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NUEVA ÉPOCA NÚM. 126 AGOSTO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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A veces prosa
Saludo a Alfredo Ramos Martínez


Adolfo Castañón
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 126| Agosto 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Castañón, Adolfo , "A veces prosa. Saludo a Alfredo Ramos Martínez" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2014, No. 126 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=780&art=16304&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Lira alerta. A un pintor

 

Vamos a cazar, ¡oh Ramos!,
vamos por allí;
suenan cuernos y reclamos
y ecos de jaurías; y

vamos a cazar colores,
vamos a cazar
entre troncos y entre flores,
arte singular.

Pintor de melancolías,
amigo pintor,
la perla que tú deslías
tendré mi dolor.

 

Pintor de melancolías,
deja esa visión.
Hay soles de eternos días,
Olimpo y Sión.

Vamos a cazar colores,
ilusión los bosques dan,
las dríadas brindan flores
y alegría el egipán.

El trigal sueña en la misa;
hay de besos un rumor;
y en la seda de la brisa
va la gracia del amor.

 

I

Durante una visita oficial a México, la madre del magnate de la prensa norteamericana, Phoebe Apperson Hearst, fue invitada a una cena formal cuyo anfitrión era Porfirio Díaz. Al joven Alfredo Ramos Martínez le fueron encargados los dibujos para adornar el menú de aquella cena. La señora Hearst pidió entrevistarse con el pintor; luego de ese encuentro cambió la vida del joven Ramos Martínez, pues la mecenas ofrecía pagarle una mensualidad para estudiar en París. Esta buena estrella se había iniciado cuando a los catorce años fue premiado por un retrato del gobernador del estado de Nuevo León y el cuadro fue exhibido en San Antonio, Texas. El joven pintor iniciaría en Francia un itinerario pictórico complejo que lo haría frecuentar no sólo a los pintores, poetas y escritores más destacados del momento en Europa, sino también conocer desde París a los estandartes más notables de la cultura hispanoamericana, como sería Rubén Darío.

El nombre de Rubén Darío siguió como una sombra durante mucho tiempo al del pintor mexicano Alfredo Ramos Martínez, uno de los tres artistas plásticos mexicanos que intimaron con el nicaragüense en París (los otros fueron Enrique Guerra y Juan Téllez). Ramos fue uno de los que más cerca estuvo de Darío, todavía más que Henry de Groux.

 

II

Ramos Martínez se había aclimatado en París frecuentando los medios artísticos, literarios e intelectuales de la ciudad, sometiendo su humanidad a pruebas de atletismo mundano y artístico, como consta por el testimonio personal de Justo Sierra (carta del 31 de octubre de 1900), quien se expresa con entusiasmo sobre la laboriosidad y alegría de vivir del pintor, quien seguramente le dio ciertas claves para adentrarse en aquella ciudad.

Con su oficio pictórico, que podría describirse como un refinado realismo impresionista, Ramos Martínez triunfó en la difícil capital francesa en toda la línea, pues llegó a tener obras exhibidas al mismo tiempo en dos salones oficiales de París, el de la Société Nationale des Beaux-Arts y el de los Artistes Français, circunstancia, si no prohibida, sí mal vista. Sus triunfos le costaron también al pintor que su mecenas norteamericana le suspendiera el apoyo, pues consideraba ella que él debía continuar su carrera madurando por sí mismo en ese inhóspito ambiente.

