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NUEVA ÉPOCA NÚM. 145 MARZO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La isla tiene forma de ballena
de Vicente Quirarte


Ignacio Solares
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 145| Marzo 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Solares, Ignacio , "La isla tiene forma de ballena
de Vicente Quirarte" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2016, No. 145 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=799&art=17094&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El hombre es un ser anfibio que deambula entre el mundo de la realidad y el de la imaginación. El poeta, sin embargo, es un habitante permanente de la imaginación, su verdadera patria. Una de las grandes virtudes de la literatura de Vicente Quirarte es cómo y cuánto ha estudiado el siglo XIX y nos ha creado, y recreado, la Ciudad de México de entonces, tanto como la contemporánea, por la que ha caminado incansablemente, aunque mejor deberíamos decir: por las que ha caminado incansablemente, por las tres, la del siglo XIX, la del siglo XX y lo que va de la del siglo XXI. El poeta, hay que insistir en ello, puede caminar por todo lo que recrea.

 

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Lo he acompañado a algunos viajes y en todos los sitios salía a caminar desde muy temprano —se levanta por rutina a las cinco de la mañana— y visita las casas y los cementerios de los escritores del lugar, de los que luego averigua insólitos detalles de su vida. En Providence me contó unas cosas de Lovecraft —había estado toda la mañana en su tétrica casa— que aún me estremecen sólo de recordarlas. Pero lo mismo con las casas o las tumbas de Poe, de Rimbaud o de Proust. Uno entiende su afición a los vampiros, al vampirizar así —qué envidia— a sus escritores predilectos.

Vicente es, sobre todo, eso: un poeta en la calle, como se titula uno de sus libros. Ahora, en su novela La isla tiene forma de ballena, lo hace con otra de sus ciudades —¿pero qué ciudad no es de Vicente una vez que la visita?—: Nueva York, de la que hace una recreación como pocas veces he leído. Un mapa vivo y refulgente.

“Le gustaba domesticar las ciudades, explorar el nuevo animal hasta su entraña”, nos dice en el libro uno de sus personajes. Y aquí también nos da detalles de su vocación de caminante, a través de la voz de Francisco Zarco, por ejemplo: “En las ciudades populosas suele probar bien para disipar esa pesadez del espíritu y el corazón, perderse entre la multitud, dejarse llevar de esas corrientes animadas de hombres y mujeres que se oprimen, se tropiezan, se observan y se olvidan en un instante”. Tal como, precisamente, “El hombre de la multitud” de su admirado Edgar Allan Poe, quien también es invocado en este libro.

Pero ya desde antes, en Republicanos en otro imperio. Viajeros mexicanos a Nueva York, antecedente directo del presente libro, nos mencionaba en una línea de Javier Carbonero esos “viajes religiosos y hacia el interior”. Podríamos decir: al interior de la ciudad y al interior del caminante. “Las palabras nacieron, entre otras cosas, para guardar registro de lo destruido”, escribe en uno más de sus libros, Fundada en el tiempo.

Lo quiero subrayar: uno de los mayores logros de La isla tiene forma de ballena es la recreación del espléndido marco en que sucede la trama. Porque sólo la literatura, en su mayor acepción, es capaz de impregnar a ciertas ciudades y recubrirlas con una pátina de mitología y de imágenes más resistentes al paso de los años, que su propia arquitectura e historia “reales”, reales así, entre comillas.

Bueno, pero ese caminante aterriza en uno de los momentos clave de la historia de México. En ese siglo XIX, aquí y allá, que tanto le preocupa y obsesiona a Vicente Quirarte. Quizá por ello se haya tardado tanto en entregarnos esta, su primera novela.

