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NUEVA ÉPOCA NÚM. 126 AGOSTO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La epopeya de la clausura
Remy on the road


Christopher Domínguez Michael
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 126| Agosto 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Domínguez Michael, Christopher , "La epopeya de la clausura. Remy on the road" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2014, No. 126 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=780&art=16305&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Remy de Gourmont (1858-1915), el crítico literario y narrador francés al que Ezra Pound consideraba la encarnación de todo aquello que había sido la civilización entre 1885 y 1915, está de regreso: su centenario es el año que viene. En el prólogo a su edición de los aforismos de Gourmont (Pasos en la arena, 2007) se lamentaba Luis Eduardo Rivera de que en cualquier parte del mundo sus libros están fuera de circulación. Ya no es así: acaba de aparecer en Francia La culture des idées (2008), editado por Laffont en sus Bouquins y prologado por Charles Dantzig. Se trata de una rehabilitación en toda la regla, en un tomo que incluye, salvo las Promenades littéraires, lo esencial de la crítica de Gourmont: sus escritos filosóficos, sus “disociaciones de ideas”, sus crónicas de viaje, la Física del amor (1903), que fue leidísima  hace un siglo en varias lenguas, y los panfletos sobre la guerra de un escritor a quien le costó muy caro haber dicho que no daría ni el dedo meñique por Alsacia y Lorena, las provincias perdidas por Francia en 1870.

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Rémy de Gourmont
© Wikicommons

Charles Dantzig, autor del Dictionnaire égoïste de la littérature française (2005), prosigue, en su presentación de Gourmont, con el ejercicio de esa mordacidad y ese humor que le han permitido airear aquella literatura. Dice Dantzig de Remy que fue algo más que el crítico de cabecera de Le Mercure de France. Que fue, como Gustave Moreau en la pintura, un poeta alegórico. Que fue un gramático ocupado en la propagación de las palabras. En sus tiempos, por culpa de Baudelaire, se empezó a usar para todo la palabra “místico” como hoy se usa, entre los adolescentes, “cool”. Que Remy fue el primero en quejarse de Verlaine y de Rimbaud, a quienes tenía por un par de majaderos. Qué habría pensado Gourmont, continúa Dantzig, de las personalidades múltiples que el siglo XX le ha enjaretado a Rimbaud: católico, anarquista, rockero, punk, surrealista, ultrarrevolucionario. Fue Gourmont un escritor que hacía crítica, hiriente y gracioso. Pero leyendo La culture des idées, también se nota su legado como ese gran superficial (divulgador incansable, referencia de Pound pero también de Ortega) que fue: no escribió Gourmont ningún ensayo memorable. Eso concluye Dantzig.

Puso Gourmont la nota escéptica, burlona, sexual, en una Bella Época que cultivaba el fanatismo. Se mofó de los conversos al catolicismo, que menudeaban, y de los clientes iniciados en toda la gama de ofertas del mercado espiritual. El tiempo lo ha rejuvenecido: hoy parece más un contemporáneo de Freud y de T. S. Eliot (que lo idolatraba) que una antigualla del tiempo de los parnasianos, como se le miraba hace dos generaciones.

 

PASOS EN LA ARENA

 

De Remy de Gourmont se han traducido al español, entre otros, Una noche en el Luxemburgo, Memorias de un sátiro, Historias mágicas, Física del amor (el instinto sexual). Lo tradujeron Benjamín Jarnés, Germán Gómez de la Mata, Julio Gómez de la Serna. Dejaron, en inglés y en español, páginas sobre él, Havelock Ellis, Ramón Gómez de la Serna, Alfonso Reyes, y en francés, quienes sobre él escribieron, son una legión: Apollinaire, Gide (su peor enemigo), el abate Mugnier, Aragon, André Rouveyre o Paul Léautaud, cuyo retrato de Remy de Gourmont aparece como epílogo de esta edición de Pasos en la arena. La fama del sexólogo ha acompañado a la del crítico y es bueno que así haya sido, como indisociable de su obra resulta lo poco que sabemos de su vida: que un lupus tuberculoso y las cauterizaciones con las que fue curado le dejaron el rostro horriblemente deformado, y lo convirtieron en una sombra que sólo merodeaba, por algunas pocas calles, una vez caída la noche.

A continuación ofrezco algunos de los aforismos de Pasos en la arena, en la traducción de Rivera:

† Un imbécil no se aburre nunca: se contempla.

† La mayoría de los hombres que hablan mal de las mujeres hablan mal de una sola mujer.

† El hombre de genio puede muy bien vivir ignorado; siempre se reconoce el sendero que ha seguido en el bosque. Es un gigante quien ha pasado por allí. Las ramas están quebradas a una altura que no pueden alcanzar los demás hombres.

† Poseer la verdad: pienso en esos hombres que tienen en su casa un león domesticado y duermen siempre con un ojo abierto.

† La opinión sólo es chocante cuando es una convicción.

† Los enfermos siempre son optimistas. Tal vez el propio optimismo sea una enfermedad.

† El pueblo puede hacer revueltas, nunca revoluciones. Las revoluciones siempre vienen desde arriba.

† Nietzsche abrió la puerta. Hoy entramos con pie seguro al huerto en el que, antes de él, había que escalar la tapia.

† Una afirmación perentoria hecha en dos líneas puede muy bien no ser presuntuosa: es una manera de forzar a la meditación.

† Hay una persona con la que nunca llegamos a ser completamente sinceros, aunque sepamos que nos conoce a fondo y que podemos contar con su benevolencia: nosotros mismos.

† Hay temperamentos de deudores natos. Entre ellos y el acreedor hay un muro infranqueable, un muro por encima del cual nada pasa.

† Los tiranos más terribles son aquellos a quienes horroriza la acción: esos que no derramarían una gota de sangre con sus propias manos, esos que nunca han visto a sus víctimas y las hacen suprimir fríamente como quien realiza una operación mental en la que sólo figuran abstracciones.

† Al alcanzar la celebridad, los grandes hombres se acostumbran a no cambiar nada de su aspecto. De este modo se dan la satisfacción de contemplarse bajo las mismas líneas de su futura estatua.

† Sólo una cosa distingue a los hombres de los animales, convirtiendo a la especie humana en la más feroz de toda y volviéndola, para empezar, contra sí misma: el fanatismo.

† ¡El dilitante! No hay monstruo que inspire más horror ni  más aversión a cualquier profesional y a cualquier pedante. ¿Y qué fueron, pues, los grandes hombres de todos los tiempos? ¿Eran universitarios Moisés, Homero, Esquilo, Shakespeare, Cervantes, Cristóbal Colón? ¿Qué doctor, qué médico, qué erudito podría comparárseles?

† No hay lectura más agradable que Don Quijote, no hay nada más atroz que la imitación, en un género serio, del estilo cervantino.

† La gratitud, como la leche, se agria si el recipiente que la contiene no está escrupulosamente limpio.


   
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Christopher Domínguez Michael

Nació en la Ciudad de México el 21 de junio de 1962. Crítico literario, ensayista, historiador de la cultura y novelista. Estudió Sociología en la UAM–X. Se inició en el periodismo cultural a los 18 años,...


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