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NUEVA ÉPOCA NÚM. 126 AGOSTO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Del periodismo como condición ontológica
Espejo y profecía


Carlos Ulises Mata
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 126| Agosto 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Mata, Carlos Ulises , "Del periodismo como condición ontológica. Espejo y profecía" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2014, No. 126 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=780&art=16285&sec=Efra%C3%ADn%20Huerta > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Soy Paolo Ucello con su espejo al hombro.
“Apólogo y meridiano del amante”

Fausto maravillado. Asistiendo a la sorpresa diaria del planeta:
crímenes bestiales, traiciones inenarrables, lealtad, nobleza.
“Tramontar”

 

Hay en la obra poética temprana de Efraín Huerta tres poemas muy significativos que presentan de forma explícita el acontecimiento trascendente de la conversión. Uno de ellos, “La traición general”, publicado el 17 de enero de 1937 en El Nacional, describe esa experiencia como surgida de una decepción. Dicen sus primeras líneas:

No; no era verdad tanta limpia belleza.
No es la primavera un retumbar de vivas al mediodía
o un canto exaltado al mito del paisaje.

Siguen luego once versos en los que se ahonda la visión del desengaño: no sólo la belleza y la primavera esconden tras de sí sobornos y predicaciones mentirosas; también los crepúsculos, el arcoíris, las nociones tradicionalmente alabadas en la poesía (soledad, ausencia, silencio) y hasta el amor son falsificaciones que desquician, arruinan y avergüenzan a quienes las admiten como valores.

imagen
Agustín Lara, María Félix y Efraín Huerta, ca. 1945
© Iconografía, FCE

En ese estado de ruina se origina la conversión (nótese la reiteración del “ahora” que anuncia la adquisición irreversible del nuevo carácter):

Y ahora, cuando nada nos pasa desapercibido,
denunciamos a los traidores, a los huecos poetas
que nos cantaron “nanas” deliberadamente
y nos dieron calmantes y narcóticos
distrayendo atenciones y ennegreciendo vidas.
Ahora vemos todo en recio primer plano.

La segunda conversión (veremos que es la misma) se lee en “Esa sangre”, de 1938, considerado por José Emilio Pacheco como “uno de los mejores poemas que escribieron los mexicanos sobre la España de 1936-1939”. Aquí, la profunda y definitiva transformación moral de quien escribe se relata en siete versos perturbadores:

Yo era. Yo era simplemente
antes de ver esa sangre.
Ahora soy, estoy, completo,
desamparado, ensordecido,
demasiado muerto para poder, después,
ver con serenidad ramos de rosas
y hablar de las orquídeas.

La lección es inequívoca y busca ser ejemplar. El individuo (yo, quien sea) no puede sino rebelarse al advertir la incongruencia entre los escenarios idílicos de los libros y el mundo aterrador del “recio primer plano”. No puede evitarse la conmoción humana de quien, sin más, un día, mira la sangre derramada correr. Junto a esas certezas, los poemas indican la también inevitable transformación que ha de operarse en las maneras aceptadas de ver, de hablar y, claro, de escribir poesía, señalando cómo esta actividad no puede consistir ya más en “hablar de las orquídeas”; su obligación de ser ahora una mirada doliente y sin encubrimientos del mundo (“nada nos pasa desapercibido”) y de constituirse en una voz que reclama el fin de la inacción (“ver con serenidad ramos de rosas”). En suma, su obligación de ser un ejercicio indignado de esclarecimiento y refundación moral.

La breve serie culmina —concluye y llega a su cima— con “Poema del desprecio”, uno de los escritos más impresionantes en la obra poética entera de Efraín Huerta, a cuya lectura completa remito, sin poder evitar, sin embargo, aducir sus primeros 22 versos, en los que con meridiana claridad se presenta la mirada retrospectiva sobre una vida, una visión y una esperanza turbias en trance de ser abandonadas:

             I

Yo viví en otro tiempo
en cielo y sueño ajenos,
en un grave y pausado cementerio,
en la aridez navegable del hastío.
Llegué a ofrecer mi sangre,
mi aguda sangre de loco minucioso,
por esta idea o hambre:
tan sólo el alba y ciertas
verdades corroídas,
digo, convencionales hasta el asco,
podían redescubrirme
las virtudes más dulces,
o latir sumergidas
en el nocturno río de mi esqueleto.
Vendido a la esperanza
y a la breve gacela de la ternura,
derramé un frágil llanto
sin sentido ni gracia;
y la bestia, la vida,
en amargos insomnios
me dio apenas el ansia
de la agonía y el crimen.


   
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Carlos Ulises Mata

Nació en Guanajuato, Gto. Ensayista. Egresado de la Licenciatura en Letras Españolas de la Universidad de Guanajuato. En 2001 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Literario "José Revueltas" con La poesía de...


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