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NUEVA ÉPOCA NÚM. 126 AGOSTO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Efraín Huerta: Soy irreflexivo, indisciplinado, ignorante


Elvira García
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 126| Agosto 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

García, Elvira , "Efraín Huerta: Soy irreflexivo, indisciplinado, ignorante" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2014, No. 126 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=780&art=16286&sec=Efra%C3%ADn%20Huerta > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Aquel día, a esta entrevistadora le faltó algo esencial: mirar dentro de los ojos de Efraín Huerta mientras respondía mis preguntas. Porque, ¿qué es una entrevista? Es la intención de entrever, descubrir algo desconocido del personaje a quien se interroga. Entrever: retirar el velo que, como suave hoja de cebolla, envuelve el misterio de una vida. Entrever: resolver el enigma que hay detrás de una mirada triste o de una sonrisa sarcástica. Para que esta fascinante e inquietante tarea arroje resultados, hay que hacerla tête à tête. La entrevista es un acto de dos que se miran a los ojos mientras hablan. De alguna forma, es un acto de amor y de confianza.

En1977, las circunstancias de salud del poeta y prosista Efraín Huerta imposibilitaban esa forma de entrevista: en 1973 perdió la voz luego de una laringectomía; tres nódulos cancerosos habían tomado su laringe como alojamiento. En aquellos instantes cruciales para Efraín, como para todos los que se enfrentan al cáncer, lo fundamental es conservar la vida, los saldos se procesarán después, como trofeos de batalla.

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Efraín Huerta, hacia 1949
© Iconografía, FCE

El poeta y crítico cinematográfico vivió todavía nueve años después de esa operación “de caballo”, como decía él. Jamás dejó de comunicarse; su herramienta desde siempre era la palabra escrita. Así, la letra a máquina acortó la distancia e hizo fácil lo difícil: Efraín resolvió el cuestionario que una tarde le entregué. Me lo devolvió risueño, con esa sonrisa de “aquí no pasa nada”, en papel revolución y con un pequeño dinosaurio dibujado con tinta negra, en un rincón de la última hoja. Cuando leí las respuestas, encontré que la voz del prosista nunca se fue; estaba allí, en lo profundo de su ser, generoso y valiente.

La entereza con la cual Efraín Huerta enfrentó sus males físicos era conmovedora. Su sonrisa removía emociones, lo dejaba a uno sin saber que decir. Cinco años después de aquel singular diálogo, Efraín murió, cansado tal vez de aferrarse a la vida con uñas y dientes. Y con tanta furia amorosa.

Una primera versión de esta sui géneris entrevista, la publiqué en la revista Proceso, el 30 de abril de 1977. Esa misma se reprodujo hace poco, en el libro El otro Efraín, que acaba de publicar el Fondo de Cultura Económica, en el centenario del nacimiento del poeta que nació en Silao, el 18 de junio de 1914.

Esta es una segunda versión, con algunos cambios y agregados:

 

VIVIR CON FURIA

Se decía: El Gran Cocodrilo. Confesaba que escribía un poema durante el alto de un semáforo. Se identificaba con el cocodrilo simplemente por la pereza. Se enojaba si le  hablaban mal de Sofía Loren. Presumía ser, en la zoología fantástica, el único ejemplar hijo de un saurio y de una paloma azul.

También confesaba que el cáncer le hizo lo que el aire a Juárez, pero que la poesía lo tenía agonizante porque no lo dejaba ni un minuto en paz y que, después de todo, vivía y bebía como desesperado. Ese hombre, qué duda cabe, era Efraín Huerta. Ese Gran Cocodrilo murió el 3 de febrero de 1982, ya casi por cumplir los 68 años de edad.

Mucho antes de que Efraín recibiera en 1976 el Premio Nacional de Lingüística y Literatura, el gobierno de Francia le entregó las Palmas Académicas en 1945. Y no fue hasta 1975 que la élite literaria que otorga premios en México lo reconoció con el más prestigiado galardón de esa época, el Xavier Villaurrutia. Pero hasta 1977, fecha de esta entrevista, ninguna de las condecoraciones literarias había conseguido que su poesía se reuniera en un solo volumen; fue en 1988, seis años después de muerto Efraín que el Fondo de Cultura Económica realizó por primera vez esa tarea. La obra poética del guanajuatense padeció, aunque hoy se niegue, una especie de ninguneo por lo bajo; ¿por qué? ¡Vaya usted a imaginar!

Los apellidos de Efraín eran Huerta y Romo. Él creó una forma singular, divertida y breve de poesía que bautizó poemínimos. Según él, podían leerse en el alto de un semáforo. Y era cierto. Su prosa surgía como una conversación, ligera y divertida pero también crítica y amarga. Saborearla en los diarios fue un regalo para sus lectores de aquel tiempo.  

―¿Cuál fue la circunstancia de la vida por la que escribió el primer poema?

―Circunstancias del paisaje en el Bajío guanajuatense y circunstancias idolátricas que todavía perduran: el amor al Padre Hidalgo, tan poderoso como el que le tengo al señor Morelos. El poema se llamó así, precisamente: “Poema del Bajío” y fue publicado en un periódico de oposición, claro está, en el año de 1932.

―¿Existe o existió para usted alguna vez el conflicto de creación? Es decir, preguntarse: ¿es esto lo que quiero, y para qué sirve?

―Nunca me he preguntado para qué sirve un poema, ni siquiera al estar escribiendo poemas de encargo como “El Canto de la liberación europea” o “Declaración de guerra”. El poema “Mi país, oh, mi país” lo escribí al amparo de la indignación por la forma en que el gobierno del casi beatificado Adolfo López Mateos reprimió a los maestros y a los ferrocarrileros. Este poema fue dictado de un tirón al mediodía del 4 de abril de 1959.

Huerta es y será siempre el hombre y el poeta militante de la izquierda política más auténtica y que él llamaba: “primitiva”. Sus poemas son producto de la línea vertical aceptada desde sus años juveniles, allá en Silao, en Irapuato, y también en Querétaro, cuando hacía sus pininos literarios y políticos en periódicos escolares. Era el poeta que no acababa nunca de llenarse; el militante que no se doblegaba, que honraba y cantaba por la libertad de los pueblos, que ardía y se rebelaba contra los otros, los tiranos.

―¿Tiene usted una disciplina de trabajo como la de algunos novelistas o poetas?

―No planeo nada y carezco de disciplina. Sí, ya sé que se nota, pero así ocurre. Abomino del cuero duro en la creación, y me río de quienes dicen que escriben de ocho a doce, o de la una de la madrugada a las ocho de la mañana; ¡esas son mañas oficinescas!

―Un poema se escribe por amor, felicidad, rabia, ¿bajo qué sentimiento escribe usted?

―Hace muchos años se escribía, yo al menos, por todo. Hoy solamente escribo por amor y porque me divierto mucho haciéndolo, sobre todo poemínimos, esa formita poética que tanto irrita a cierta crítica y que tantos imitadores tiene ya, infelizmente. Digo infelizmente porque si bien todo cabe en un poemínimo, hay que saberlo acomodar.


   
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Elvira García

Nació el 25 de enero de 1952, en el D.F. Periodista. Estudió periodismo en la Escuela Carlos Septién García. En 1971 publicó su primera entrevista. Desde 1973 ha colaborado en diarios como unomásuno, La...


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