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NUEVA ÉPOCA NÚM. 126 AGOSTO 2014 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Suicidio cuántico


José Gordon
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 126| Agosto 2014| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Gordon, José , "Suicidio cuántico" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Agosto 2014, No. 126 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=780&art=16309&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Gabriel Magi era un brillante ejecutivo de J. P. Morgan. Trabajaba en las oficinas londinenses del banco situadas en Canary Wharf. Terminaba muy tarde sus labores que tenían un perpetuo retraso por más que se esforzara en ser eficiente. Era un financiero con mentalidad de poeta. De pronto se quedaba observando los juegos de luces que se reflejaban en los ventanales e imaginaba que ahí aparecía la silueta luminosa del London Eye, el Ojo de Londres, la rueda de la fortuna icónica de la ciudad. Pensaba que a cada giro de la rueda se abría otro Londres ligeramente distinto, un Londres paralelo en donde variaba su historia. En ese Londres, su novia Lucy Pinkes seguía con él. Al girar la rueda nuevamente, regresaba a un Londres donde ella lo había dejado. Ya había pasado un año. Gabriel estaba profundamente deprimido. Aún resonaban en su mente las palabras de Lucy: “Eres maravilloso pero al mismo tiempo tienes un lado muy oscuro. Ya no puedo estar contigo”. ¿Cómo se puede acabar una relación de cuatro años así como así? Gabriel se vio sentado en silencio en la recámara de su departamento en pleno día con las cortinas cerradas. Eso irritaba profundamente a Lucy. Cuando entraba a su cuarto no podía soportar verlo así. Era la imagen exacta de la falta de luz que vivía con él.

Gabriel levantó la vista y creyó ver un nuevo giro de la rueda. Apareció el rostro de Verónica Strand, su nueva compañera. Reía, reían. Hablaban de su futuro, de los amigos y la familia. Él seguía, con una aprehensión que agrandaba sus ojos, las reacciones de Verónica. Miraba cómo lo miraban. Se sentía aliviado cuando veía que ella disfrutaba de su seco sentido del humor y de su pasión por la música.

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Edificio de JP Morgan en Londres
© Wikicommons

La rueda de la fortuna dio otro giro. Un contratista llamado Timothy Watsome vio desde su ventana algo extraño en la semiazotea del noveno piso del edificio de J. P. Morgan: en medio de un charco de sangre yacía un hombre impecablemente vestido. Se había arrojado desde el piso 32.

Los investigadores de Scotland Yard buscaron a las personas cercanas a Gabriel Magi para descubrir la causa del suicidio. Lucy Pinkes les dijo que Magi era un hombre muy inteligente, amable y afectuoso. Sin embargo, tenía un lado muy oscuro vinculado con su creatividad. Sus ojos eran cada vez más tristes. Ya no socializaba. Se volvió muy difícil. Odiaba la vida.

Le preguntaron si recordaba algo especial sobre su comportamiento. Lucy les dijo que Gabriel Magi tenía una obsesión por el concepto de universos paralelos y un pacto suicida de dos estudiantes de Estados Unidos basado en esa teoría. Los policías grabaron las palabras de Lucy:

Eso tiene que ver con algo relacionado con la física cuántica y el suicidio. Los dos estudiantes tenían en sus brazos unas jeringas con inyecciones letales que operaban con los números de la lotería, de tal manera que el único universo en el que despertarían juntos sería uno en el que ambos ganaran la lotería. La verdad, no entiendo muy bien eso, pero era algo en lo que Gabriel pensaba mucho. Tenía la capacidad mental de pensar sobre esas cosas, sobre las ecuaciones y la física.

Al interrogar a Verónica Strand, los policías escucharon otra versión de quién era Gabriel Magi. Se trataba de un dibujo soleado. Nunca había tenido el menor signo de depresión ni de pensamientos suicidas. Disfrutaba un espacio relativamente feliz. Pensaban tener un futuro juntos.

