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NUEVA ÉPOCA NÚM. 134 ABRIL 2015 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Me decían mexicano frijolero de Ana Luisa Calvillo


Antonio Romero
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 134| Abril 2015| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Romero, Antonio , "Me decían mexicano frijolero de Ana Luisa Calvillo" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Abril 2015, No. 134 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=788&art=16627&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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La frontera norte se ha convertido en los últimos años, dentro de las creaciones literarias, en el principal espacio para desenvolver multitud de historias de hombres y mujeres que, con la ilusión llana y popular que se le ha dado el nombre del “sueño americano”, se atreven a cruzar esa línea que en vez de ofrecer esperanza deja al azar la vida de tantas personas que buscan un futuro, sin saber cuál será el riesgo. Ser deportado es una oportunidad más de sobrevivir. Llegar y quedarse es lo realmente difícil y debería pensarse más de dos veces. Las experiencias de estos hombres que no logran hacerlo son como contar, algunas veces, el relato más cruel y crudo que se haya podido crear. Pero he aquí la cuestión: no se trata de historias inventadas en todas sus versiones, se trata de casos reales, experiencias que sólo alguien con mucho valor podría digerir desde las letras hasta su alma, cayendo en la pregunta de que si esto que estoy leyendo, realmente ocurrió o si se trata de un relato que en las últimas consecuencias quisiéramos que fuera una broma y no tuviéramos que imaginarnos tantas calamidades.

Me decían mexicano frijolero cuenta la historia de Roberto Rangel, un joven mexicano cuya travesía por cruzar la frontera norte se convertirá en la pesadilla más horrible de la que quisiera despertar. En tan sólo ciento ocho páginas de este libro podemos darnos una idea del mundo sangriento y visceral en que una persona puede vivir. Escrito por Ana Luisa Calvillo, autora mexicana quien ganó gracias a esta obra el Premio Bellas Artes de Testimonio “Carlos Montemayor” en 2013, nos trae esta experiencia de cómo el ser humano puede caer en el más bajo de los infiernos. Calvillo ha escrito también José Agustín, una biografía de perfil (1998), Pentagrama de fe (2003) y Memorias de la casa chica (2007), entre otras.

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El libro se divide en dieciséis capítulos, cada uno con la misma intensidad que el primero. Quizá uno de los más interesantes es el capítulo titulado “Padre Trampitas”. En él, Roberto conoce a un sacerdote que se encarga de “bendecir” y distribuir crack entre los jóvenes en reuniones donde el sexo descontrolado y el vicio son los anfitriones, inclusive en jovencitas con menos de 18 años de edad. Roberto no tiene otra opción más que soportar que un sacerdote se vea involucrado en la droga y con las jóvenes que frecuentan estas reuniones, justificando inhumanamente su trabajo dentro del negocio de la droga y argumentando que no hay problema pues Dios lo comprenderá tal y como es.

Algo en el libro que vale la pena mencionar insistentemente es la clase de “autoridades” (y entiéndase las comillas como un signo de desaprobación a ciertos elementos que ensucian las instituciones judiciales) que pueden regir y dominar un entorno tan respetable, sobre todo en Estados Unidos, donde la ley es más severa, y no tener en cuenta que en todos lados existe la corrupción y que por culpa de ella, están tras las rejas cientos de personas inocentes. Damián Rivas, policía del condado de Fresno, será el verdugo que meterá en problemas a Roberto, volviéndolo cómplice del narcomenudeo con tal de espiar quiénes son los principales líderes de la droga. Lo crudo de la historia es que Rivas será además la representación más mísera del ser humano. Violador, corrupto, insaciable de poder, xenófobo, homófobo, son sólo calificativos menores que se le pueden dar a esta persona a partir del testimonio relatado por Calvillo.

En una entrevista realizada para el periódico El Occidental, Calvillo menciona:

Me llegó a través de un conocido que forma parte de una organización religiosa que hace labor social en los Estados Unidos a favor de los indocumentados. Él me contó de la situación de un preso que les mandaba cartas, buscando el apoyo de alguien que le ayudara a contar su historia

Calvillo revela además que el testimonio de Roberto, por medio de las cartas, formaba un total de 948 cuartillas, las mismas que Ana Luisa tuvo que reducir para dejar apenas unas 80 cuartillas, y esto para cumplir el aproximado necesario que la convocatoria del premio exigía. Sin embargo, hay algo qué mencionar del libro y que me parece oportuno: cuando se lee, parecería que es una novela, quizás un cuento largo, a pesar de que el libro nos dice que ha sido un testimonio, porque no podemos asimilar que de verdad se trate de la vida de un joven de casi 25 años perdido en los territorios de un sistema que si de algo se ha caracterizado y a nivel mundial, es de la prepotencia con que las autoridades actúan frente a los migrantes latinoamericanos, sobre todo mexicanos.

El lector se dará cuenta de que no es tan inoportuno el tema al que se refiere. El pasado 10 de febrero de 2015, Antonio Zambrano Montes fue asesinado a tiros por elementos de la policía de Pasco, en Washington, Estados Unidos, sin que se dieran más datos de la causa, simplemente porque Zambrano los amenazó con una piedra, indican varias fuentes. El crimen fue de tal magnitud que en México y en varios estados de la unión americana, se registraron protestas para exigir justicia de un suceso del que sólo se puede decir que es un grave y claro ejemplo de lo que la policía de ese país es capaz de hacer sin tener un poco de sangre.

La pregunta es: ¿para qué enterarnos de tales actos? ¿Hay que leer algo que nos devuelva la mirada a la realidad como lo es el libro de Ana Luisa Calvillo? Quizá no nos deba dar temor leer algo como este testimonio, a final de cuentas se trata de la realidad que existe en otro plano, en unos cuantos kilómetros entre la frontera de un país y otro. La historia de Roberto Rangel es la historia que cualquier indocumentado mexicano, salvadoreño, hondureño, etcétera, puede experimentar. También habría que preguntarse, después de estos crímenes de la justicia, de estas muestras de inhumanidad por parte de un sistema que se jacta de superior e incorruptible y que suceden tanto en la obra de Calvillo y en un mundo real fuera de las letras: ¿valdrá la pena arriesgar tanto la vida por buscar el sueño americano? A veces la desgracia no puede vivir en el anonimato, y Calvillo ha logrado transportarnos a la pesadilla que un mexicano vivió en carne propia en el extranjero. Vale la pena pensarlo dos veces, antes de tomar cuatro camisas y partir hacia lo inimaginable.

 

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Ana Luisa Calvillo, Me decían mexicano frijolero (El caso Rangel), Ficticia Editorial/Instituto Chihuahuense de la Cultura, México, 2015, 108 pp.


   
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Antonio Romero

Estudiante de la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.


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