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NUEVA ÉPOCA NÚM. 137 JULIO 2015 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Requies animalibus
Sin camino a casa


Paulina Rivero Weber
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 137| Julio 2015| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Rivero Weber, Paulina , "Requies animalibus. Sin camino a casa" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Julio 2015, No. 137 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=791&art=16722&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Transcurrió muy poco tiempo entre que el ser humano inventó el hacha y la bomba de hidrógeno, y no pasó entre ambos hechos el tiempo necesario para acoplar las nuevas capacidades agresivas de la especie a nuevos mecanismos inhibidores. El resultado es un monstruo devastador que agrede a sus semejantes y violenta a los demás seres. ¿Hay manera de controlar la violencia humana?

 

Ya entrada la noche en los acantilados, el rey Lear le preguntó al ciego conde de Gloucester¿Cómo ves el mundo? Y el ciego respondió: lo veo sintiéndolo. ¿Y no acaso así debiéramos verlo todos?
PHILIP WOLLEN

 

Cuando el antropólogo Paul Ekman reveló al Dalai Lama la consideración darwiniana de la compasión hacia todos los seres sintientes, el traductor, sorprendido, detuvo la plática y pidió que le repitieran lo que acababa de escuchar. Ekman expuso cómo en The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex, Darwin explica el origen de la compasión (que él llamaba sympathy) y describe cómo algunos animales humanos y no humanos se ayudan mutuamente en casos de necesidad. El heroísmo hacia los extraños, dice Darwin, no es propio únicamente del ser humano:

La compasión más allá de los límites del ser humano, que es el humanitarismo para con los animales inferiores, parece ser una de las últimas adquisiciones morales [...] Esta virtud [la preocupación por los animales inferiores], una de las más nobles con los que el ser humano está dotado, parece por cierto surgir de nuestra compasión cada vez más sensible y más ampliamente difundida, hasta que se extiende a todos los seres sintientes.

Lo que resultó sorprendente para el traductor fue que Darwin usara una expresión clave del budismo: ser sintiente. En efecto, Charles Darwin tuvo la capacidad de ir más allá de su tiempo y dejar de hablar de seres pensantes o seres racionales, para comenzar a hablar de seres sintientes. Porque común a todos es el sentir: somos seres que, pensemos o no, razonemos o no, sentimos. Por ello el placer y el dolor, las dos formas más básicas que permean la existencia, lo viven por igual los animales humanos o no humanos.

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Grupo de cazadores, Cueva de Altamira, España
© Wikicommons

Sin embargo, parecería que la capacidad de razonar nos alejó de la capacidad de sentir, hasta convertirnos en el peor depredador del planeta y sus habitantes, y en el más cruel de los asesinos para con nuestra propia especie. La violencia que a diario conocemos, en el mejor de los casos a través de las noticias, es algo muy diferente a la agresión propia de los animales. ¿Qué es la agresión? Sin tomar partido, ni hacer menor la incuestionable aportación de Niko Tinbergen a la etología, deseo retomar el análisis sobre la agresión que Konrad Lorenz llevó a cabo en su ya clásico La agresión, el pretendido mal, donde la define de modo general como “el instinto que lleva al hombre o al animal a combatir contra los miembros de su misma especie”. A Lorenz le interesaba explicar la agresión contra la propia especie, y no la agresión entre especies diferentes.

Lorenz considera que, como instinto que es, en condiciones naturales la agresión juega un papel importante en la conservación de la vida y de la especie. Los animales agreden a miembros de su propia especie y, contrariamente a la imagen hollywoodense, en situaciones normales es difícil encontrar un animal que agreda a otro de una especie diferente. A quien pregunte: “¿Y cuando cazan, no agreden?”, Lorenz da una respuesta: agredir no es lo mismo que cazar. El acto de cazar no responde al instinto de agresividad, sino al de alimentación y a la práctica del mismo: el león no es agresivo cuando ataca, ni el perro cuando caza al pato; de hecho, dice Lorenz, están felices, como lo muestran ahora maravillosas fotografías. Para tener esto claro hablemos de lo que el padre de la etología llama “los cuatro grandes instintos”: alimentación, reproducción, agresión y huida. Esos cuatro, como cualquier instinto, tienen una causa: algo los ocasiona y son las causas las que nos explican el instinto. Cazar para alimentarse tiene como causa el instinto de alimentación para preservar la existencia. Agredir a otro ser de la propia especie tiene causas diferentes y Lorenz enuncia al menos cuatro:  

1) Territorialidad. Gracias a la agresión el más apto se queda con el mejor territorio, en donde se encuentra su alimento.

2) Reproducción. Gracias a la agresión el más apto se queda con la o las hembras y es el que procrea, lo cual es bueno para la supervivencia de la especie, pues se tendrán hijos más aptos.

3) Distribución. También por la agresión la especie se distribuye fuera de los límites en donde se torna peligrosa; con ello toda la especie gana, pues al distribuirse crece y compite menos por el alimento y el territorio.

4) Jerarquía social. La agresión también impone una jerarquía social, en la que se eligen los más aptos como alfa.

Claramente no dije “el más fuerte” sino el más apto, que es expresión de Lorenz. Él pone como ejemplo de ello el caso de los babuinos, entre quienes los jerarcas son un consejo de ancianos a veces desdentados, que si bien carecen de fuerza conocen las claves para huir del peligro. Independientemente de ello, lo que importa resaltar aquí es que el objeto de la agresión entre una misma especie no es la aniquilación del combatiente, sino competir para lograr lo que el resto de la propia especie quiere: el mejor territorio y comida, las mejores hembras para reproducirse y la jerarquía social.


   
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Paulina Rivero Weber

Nació en la ciudad de México, en 1958. Estudió Filosofía en la UNAM, donde realizó sus estudios de maestría y doctorado, ambos en Filosofía. Ha sido profesora tanto de Estudios Profesionales como de...


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