¿Cuál de los dos personajes era Gabriel Magi? Los investigadores revisaron los archivos de su computadora. Les llamó la atención un texto de Word titulado “Universos paralelos”. Estaba hecho de recortes tomados de las páginas de Internet. En la pantalla leyeron unos versos de Walt Whitman: “Yo me celebro y yo me canto, / Y todo cuanto es mío también es tuyo, / Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca”.

Luego venía, con otro tipo de letra y un puntaje más pequeño, un recorte que decía “El suicidio cuántico”. Los policías se desplazaron entre los signos de la pantalla:

El suicidio cuántico es una variante del experimento imaginario del Gato de Schrödinger. Originalmente, se habla de un gato encerrado en una caja opaca que contiene una botella de gas venenoso y un dispositivo con una partícula radiactiva. La partícula tiene una probabilidad de 50% de desintegrarse. Si esto ocurre, el veneno se libera y el gato muere. De acuerdo con la mecánica cuántica, mientras no se abra la caja y se realice la observación, hay una superposición de estados descritos por una función de onda: el gato está vivo y está muerto al mismo tiempo. Al abrirse la caja se actualiza una de las posibilidades. A esto se le conoce como la Interpretación Copenhague de la mecánica cuántica. Sin embargo, los físicos Everett, Wheeler y Graham se preguntaron: ¿Qué pasó con la otra posibilidad? ¿Nunca existió? ¿Sólo fue una ficción matemática? Su respuesta es que las dos posibilidades siguen existiendo a la vez, pero en universos paralelos. A ello se le conoce como la Interpretación de los diversos mundos de la mecánica cuántica.

La variante del experimento del Gato de Schrödinger llamada El suicidio cuántico, desarrollada en 1998 por el físico Max Tegmark, se trata de poner en el punto de vista del gato. Así, en una especie de caja, el felino es un ser humano sentado con un arma que apunta hacia su cabeza. El arma es manipulada por una máquina que mide la rotación de una partícula subatómica. Es una especie de ruleta rusa cuántica: cada vez que el hombre aprieta el gatillo, el arma se dispara dependiendo de la rotación de la partícula. Si gira en el sentido de las manecillas del reloj, el arma se dispara. En sentido contrario eso no ocurre. Antes de la medición hay un hombre vivo y muerto al mismo tiempo.

La Teoría de los universos múltiples plantea que cada vez que se realiza el experimento se divide el universo en dos: uno en el que el hombre vive, otro en el que el hombre muere. Así, después de muchas series de pruebas habrá muchos universos. De esta manera el hombre morirá muchas veces, pero siempre habrá un universo en el que seguirá existiendo. Desde el punto de vista del hombre, por mucho que apriete el gatillo del arma, nunca se disparará, ya que su conciencia seguirá existiendo en uno de los universos. A ello se le denomina inmortalidad cuántica.

Los investigadores cerraron el archivo. ¡Qué desperdicio de vida, la inteligencia aturde!, dijo el más alto. Tomaron el elevador y subieron al piso 32. Las imágenes del circuito cerrado de televisión revelaron que Magi había inspeccionado en varias ocasiones ese lugar. Desde ese techo de Londres, en medio de la bruma, se adivinaban los laberintos de las calles. Se asomaron a una de las orillas. El más bajito sintió vértigo. Probablemente desde ahí se arrojó y no se arrojó Gabriel Magi.

Los policías eran una de las fantasmales posibilidades de los universos que flotaban al lado de Magi el inmortal, el ojo de Londres que guiñaba con cada giro de la rueda de la fortuna.

 

***

 

Este cuento cuántico está basado en una noticia real —con los nombres ligeramente cambiados en el universo de este texto— reportada el 20 de mayo de 2014 por el diario The Telegraph en Gran Bretaña; y en las especulaciones que hacen científicos de primer nivel en torno al experimento del Gato de Schrödinger.


   
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José Gordon

Nació en la Ciudad de México en 1953. Novelista, ensayista, traductor y periodista cultural. Fue conductor del Noticiario Cultural 9:30 y del suplemento literario Luz Verde, en Canal 22. Escribe la columna...


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