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NUEVA ÉPOCA NÚM. 126 AGOSTO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Ensayos impertinentes de Jean Franco
La pertinencia de lo impertinente


Raquel Serur
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 126| Agosto 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Serur, Raquel , "Ensayos impertinentes de Jean Franco. La pertinencia de lo impertinente" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2014, No. 126 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=780&art=16300&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Ensayos impertinentes es una colección de 16 ensayos que Jean Franco escribió entre 1992 y 2010 y que con un buen tino escogió y prologó Marta Lamas. Coeditan Debate Feminista y Océano, con un cuidado minucioso que se nota y se agradece. Felicidades a ambas instancias por esta nueva joya en su novel y valiosa colección.

Lo obvio que uno se pregunta cuando revisa este libro es: ¿por qué Jean Franco se interesa por América Latina? Y lo que más intriga es: ¿desde dónde mira Jean Franco la realidad latinoamericana? En este limitado espacio asumo el reto de intentar vislumbrar un esbozo de respuesta.

Si infancia es destino, Jean Franco, a pesar de todos sus esfuerzos por no serlo, es una inglesa que mira la realidad con pasión, curiosidad y un sentido lúdico que logra difuminar los prejuicios propios de la Inglaterra de su tiempo. Inteligente y rebelde, desde muy joven descree de las imposiciones de la sociedad británica a dos de sus sectores marginales: el de la mujer y el de la clase obrera. Su peculiar intuición le permite discernir y captar la relevancia de un momento o de un acontecimiento donde otros, ya sea por ignorancia o por ceguera, no perciben lo que ella ve o, más bien, no lo ven de la manera en que ella lo percibe. Documenta sus intuiciones con seriedad intelectual y académica y les da forma en ensayos a los que ella misma califica de impertinentes. Según el diccionario, en tres de sus acepciones, impertinente es el que molesta con sus exigencias y su exceso de susceptibilidad; el que se comporta con insolencia o descaro, de manera irrespetuosa; el que es indiscreto, inoportuno. De inmediato nuestra autora se sitúa del lado opuesto a lo pertinente, a lo “políticamente correcto”.

A Jean Franco la academia literaria inglesa de su época, con F. R. Leavis a la cabeza, quien analiza un texto literario sin hacer alusión alguna a la realidad histórica y social desde la que se produce, debe haberle resultado insoportable, ¡y con razón!

Luego de girar por Europa sale de su medio, que seguramente le resulta muy estrecho, y América Latina, como una araña ponzoñosa, la atrapa en su tela y ella gozosa se deja atrapar, sin perder su calidad de inglesa que mira la realidad. Su “enamoramiento” de América Latina le otorga un mirador privilegiado, pues le permite estar, a un tiempo, dentro y fuera.

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Es en este continente donde Jean Franco se forja una perspectiva crítica de un calibre singular, muy suyo, muy único, para ver el mundo cultural y político. Su reflexión es omniabarcante y va de “las finezas de Sor Juana” a las Madres de Plaza de Mayo; de Alaíde Foppa a “la larga marcha del feminismo”; de la Malinche a Frida Kahlo en Manhattan; “del romance a una estética de la resistencia”; “de los márgenes al centro”; de la necesidad de invadir el espacio público a la de transformar el espacio privado; de la incorporación social de las mujeres a la necesidad de inaugurar “un pensamiento político de la vejez”; de Elena Poniatowska a Tununa Mercado; de Vallejo a Paz; de la cultura y la literatura en México a la de la Argentina pasando por la de Guatemala, Chile o Brasil.

¿Por qué nos es útil la mirada singular de Jean Franco? Porque ella cree en el poder de la palabra y de la interpretación y cuando dice, por ejemplo, que “lo homosexual y lo travestido se han convertido en metáforas de la marginalización” (p. 129), nos permite percibir en primer lugar que efectivamente es así y, luego, nos hace pensar en cómo y por qué es que se han convertido en metáforas de la marginalización. Por ejemplo, el análisis literario que hace de la novela de Donoso El lugar sin límites es elocuente en este sentido:

El/la protagonista de esta novela, Manuela, representa los límites prohibidos y, sin embargo, seductores del orden paternalista, y ofrece una transgresión aparente de las fronteras de género al vestirse y actuar como bailarina de flamenco. El homoerotismo es, sin embargo, permitido en esta sociedad en tanto se disfrace, se marginalice en el burdel y sea controlado. Al mismo tiempo, el placer masculino parece derivar de la ambigüedad de la representación travesti, puesto que el macho puede tratar al travesti como a una mujer, y por tanto como abyecta. Así, el cacique obliga a Manuela a hacer el amor a la Japonesa, la dueña del burdel, como si fuera realmente “hombre”. Esta broma burda lo convierte en “padre” de la Japonesita. Un hombre que no se define como “masculino” actúa como hombre, al tiempo que simula ser una mujer que no es. Esto sólo puede suceder en una sociedad donde los atributos sociales de la masculinidad y la femineidad están rígidamente gobernados por una jerarquía de poder definida como masculina, en la cual la mujer sólo posee los poderes de la seducción y de la máscara (pp. 130-131).

