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NUEVA ÉPOCA NÚM. 144 FEBRERO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La lengua española en América


Concepción Company Company
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 144| Febrero 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Company Company, Concepción , "La lengua española en América" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2016, No. 144 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=798&art=17037&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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La lengua española muestra características comunes en las muy numerosas comunidades en que es hablada. Al mismo tiempo, existen variaciones notables entre España y América, y entre los mismos países de este continente. Concepción Company Company desmenuza algunas de las instancias que expresan la naturaleza unitaria y plural del patrimonio lingüístico hispánico.

 

I. Los algo más de 460 millones de hablantes que tenemos el español como lengua materna compartimos decenas de miles de palabras y cientos de patrones gramaticales para designar cosas, abstracciones, procesos, movimientos o relaciones, mesa, zapato, humildad, destrucción, saltar, reír, amar,, yo, hasta, te esperé desde por la mañana, no te sientes ahí, te vas a ensuciar, y un larguísimo etcétera. Ese vocabulario y gramática comunes hacen posible la convivencia y permiten comprendernos unos a otros, con mínimas dificultades, a uno y otro lado del Atlántico y en este continente, sin solución de continuidad, desde el río Bravo hasta la Tierra del Fuego. Sin duda, hablar y escribir español es un hecho integral panhispánico.

Pero además de esos miles de vocablos y cientos de construcciones comunes, hablar una sola lengua nos hace compartir una visión de mundo subyacente, y esa visión de mundo conjunta es la prueba contundente de que hablar español es un hecho integral y único y hay una sola lengua española. Pongamos un solo ejemplo. Todas las variantes del español tienen la posibilidad de hacer metáforas positivas a partir de campos conceptuales negativos. Así, un español, si algo quedó buenísimo, dirá esto está de puta madre, un mexicano dirá esto está de poca madre, la diferencia es muy pequeña: decir explícitamente, en el caso español, o atenuar, en el caso mexicano, el oficio de la progenitora. También un español, para manifestar su total aprobación de un alimento, dirá está que te cagas de bueno, y un mexicano dirá que un niño está cagadísimo si está muy bonito, y lo mismo dirá si una película o un chiste fueron buenos. La escatología al servicio de la buena vida. Y un argentino para decir que una dama está dotada de magníficos atributos físicos dirá está flaca mal, es decir, la dama en cuestión no sólo goza de cabal salud y no está anoréxica, sino, todo lo contrario, es muy hermosa. Por lo tanto, este pequeño ejemplo de metáforas comunes positivas a partir de una base conceptual negativa es muestra de creatividad común y, por tanto, de visiones de mundo compartidas, lo cual es una prueba irrefutable de que hay una sola lengua española y una visión de mundo subyacente compartida, gracias a la cual no sólo nos comprendemos, sino, más importante, disfrutamos juntos aspectos múltiples de la vida.

Pero también es cierto que hay muchas lenguas españolas, y que ese único español panhispánico es hoy pluricéntrico y plurinormativo, y lo era ya en la segunda mitad del siglo XVIII. Hay, sin duda, muchos españoles y todos correctos. De las causas de esa diversificación voy a hablar hoy.

 

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Concepción Company Company
© Secretaría de Cultura / JVL

 

II. La diversificación dialectal de una lengua es conocida en la gramática como variación lingüística o variación dialectal. ¿En qué consiste? En la capacidad que tenemos los seres humanos de llamar a una misma realidad de dos o más maneras distintas: acera en España y en algunos países de América, banqueta en la mayor parte de México, escarpa en la península de Yucatán, vereda en el Caribe insular, Argentina, Uruguay y Chile, etcétera.

