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NUEVA ÉPOCA NÚM. 145 MARZO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Escribir Ayotzinapa


Jorge Volpi
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 145| Marzo 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Volpi, Jorge , "Escribir Ayotzinapa" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2016, No. 145 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=799&art=17091&sec=Rese%EF%BF%BD%EF%BF%BDas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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La desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, en Guerrero, la noche del 26 de septiembre de 2014, es el acontecimiento que más ha inquietado y conmovido a la sociedad civil mexicana. Como no podía ser de otra manera, ya han aparecido libros que buscan, desde distintos enfoques, explicar los aspectos más importantes de estos lamentables hechos.

 

El inicio de la historia no pudo resultar más paradójico: el 26 de septiembre de 2014, un contingente de estudiantes de la Escuela Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa tomó camino rumbo a Iguala con el objetivo de tomar —hay quien usa enfáticamente el verbo secuestrar— el mayor número posible de autobuses con el fin de transportarse a la marcha que tendría lugar en el Zócalo de la Ciudad de México para conmemorar la matanza del 2 de octubre de 1968. Del centenar de jóvenes que emprendieron la aventura, cerca de la mitad terminarían asesinados, heridos o desaparecidos al concluir la jornada. La policía no sólo los amagó y persiguió, sino que disparó abiertamente contra ellos —baleando a varios transeúntes y a un autobús del equipo de futbol de segunda división de los Avispones de Chilpancingo—, detuvo y torturó a los sobrevivientes, y a continuación desapareció a 43 de ellos: los peritos sólo han podido determinar la muerte de uno de los normalistas y, con menor certeza, la de otro de ellos.

En medio de la violencia incontrolable que ha estremecido a México desde que el presidente Felipe Calderón declarase la “guerra contra el narco”, con un saldo de unos cien mil muertos y veinte o treinta mil desaparecidos, el caso ha cimbrado nuestra vida pública como ningún otro. Las razones son evidentes: los jóvenes de Ayotzinapa son a la vez estudiantes —de allí el eco del 68— e hijos de familias campesinas de una de las zonas más pobres y rezagadas del país; y su desaparición no fue obra de criminales sino de las mismas autoridades que debieron protegerlos. Para colmo, las investigaciones han puesto en evidencia los incontables defectos de nuestro sistema de justicia: tortura, manipulación de pruebas, apresuramiento y negligencia, lo cual ha provocado que haya cientos de detenidos pero pocas posibilidades de una condena firme y, por tanto, de llegar a una “verdad histórica” como la que proclamó Jesús Murillo Karam, el anterior titular de la Procuraduría General de la República (PGR).

 

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La intervención del Grupo de Peritos Argentinos a solicitud de las familias de los normalistas, así como de los expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, no han hecho sino ratificar los fallos del expediente. A más de un año de distancia, quedan pocas dudas de la colusión del crimen organizado con las autoridades civiles y policiales de Iguala y Cocula —ciudades enclavadas en una de las principales regiones productoras de heroína—, pero no sólo seguimos sin conocer el paradero de las víctimas, sino las causas mismas de la barbarie.

Las escrituras y reescrituras de las muertes y desapariciones forzadas de Iguala se han multiplicado en las últimas semanas, desde aquellas interesadas en afianzar la versión oficial —como el documental La noche de Iguala (2015), de Jorge Fernández Menéndez, que acusa a los normalistas de estar infiltrados por el narco—, hasta las que, en el extremo opuesto, han buscado presentar la masacre como una deliberada estrategia del Estado. A la fecha disponemos ya de varios libros que intentan documentar o desentrañar el crimen, entre los que destacan La noche más triste. La desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, de Esteban Illades; Los 43 de Iguala. México: verdad y reto de los estudiantes desaparecidos, de Sergio González Rodríguez; y Ayotzinapa: el rostro de los desaparecidos, de Tryno Maldonado. Los tres ofrecen perspectivas muy distintas, pero más allá de sus discrepancias, ayudan a aproximarse no sólo a aquel 26 de septiembre en Iguala, sino al maremágnum de voces surgidas en torno a la tragedia, así como a la relevancia social, cultural e intelectual que esta ha cobrado. Así, la crónica periodística de Illades contrasta con la interpretación geopolítica de González Rodríguez y con el relato casi novelístico de Maldonado.

