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NUEVA ÉPOCA NÚM. 145 MARZO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Río subterráneo
La diosa de Mixcalco


Claudia Guillén
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 145| Marzo 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Guillén, Claudia , "Río subterráneo. La diosa de Mixcalco" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2016, No. 145 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=799&art=17095&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Apenas tenía nueve años de vida cuando Elena Poniatowska (1932) encontró en nuestro país un paisaje deslumbrante que la ha acompañado como una suerte de amuleto que se impregnó a su imaginario para, así, alimentar su forma generosa y elocuente de percibir el mundo

Su amor por México, más allá de que su lugar de nacimiento fuera París, se advierte en cada uno de los géneros que ha practicado en su larga trayectoria periodística y literaria. Mujer inquieta que busca retratar lo que a muchos nos perturba. Basta con revisar su obra para percatarnos de que esa intención se ha trasladado a una voluntad tenaz y efectiva de recuperar la memoria del pasado nacional, ha recurrido a la biografía ficcionada de mujeres como Tina Modotti y Leonora Carrington, quienes llamaron su atención para realizar relatos que las describen dentro de su entorno íntimo y público. Y siguiendo esta misma premisa a finales del año pasado publicó Dos veces única.

 

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En esta historia, Poniatowska escarba, sin misericordia, en la vida de Lupe Marín y de quienes la rodeaban. El primer matrimonio de Marín fue con el pintor Diego Rivera y el segundo con el poeta Jorge Cuesta, hombres que más allá de su genialidad no podían ser más opuestos tanto por el carácter como por su físico y sobre todo por su ideología.

Guadalupe Rivera Preciado fue una mujer difícil, pues poseía grandes cualidades físicas y mentales para lograr ser el centro de atención de cualquier espacio donde se parara, así fuera el mercado de La Merced, adonde le gustaba ir a palpar la verdura y las frutas para después convertirlas en guisos deliciosos que eran festinados por cualquiera que tuviera el privilegio de probarlos. De igual forma, podía transitar con toda naturalidad por el París de Breton, Picasso y Cardoza y Aragón, tan sólo por mencionar a algunos de los personajes con los que aquella joven de piel morena y ojos de color indescifrable podía compartir la mesa y la palabra.

Causaba un daño irreparable a sus más cercanos: como lo hizo con su hijo Antonio Cuesta Marín, a quien le negó el cariño maternal o de cualquier tipo. Tal vez esta y muchas acciones se explican porque la protagonista que nos muestra la autora es un personaje femenino que logra su cometido a través de un instinto casi salvaje no se trata de un personaje femenino que se sustenta por haber sido la mujer de Rivera y Cuesta, o porque posara desnuda para el primero cuando apenas empezaban su matrimonio. Ni porque el grupo de Contemporáneos asistiera a su casa en Mixcalco, en el barrio de La Merced, para llevar a cabo tertulias. De esas reuniones Marín fue hilvanando varias ideas hasta hacerlas propias. Ideas que se enfrentaban abiertamente a la cruzada nacionalista encabezada por Vasconcelos y de la que su primer esposo fue uno de los mayores exponentes como el gran muralista que exaltaba los valores de los que menos tenían.

La Prieta Mula fue una madre que derramó en sus tres hijos — Guadalupe, Ruth y Antonio— una siniestra forma de convivencia, pues para ella su familia no le despertaba ningún sentimiento afectivo. Por el contrario, estos tres niños aparecen como tres piezas de las que podía disponer a su antojo sin que nadie tuviera el temple para ponerle un alto.

Fueron muchos los años de investigación para consolidar a un personaje que cargaba con características disímiles y la autora pensó que su mejor salida sería a través de la ficción narrativa. Dado que sólo en el terreno de la ficción podría encontrar algunas de las muchas preguntas que surgieron alrededor de Guadalupe Marín, quien se apuntala como una víctima de su propia naturaleza volcánica con la que se mantuvo firme durante sus 85 años de vida.

La trama de Dos veces única se va relatando de manera lineal y así el lector descubre a ese personaje que va creciendo dentro del espíritu de aquella mujer fascinante e inmisericorde. Entre los muchos aciertos que se dejan ver en esta novela destaca la destreza de su autora, quien echa mano de todos los sentidos para equilibrar las secuencias que dan vida a su protagonista. La gastronomía y la costura son dos cualidades que posee Marín, y Poniatowska sabe esparcirlas a lo largo de la historia para ilustrar la época de un México aún joven en donde los paisajes llenos de colorido son la atmósfera ideal para que surjan las ideas de unos y las necesidades de otros. Si bien la propia Poniatowska aclara que es un ejercicio de ficción, me parece importante destacar que Dos veces única cuenta con un registro puntual de muchos acontecimientos que sellaron a los pensadores que fueron parte de la construcción de un país de grandes contrastes.

Gracias al oficio literario de Elena, la lectura de Dos veces única nos garantiza la posibilidad de adentrarnos en vidas y épocas que fueron parte indispensable de la geografía del pensamiento del México del siglo xx.

 

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Elena Poniatowska, Dos veces única, Seix Barral, México, 2015, 412 pp.


   
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Claudia Guillén

Nació en 1963. Narradora, ensayista y promotora cultural. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM. Egresada de la Escuela Escritores de la SOGEM, obtuvo la beca de Jóvenes Creadores del FONCA en...


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