interesa es el aspecto crepuscular de la poesía mexicana, su luz menguante, su fuerza de marea descendente; una caracterización cronopoética, alejada de las valoraciones morales o de las calificaciones cualitativas, que en ocasiones puede ser útil para mostrar parentescos, líneas de afinidad o diferencia entre los poetas. Así, por ejemplo, hablamos del influjo solar de los poemas de Pellicer, de su luminosidad y de su poética de vuelo, tan diferentes de la media luz de Villaurrutia y de la poética interiorista de Gorostiza.

A setenta años de su publicación, no es difícil advertir que con Los hombres del alba, Efraín Huerta creó una nueva orientación lumínica y sonora para la poesía mexicana, muy alejada del tono crepuscular. Es más difícil ver, en cambio, que esa nueva orientación está entretejida a un trabajo constructivo complejo y de varias dimensiones. En Los hombres del alba hay un esfuerzo constructivo irreductible a los golpes de emoción y sentimiento, a la proyección de convicciones políticas y al uso de un cierto lenguaje antipoético, con que se ha encasillado su obra.  

 

DOS

Hay una estructura de círculos concéntricos en Los hombres del alba: versos, estrofas, poemas que amplían su radio de acción, que impulsan cambios de tono, un lirismo mayor, una mayor intensidad. Algunos círculos operan por condensación, algunos se propagan desplazando superficies semánticas, algunos se mueven en circuito. Otros más, círculos que son ondas, van y vienen entre las condensaciones y los anillos en crecimiento, son intermediarios entre los círculos. Una estructura de circulación, en movimiento. El vehículo es el verso blanco, el único vehículo posible para explorar la zona en que empieza a aparecer la luz del día, un verso que hay que controlar para que no se convierta en melodía o desemboque en canción. El alba es una zona blanca indeterminada, vaga y de carácter abierto, donde los sentidos aparecen escindidos entre la oscuridad y la luz: es un umbral. El énfasis del verso rimado no podría haber dado cuenta de esa zona atravesada por ráfagas, ondas y franjas en que todo está por formarse. Si la métrica reestructura el tiempo, el verso blanco busca reestructurar el espacio poético. Un círculo sonoro-lumínico crece ahí: hay ruidos, no melodías, y Efraín Huerta interdigita en sus versos epítetos monocromos que muestran que el alba es una zona en movimiento, como el propio poema. Se ha dicho que en Los hombres del alba no hay color. ¿Qué el blanco no es la reunión de todos los colores? Hay que ver cómo los epítetos monocromos crean un régimen de luz matizada muy amplio: de la fría luz de la ausencia sin olvido a “las estrellas plateadas de cinismo”, del “cielo azul, purísimo”, a los “pétalos de violetas”. Entre brillos, flores claras, luz de invierno, el alba negrera, y ruidos escalofriantes, la metralla nocturna, el grito durísimo de la muchacha ebria, se va desenvolviendo el ciclo de las apariciones y de las ausencias. Los versos están estructurados, entonces, para dar cuenta de las cualidades sonoras de las palabras escritas; los adjetivos sirven para hacer cambios tonales o subrayados de intensidad.


   
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Salvador Gallardo Cabrera

Nació en Aguascalientes, Ags., en 1963. Estudió filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1983 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven. Ha publicado, entre otros, Sublunar (poesía, JGH...


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