Cuando se publicó por primera vez en Nexos —donde su autor se desempeña como coordinador de la edición electrónica—, en enero de 2015, “La noche más triste”, el artículo que dio pie al libro de Esteban Illades, revistió una relevancia capital: por primera vez alguien se atrevía a sumergirse en el expediente  —que ahora puede ser consultado en línea por cualquiera— y a otorgarle una coherencia y sobre todo una narrativa. Sin apartarse de la versión oficial, y por desgracia sin haberse trasladado a Iguala y Ayotzinapa para contrastar las declaraciones ministeriales con víctimas y testigos, Illades ofreció el primer relato consistente de los hechos, el mismo que desde entonces no ha dejado de ser cuestionado y corregido por sucesivos investigadores (incluyendo la propia PGR). Su publicación como libro resulta, en cambio, un tanto innecesaria: complementada apenas por otros textos, sólo destaca por la entrevista con John DeHaan, uno de los mayores expertos mundiales en química forense, el cual refuerza la posibilidad de que los normalistas hayan sido incinerados en el basurero de Cocula, como concluyó la PGR, en contra de lo opinado por José Torero, el perito de la CIDH. 

Más difícil de clasificar resulta el libro de González Rodríguez. A diferencia de su impecable Huesos en el desierto, que se ha convertido en un clásico de la crónica criminal, en los últimos años su autor se ha decantado más bien por pequeños ensayos, como El hombre sin cabeza o Campo de guerra, que renuncian a la investigación directa y adquieren una perspectiva analítica heredera de Badiou o de Agamben. Lamentablemente, Los 43 de Iguala, un texto sólo más extenso que un artículo, apenas trata sobre los 43 de Ayotzinapa —el título parece aquí una muestra de oportunismo de los editores— y divaga entre explicar la violencia de Guerrero a partir de la visión geopolítica de Estados Unidos y la pasión revolucionaria de los normalistas como consecuencia de su adiestramiento revolucionario. En su parte más extravagante, González Rodríguez no se cansa de afirmar que dirá lo que nadie se atreve a decir sólo para repetir lo que todos dicen; relata una experiencia personal de tintes casi místicos en el Museo Guggenheim de Bilbao; o compara la incineración de los normalistas con el de una amiga suya, años atrás, en la Ciudad de México. Al final poco queda de revelación y nada de la “verdad y reto de los estudiantes desaparecidos”.

Más interesante resulta el texto de Maldonado. Tras escribir una ambiciosa novela sobre los movimientos de protesta en Oaxaca, ciudad donde reside, no dudó en mudarse a la Normal Isidro Burgos para tener contacto directo con sus estudiantes, los sobrevivientes de Iguala y las familias de los 43. Se trata, pues, del único testimonio de primera mano. Entreverando con habilidad los perfiles e historias personales con la crónica del 26 de septiembre de 2014, Maldonado consigue que nos pongamos en el lugar de los normalistas, explicando mejor que nadie sus condiciones de vida, sus ilusiones y confusiones sentimentales e ideológicas. No es un logro menor, si se piensa que tanto el gobierno como buena parte de la prensa, al igual que amplios sectores de nuestra sociedad han demostrado una absoluta falta de empatía hacia quienes, míreseles como se les mire, fueron víctimas de la violencia del Estado. El de Maldonado es un libro importante, cuyo mayor problema radica en su propia habilidad narrativa: en ocasiones no sabemos si nos hallamos frente a una novela —es decir, una ficción— o una crónica escrupulosa, en donde los personajes hablan y actúan sin que sepamos si el autor respeta sus fuentes o las adereza con su imaginación. Su simpatía hacia los normalistas y sus familias es explícita, pero en un caso tan polémico se echa en falta saber cuándo reconstruye los hechos y cuándo los acomoda o complementa para dar mayor fuerza a su relato. Como fuere, estos tres libros ponen en evidencia las dificultades para llegar a la verdad. Queda claro, en cualquier caso, que la historia de Ayotzinapa no se acerca siquiera a su fin.


   
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Jorge Volpi

Nació en la Ciudad de México el 10 de julio de 1968. Ensayista y narrador. Estudió Derecho y la Maestría en Letras Mexicanas en la UNAM, y el Doctorado en Filología Hispánica en la Universidad de...


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