Y también es variación dialectal usar una misma gramática de dos modos. Por ejemplo, concebir de dos maneras diferentes el tiempo implicado en una acción verbal: un español dirá hoy se ha casado Juan, y el resto del mundo hispanohablante, con excepción de Bolivia y parte de Ecuador, dirá hoy se casó Juan. Desde luego, la variación no existe porque sí —nada es gratuito ni redundante en la gramática—, y hay siempre sutiles pero importantes diferencias semánticas que nos otorgan identidades distintas. Para un español, lo importante es el tiempo transcurrido entre la acción de casarse y el momento de decirlo: si la distancia temporal es grande usará el pretérito simple, hace un año se casó Juan, si la distancia es breve dirá hoy se ha casado Juan. Para el resto del mundo hispanohablante, con excepción de Bolivia y parte de Ecuador vuelvo a decir, el uso de un tiempo no está regido por la distancia temporal, grande o pequeña, sino por el modo, cerrado o abierto, de concebir el hecho: si un americano concibe el hecho como concluido totalmente, usará el pretérito simple y si lo concibe como no concluido o abierto, usará el pretérito compuesto, sin importar el tiempo mismo, ni la edad ni las circunstancias temporales: Juan no se casó significa que, desde mi perspectiva de hablante americana, no le veo yo ya oportunidades de casarse al tal Juan; en cambio, Juan no se ha casado significa que, desde mi perspectiva de hablante americana, Juan tiene todavía alguna oportunidad de hacerlo —así Juan tenga 70, 80 o 90 años—. Y cuanto más al sur nos movemos en este gran subcontinente de lengua española, más pretéritos simples se usan, y por ello el ¿viste?, ¿viste? de los argentinos, casi atemporal, usado como una simple muletilla para mantener la conversación.

Y es también variación sin duda dos modos diversos de codificar o decir un mismo proceso o acción: un español dirá paso a por ti a las 12, voy a por pan, el resto del mundo hispanohablante dirá paso por ti, voy por pan. El uso de a por frente a sólo por constituye una de las pocas fronteras gramaticales absolutas del mundo hispanohablante, España frente a América. Sin duda, ambos modos son correctos, pero hay diferencias de significado: los españoles ponen de relieve o enfatizan primero la meta adonde se debe llegar, mediante a, y luego el trayecto que se requiere caminar para alcanzar esa meta, mediante por, por eso voy a por pan; al resto del mundo hispanohablante sólo le importa enfatizar o poner de relieve el trayecto, por eso voy por pan. Y hay que decir que la estructura más antigua sólo tenía por, como leemos en El Lazarillo de Tormes a mediados del siglo XVI: “Yo fui por el vino, con el cual no tardé en despachar la longaniza”. De hecho, a por es una innovación madrileña, difundida radialmente hacia la periferia peninsular. Es una construcción muy joven, ya que aparece documentada por primera vez a inicios-mediados del siglo XIX y sólo hasta el primer tercio del siglo XX se vuelve la construcción general y normativa de España. Un cambio lingüístico aceptado y generalizado en apenas 80 años sólo puede explicarse cuando se difunde desde un centro de prestigio cultural, político y social y, sin duda, la capital, Madrid, gozaba de prestigio. Dejemos esta noción de “prestigio” en la memoria, porque es muy importante para entender la diversificación y de ella nos vamos a servir en un momento.

Por lo tanto, atrás de la variación dialectal hay maneras distintas de concebir el espacio, el tiempo, el mundo en general. Y en esa capacidad de elegir entre dos o más opciones lingüísticas radica la alta creatividad de la gramática, y en esa capacidad de elegir radica que una lengua esté viva y funcionando. Una lengua sin opciones para sus hablantes, sin capacidad de elegir, es una lengua muerta, y hay que pasar por la escuela para aprenderla. La lengua, al igual que la literatura tradicional, el romancero, el corrido, vive en sus múltiples variantes.

La variación es, por lo tanto, inherente o consustancial al funcionamiento de una lengua y, desde luego, cuanto más cantidad de hablantes y amplitud geográfica tenga la lengua en cuestión, más variación habrá, más diversificación, aunque siga siendo una y general. Esa capacidad de opción suele ser inconsciente para la gran mayoría de hablantes —e incluso los buenos escritores hacen un empleo casi inconsciente, pero con un gran control y maestría, de esas sutiles opciones—. Con el transcurso del tiempo una de las opciones suele sedimentarse en un lugar y tiempo dados, otra opción en otro lugar y tiempo dados, de manera que cada una se vuelve la rutina lingüística de dos distintas comunidades de hablantes y terminan así constituyéndose normas dialectales diferentes de una misma lengua.


   
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Concepción Company Company

Nació en Madrid, España, en diciembre de 1954. Es una lingüista, filóloga, investigadora y académica mexicana  de origen español. Sus áreas de investigación son la teoría del  cambio lingüístico, la...


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