Lo marginal, lo travestido en la novela de Donoso pone de relieve que lo verdaderamente monstruoso es la masculinidad hegemónica “normal”, que la novela retrata.

Los ensayos de Jean Franco quitan los velos que nos hacen ver difusa la América Latina que habitamos e invitan al diálogo, a la reflexión. En “Matar sacerdotes, monjas, mujeres y niños” nos dice que “es imposible separar lo literario de lo social, [y que] la literatura es un buen lugar para empezar a entender este imaginario latinoamericano con sus espacios claramente demarcados” (p. 117). Franco tiene a la mano una diversidad de autores a los que ha logrado poner en diálogo unos con otros, para configurar ese ojo crítico tan útil para mirar y volver a mirar la realidad que nos rodea, para hacernos ver, por ejemplo, que “la estructura misma de la casa hispánica enfatiza su carácter privado; tradicionalmente —nos dice Franco— [la casa] estaba construida alrededor de uno o dos patios, [y] las ventanas que daban a la calle estaban con postigos o clausuradas” (p. 119). Nos queda claro, entonces, cómo la división público-privado implica toda una serie de comportamientos culturales que están muy arraigados en la forma de vivir la vida cotidiana en América Latina y cómo estos rasgos culturales devienen también formas arquitectónicas.

En este mismo sentido de analizar el espacio, Franco apunta “cómo las Madres de la Plaza de Mayo, no sólo se congregaban en un espacio público, sino que empleaban su posición marginal como instrumento para reclamar la polis”(p. 21). La explicación que ella da, después de refutar a numerosos académicos por atribuir características esencialistas a los movimientos de Madres, es muy notable. La cito in extenso:

Tales argumentos ignoran, sin embargo, el hecho de que las Madres no sólo no se limitaban a actuar dentro del marco de su papel social tradicional, sino que alteraban sustancialmente la tradición al proyectarse a sí mismas como un nuevo tipo de ciudadana y, también, al ir más allá del estado y recurrir a las organizaciones internacionales. El uso que hacían de los símbolos era particularmente elocuente y eficaz. Llevaban pañoletas blancas y portaban en silencio instantáneas de sus hijos, que generalmente habían sido tomadas en reuniones familiares. De esta manera, se representaba públicamente la “vida privada” —como imagen congelada en el tiempo— en contraste con el presente, y se destacaba la destrucción de aquella vida familiar que los militares decían proteger. Las mujeres convirtieron la ciudad en un teatro donde la población entera estaba obligada a participar como espectadora, y hacían públicas tanto la desaparición de sus hijos como la de la esfera pública misma. Al hacerlo así, llamaban la atención hacia la anomalía representada por la presencia femenina en el centro simbólico de la nación, la Plaza de Mayo (p. 22).

No solamente da al clavo con su interpretación de este movimiento de mujeres, sino que lo hace de manera brillante.

Como lo muestran los ensayos que componen este libro, Jean Franco es una lectora obsesiva tanto de la realidad en la que se inscribe cada uno de los autores que lee, como de la literatura de cada región en particular. Es en el mundo mestizo y barroco de América Latina donde Jean Franco se siente a gusto, lejos del mundo que le dio origen, una sociedad colonialista, estratificada, clasista y racista. Es en esta América donde su inteligencia descansa y encuentra el reposo necesario para desarrollarse y conformar ese ojo crítico singular, mismo que se deja ver desde la elección misma de un tema a desarrollar y desde la perspectiva multifocal en que lo aborda.

Tiene esa doble capacidad de mirar la minucia, el detalle de un texto en particular, como con lupa, y de alejarse de él y mirar el todo, como si desde uno de los rascacielos que pueblan su mundo cotidiano en Manhattan ella pudiera ver todo el continente: ir de la cita precisa al texto, al autor, a su contexto literario, a su país, a su historia, a su lugar en el concierto de las naciones latinoamericanas, a su lugar en el mundo.

Jean Franco hace de lo marginal el centro de sus preocupaciones; saca la capacidad irónica de los ingleses de sus límites insulares y desarrolla una visión crítica de doble vertiente: una brillante inteligencia de gran sutileza intelectual junto con una ironía socarrona que perfilan una mirada que apunta a los márgenes de la sociedad y de la cultura.

Esto es lo que hace de Jean Franco una ensayista poderosa y original.

No quiero extenderme más. Sólo decir que nosotros, los lectores de Jean Franco, no podemos más que estar agradecidos con Debate Feminista y Océano por la indiscutible pertinencia de estos ensayos impertinentes.

 

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Jean Franco, Ensayos impertinentes, selección y prólogo de Marta Lamas, Océano/Debate Feminista, México, 2014, 256 pp.


   
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Raquel Serur

Nació en la Ciudad de México en 1949. Es licenciada en Lengua y Literatura Inglesa por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, grado que obtuvo con Mención Honorífica. Cuenta con estudios de Maestría...


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