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NUEVA ÉPOCA NÚM. 145 MARZO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Actor de la música


Carlos Mapes
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 145| Marzo 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Mapes, Carlos , "Actor de la música" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2016, No. 145 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=799&art=17089&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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A Ana Castaño

 

Hubo una vez en la que todos quisimos ser tan elegantes como Bryan Ferry. Pero yo nunca tuve los suéteres que él usaba, ni sus bufandas discretas y contundentes como un peñasco a flor de agua, y mucho menos sus sacos ingleses. Ferry se vistió desde el inicio como el Elvis Presley de los años cincuenta. Heredó su principado, su espíritu, sus virtudes de rebeldía, su fuerza del rock and roll y su sensualidad; lenta voz siempre susurrante, murmullos vocativos que vuelven público lo más íntimo. Su personalidad se extendió hasta las modelos glamurosas de las cubiertas de Roxy Music. Fotos petrificadas en la memoria. Las figuras de mujer envueltas en el saxofón rugen todavía como la pantera que adorna una de sus portadas.

Bryan Ferry y Brian Eno se enfrentaban artísticamente, siempre. Cuando ambos talentos coincidían, los resultados eran grandiosos, ejemplo de ello es Do The Strand. No obstante, cuando había divergencias, Ferry cambiaba la experimentación por un sonido más suave, baladas de soulpop, efectivo cual ninguno, como en Street Life. El estruendo se fue cuando partió Eno de Roxy Music, después de grabar el segundo álbum, For Your Pleasure (1973) —el genio de los sintetizadores, mellotrones ruidosos, empezaría una larga y exitosa carrera como solista y productor (sería reemplazado por Edwin Jobson, tecladista y violinista). Pero además de Ferry estaban en el grupo John Gustafson, bajista; Andy MacKay, saxofonista; Paul Thompson, batería, y las vibraciones sonoras de la imponente guitarra de Phil Manzanera.

 

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Portada interior del álbum For your pleasure de Roxy Music

 

Roxy Music, desaliño. Quizás en la letra x, un tachón; elegancia en la música; arte en el rock; texturas y coloridos contrastantes envolviendo cada instrumento; primitivismo y frescura de rock and roll; energía rockera ultramoderna; un sonido extraño, alejado de la consonancia y la armonía; análogo al rock progresivo y, también, opuesto a este género musical; sax ruidoso; rock experimental; pop irónico, escénico. La balada y la digresión acústica adquieren sentido.

Bryan Ferry, el más grande actor de la música, nos sedujo con “My Only Love” o con los covers “Jealous Guy”, donde al igual que John Lennon se chifla a sí mismo, señal de absoluta desaprobación, al estar poseído por el sentimiento de los celos; “In The Midnight Hour” de Wilson Pickett explota la fuerza del sonido. “We live, we die, we laugh, we cry, / We know, not why”, escribe Ferry en una de las canciones más desoladoras de toda la historia del rock: “Sign Of The Times”.

Con Avalon (1982) aprendí que la intensidad está sujeta a un muro de contención, detiene el movimiento de las palabras al pie de la música, con los sintetizadores y la guitarra perturbadora de Phil Manzanera. Así ocurre en “Editions of You”. Sonido cálido, fresco. Energía que alcanzó su máxima expresión en “Oh Yeah” y, especialmente, en “Avalon”.

 

MAGA DEL ARTE

 

De temperamento similar al de Jim Morrison, Patti Smith coincide con él no sólo en su carácter provocador y rebelde, sino como cantante, lectora en voz alta de Rimbaud y creadora de poesía. Chamana de las artes, la discípula de Allen Ginsberg utilizó todas las disciplinas del siglo XX, templando los instrumentos para que se acomodaran a la práctica de la música, la poesía, la pintura y la fotografía. Así despuntó en la expresión del punk. De figura andrógina, delgada y débil —imagen clásica de Horses, que representa a una mujer joven vestida con ropa masculina—, se introduce en este género musical bajo el retrato de ella misma, simple y austero, hecho por el compañero de su vida: Robert Mapplethorpe. Esa imagen es una obra de arte, como todas las composiciones del álbum, acompañadas de las palabras que pronuncia en el comienzo de su versión de “Gloria” de Van Morrison y los Them: “Jesus died for somebody’s sins, but not mine”, fusionando punk y rock, new-wave y poesía hablada con un sonido de seda áspero, crudo, macizo, duro y sofisticado. Líneas de guitarra ruidosa de su amigo y cómplice Lenny Kaye, amplificadas, con unos cuantos instrumentos: batería de Jay Dee Daugherty, piano de Richard Sohl y bajo de Ivan Kral. Música tosca, naturalmente vasta, incitante, por su efecto electrónico —tan directa y real como la presencia y fortaleza de un caballo. Temperie hipnotizable, tañido de instrumentos como corpulentas pinceladas en un cuadro —o como los claroscuros de una fotografía.

 

¡AY DE MÍ!

 

Deborah Harry. Traje femenino en el ceremonial de estilos musicales de Blondie. Vestimenta que incita a bailar y cautiva los sentidos. Colores llamativos en sus prendas atrevidas. De figura tan pegadiza como el ritmo de su banda. Blanco de todas nuestras miradas. Solsticio sexual de la década de los setenta. Resplandor vivo de la modernidad con raíces punk y pinceladas de newwave, softrock, poprock, reggae, jazz, rap, música disco y comercial. Protagonista de un sonido estridente y lleno de irreverencia. Voz tan exquisita como su complexión física. Imagen inasible cuando al cantar parecía verter toda su grandeza en nosotros: presencia que ruborizaba. Un bombón.


   
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Carlos Mapes

Es editor y escritor. Se ha desempeñado como director de Producción de Conaculta, secretario de Extensión Académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, subgerente de Cuidado Editorial e...


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