 

III

El paso por Francia sería decisivo para su formación y estilo. Ahí descubriría a los pintores de la Escuela de Port Avent, a los artistas del “primitivismo bretón” como Émile Bernard y Paul Gauguin, que contribuyeron a consolidar y dar fuerza a su vertiente regionalista, en una perspectiva estética paralela al indigenismo.

imagen
Alfredo Ramos Martínez, Cabeza de una monja, 1934
© Wikicommons

No deja de llamar la atención que mientras en el ámbito de la lírica se da una atracción por las querencias y pequeñas patrias —recuérdense las obras del provenzal Frédéric Mistral (Premio Nobel), el francés Francis Jammes (leído por Ramón López Velarde y Enrique González Martínez), el belga Émile Verhaeren (leído por López Velarde, EGM y por Francisco Castillo Nájera), el español Francisco Villaespesa (leído por Amado Nervo)—, en el de la pintura se manifiesta una gravitación hacia la inspiración telúrica y regional de los solares nativos. El ascendiente de Bretaña y de su afilada cultura regional —no hay que olvidar que por entonces era un territorio orgullosamente apartado y en cierto modo independiente de Francia— ejerce sobre la obra y el proyecto artístico de Ramos Martínez un poderoso influjo que le permitirá a su regreso entronizarse como un pintor regionalista, aunque en realidad las fuentes y modelos de su inspiración fueran europeos y, en particular, se derivan de la mencionada escuela del “primitivismo bretón”; por esta razón Ramos Martínez será, por así decir, un representante del otro cosmopolitismo y de la otra vanguardia en la medida en que en él confluye el espíritu de innovación campante a un lado y otro del Atlántico.

Pasó nueve años en Europa. Entre quienes saludarían su obra, además de José Juan Tablada, quien en 1904 habló con entusiasmo en la Revista Moderna (noviembre de 1904) de sus “Máscaras”, estarían sus contemporáneos, pintores, escritores, mecenas, espectadores: Ramos Martínez tenía algo que lo hacía enormemente popular.

 

IV

Alfredo Ramos Martínez (1875-1946) era amigo de colores, líneas, pintores, buena ropa, buenas maneras, elegancia, arte, arte al aire libre, enseñanza, niños y mujeres. Su nombre suena a los oídos entendidos como el de un maestro de maestros, un joven patriarca vanguardista, compañero de aventuras pictóricas con Fermín Revueltas, Ramón Alva de la Canal y Francisco Díaz de León, admirado por escritores como José Juan Tablada, José Vasconcelos, Alfonso Reyes.

 

V

Huelga decir que la amistad con Darío señalaba al joven maestro Ramos Martínez para que fuese él el encargado de la delicada misión de recibir al nicaragüense en México y de entregarle la carta en que Justo Sierra le manifestaba a Darío que su visita a la capital del país no se vería con muy buenos ojos en aquel momento. El pintor cumpliría su misión impecablemente haciéndola de mediador entre Rubén Darío, Justo Sierra y Porfirio Díaz… (carta de Sierra a Ramos Martínez, octubre 17 de 1910). El paso de Darío por Veracruz fue memorable y la pequeña ciudad de Teocelo alfombró con flores sus calles en honor del poeta que iba acompañado de su amigo el cazador de colores, flores y aromas: Alfredo Ramos Martínez.

Este paisaje entre mundano y político resulta expresivo del perfil poliédrico del artista plástico mexicano fundador de las escuelas de pintura al aire libre.

Rubén Darío en su excursión meteórica por México pasó a escondidas por Jalapa. Ramos Martínez acompañó al poeta “como se acompaña a un menor de edad”, dice Alfonso Reyes en “Rubén Darío en México”.

 

VI

Ramos Martínez dirige la Academia de San Carlos en dos momentos clave, primero entre 1911 y 1915 y luego entre 1920 y 1928. En 1913 funda la Escuela de Pintura al Aire Libre en Santa Anita, a la que bautiza como “Barbizón” para rendir homenaje a la escuela del primer impresionismo, del cual era infeccioso devoto. Ahí Alfredo Ramos Martínez toca una cuerda que tendrá eco.


   
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Adolfo Castañón

Nació en la Ciudad de México el 8 de agosto de 1952. Narrador, ensayista y poeta. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido gerente editorial y director de la Unidad Editorial del Fondo de Cultura Económica;...


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