Aunque en sus ensayos, poemas e investigaciones y rescates literarios se pueden rastrear los gérmenes que han desembocado en La isla tiene forma de ballena: autores norteamericanos tan entrañables para él como Edgar Allan Poe y Herman Melville, los vasos comunicantes entre los dos países, la errancia y las ciudades como espacios de memoria y permanencia. Por eso, como ya mencioné, hay una obra en especial en la que ya es posible vislumbrar el sendero que desembocará en esta novela: Republicanos en otro imperio. Viajeros mexicanos a Nueva York (1830-1895), antología de textos de compatriotas que por diversas razones viajaron, vivieron y escribieron sobre la llamada Ciudad Imperio. “El siglo XIX fue el gran siglo de los viajes y los héroes”, dice. Tanto aquí como allá, es decir, tanto en México como en Estados Unidos, en esos años coincidieron hombres y mujeres que definieron el destino de ambas naciones en el siguiente siglo, y cuyas ondas expansivas siguen teniendo influencia en nuestras sociedades.

Gracias a su rigor como investigador y a su insaciable curiosidad, Vicente encontró algo nuevo que contarnos: el episodio en el cual Margarita Maza, esposa de Benito Juárez, tiene que exiliarse en Nueva York durante la Intervención francesa, así como las vicisitudes del Club Liberal Mexicano, que buscaba asegurar que el gobierno norteamericano favoreciera la causa juarista, al mismo tiempo que estaban atentos al desarrollo de la guerra de secesión que aquejaba a la nación encabezada por Abraham Lincoln.

No es casual que Vicente le dedique la novela a su maestro Fernando del Paso. La isla tiene forma de ballena es, en varios aspectos, espejo e inspiración de Noticias del Imperio. Para empezar, la recreación de los personajes femeninos. Del Paso nos regala el exuberante caudal de la locura del monólogo de Carlota, encerrada en el Castillo de Bouchout, mientras Quirarte reconstruye con sobria voz narrativa a la sencilla y humilde Margarita Maza, quien a pesar de su papel decisivo en la vida del Benemérito, nunca había recibido la atención que se merecía como personaje histórico y mucho menos novelístico. Las cartas que le envía a su esposo desde Nueva York enmarcan las andanzas del Club Liberal Mexicano, formado, entre otros, por Francisco Zarco, Juan José Baz, Francisco Ibarra, Pedro Santacilia y José Rivera y Río. Además, Quirarte recupera a dos escritores decimonónicos casi olvidados: Manuel Balbontín e Ignacio Mariscal, quien, por cierto, fue el primer traductor mexicano de Edgar Allan Poe. Pero son dos personajes ficticios los que entrelazan la historia: el capitán Arístides Bringas y el joven Sebastián Casanueva —algo así como Sherlock Holmes y su Watson—, quienes tienen como encomienda  investigar la situación de sus compatriotas exiliados y conseguir armas para enviarlas a México en apoyo a la causa republicana.

La novela, como la ballena, todo lo traga y todo cabe en su panza. El asunto es no indigestar al lector con todo lo que se quiere contar. En este sentido, contrariamente a la prosa torrencial de Del Paso, la de Quirarte es precisa y contenida. Combina con maestría, en capítulos concisos, los diversos tiempos y recursos narrativos, los diálogos y la descripción, como el gran poeta que es: Quirarte sabe el valor de cada palabra.

La novela histórica es una paradoja en sí misma. La palabra novela proviene de novedad, de noticia, y podría argumentarse que no hay nada menos novedoso que la historia, el recuento del pasado. Precisamente en esa paradoja radica el reto del novelista que elige los temas históricos, porque la recreación es una creación. La ventaja del novelista es que puede llenar con la imaginación los huecos que deja la historia. En la novela, la investigación, el dato histórico debe estar al servicio de la narración, de la trama que se está contando, y es en los resquicios de lo que no sucedió o no sabemos si sucedió así, donde radica el trabajo del novelista.

La isla tiene forma de ballena está llamada a convertirse en una de las grandes novelas sobre el siglo XIX mexicano, del que todavía hay mucho que investigar y mucho que recrear y narrar —y de caminar, diría Vicente—, pues se trata de una etapa fundamental en nuestra historia como nación. Sólo el poeta narrador vislumbra lo aún no contado.


   
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Ignacio Solares

Nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 15 de enero de 1945. Narrador, dramaturgo, ensayista, periodista y promotor cultural. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de la FCPyS; coordinador de...


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