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NUEVA ÉPOCA NÚM. 145 MARZO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Agend’Ars


Keijiro Suga
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 145| Marzo 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Suga, Keijiro , "Agend’Ars" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2016, No. 145 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=799&art=17103&sec=Creaci%EF%BF%BD%EF%BF%BDn > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Traducción de Cristina Rascón y Eiko Minami

 

I

 

Que exista algo inenarrable
Fue la mayor lección de las palabras.
Se anhela completar la vida con lo ocurrido en la lejanía
pero no se altera ni la distancia ni el desconocimiento.
Existe aquello que las palabras no deben decir en palabras,
ese fue su juramento más humilde.
Una gota de lluvia no puede retar al sol
un grano de arena no puede vencer al viento.
Las palabras, como gota de lluvia o grano de arena,
aceptan evaporarse y volar sin control.
Acaso habrá insectos que apaguen su sed con esa gota de lluvia
y se aferren al minúsculo grano de arena.
Somos insectos, tan pequeños.
Todos insectos, tan efímeros.
Vivimos apresados en un pequeño cuerpo y con límite sensorial,
sin narrar el mundo, tan sólo receptores de su luz y de su lluvia.

 

XIX

 

Azaleas, amapolas y dientes de león coexistían una mañana radiante y casi extraña.
En sueños suelo ver un campo de dientes de león bajo el agua.
Son necesarios varios refuge para el corazón: cuánto hacía de esa propuesta.
Se me aglomeran tantos pájaros cuyos nombres y lenguas desconozco.
Al atardecer, la cordillera occidental acentuó su resplandor como una estrella.     
De ser posible la creación y que suceda en un instante, quizás es ahora mismo.
Los tripulantes se dirigían a una playa de arena donde rompían olas de arena.
El árbol desgaja por dentro la pared de la cabaña, abre sus plumas como pavo real.
Entre instante e instante hubo un corte, quizás algo nació entre la hendidura.
Arena, arriba a la playa y construye tu propio fuerte, sé plena.
La poesía era un reminder, solía recordarnos algo.
La sintaxis del japonés absorbe como una esponja palabras inglesas, con una que otra falla.
Cuando yo fingía ser mi madre, hablaba con acento diferente del normal.
Utilizo siempre, de aquí y de allá, el lenguaje de la calle combinado a placer.
El gran problema de la gente fue no saber nombres de lugares de por aquí.
Hasta un sitio considerado vacío, está lleno de realidades, significados y ozono.

 

XXVI

 

Sería bueno llamar poesía
al instante en que la imaginación traspasa su “mundo” imaginado
—propuso una islandesa con quien estudié.
Acaso el salto aflora en dos tipos de incitación:
Uno, cuando del exterior
llega una representación nueva de la realidad (lenguaje + imagen).
Otro, cuando en mi interior
se descubre una combinación nunca antes percibida.
Lo interesante en cada caso
es que la misma imaginación casi no tenga fuerza.
Creo que la imaginación no es activa o positiva
sino siempre postura pasiva.
No podemos crear poesía
sólo descubrirla.
El poema se descubre a sí mismo, no hay más.
La imaginación que subyace se separa de sí misma y trasciende.

 

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Keijiro Suga
© Archivo UNAM

 

LVI

 

“No hay nada más detestable que ser forzado a representar un país”
—escribió Jacques a su amigo André, candidato a médico, desde el campo de batalla.
Jacques murió así, pero su nombre es parte de la historia, gracias a André.
¿Pero qué importa el nombre? Como soldado anónimo de Roma
visité Anglia, como soldado anónimo de Baekje
me escapé a Yamato, como miembro anónimo de la cruzada de los niños
me vendieron en Marsella como esclavo, como jesuita anónimo
abrí una reducción en Paraguay, como marino anónimo de un imperio anónimo
estuve anclado en Saipán y en Rabaul, como soldado de un imperio anónimo
prendí fuego al pueblo de Son My. Que la única gloria sea que mi nombre se olvide…
Hoy nos reprochan el pasado
pero sólo viví con desesperación y arrojo el día a día.
No dejé que mi corazón decidiera mis actos y con el ansia de vivir y protegerlo
me convertí en destructor anónimo.
(ahora, como “Nacionalidad”, en todo trámite señalo X
cuando se dirigen a mí, en cualquier lengua, respondo en otra).

 

LIX

 

Por mucho tiempo pensé que tierra, agua, fuego y aire,
los cuatro elementos, componían el mundo.
Pero según el Ayurveda
el mundo se compone de cinco elementos, el cielo es un elemento más.
Alcé la vista hacia el cielo con ese nuevo conocimiento
y comprendí que el cielo es también una superficie extensa de luz.
Y cualquier luz, tenue u oscura,
comienza a parecer una sustancia gelatinosa firme y densa.
Cuando aquí la luz baña la costa del mar
un cielo firme y pesado baja adonde estoy.
Aquí me quedo, inmóvil,
y enumero de nuevo los elementos que componen el mundo.
Tierra, esta región de la costa donde duerme la ciudad destrozada.
Agua, la nieve que se funde con las olas que lamen la playa convirtiéndose en lodo.
Fuego, la hoguera en las noches frías y el calor templado del sol sereno.
Viento, la ternura por la primavera recién llegada y la metáfora del tiempo que no volverá.

 

NOTA SOBRE LA TRADUCCIÓN

Keijiro Suga (Ehime, 1958) es poeta, ensayista y traductor. Surrealista, naturalista-materialista e interesado en asuntos ecológicos, entre sus libros de poesía destacan Agend’Ars (2010), Agend’Ars 2: Shima no mizu, shima no hi (El agua de las islas, el fuego de las islas, 2011), Agend’Ars 3: Umi ni furu ame (Lluvia sobre el mar,2012), Agend’Ars 4: Jisei-ron (Tratado del tiempo gramatical,2013). Especialista en literatura comparada —en específico de literatura caribeña francófona, literatura chicana y teoría literaria—, es profesor de la Universidad de Meiji. Suga fue coeditor, junto con el académico Kan Nozaki, de Palabras susurradas por la llama de una vela (2011),recopilación de poemas, cuentos y ensayos concebida y publicada después del terremoto, tsunami y accidente de la planta nuclear Fukushima en marzo de 2011. También, en respuesta a la catástrofe, participó en el proyecto de recital y teatro Ginga tetsudou no yoru (Tren nocturno de la Vía Láctea). Actualmente, es miembro del proyecto artístico Mienai nami (Olas invisibles), junto con el novelista Hideo Furukawa y el poeta Mizuho Ishida. El grupo realizó una gira en 2014 por Francia e Inglaterra con el proyecto: Olas invisibles —los escritores japoneses ante la catástrofe: tsunami, Fukushima y nuestro futuro. Dentro de su generación, es uno de los poetas japoneses más cosmopolitas, con diálogo interdisciplinario y multicultural, así como una voz activa en cuestiones ambientales.

Agend’Ars es, en palabras del autor, un juramento de escritura y de poesía donde el ser humano se funde con la naturaleza. Keijiro Suga explora la relación del yo poético con los cuatro elementos —agua, tierra, fuego y aire— y centra su fuerza en el subconsciente, la naturaleza y el erotismo. En la primera parte, Agend’Ars, cuestiona qué es el lenguaje y qué es la poesía, así como la relación con los espíritus de los muertos como seres de sabiduría, con quienes cohabita el espacio o la vigilia. En la tradición japonesa los seres fallecidos visitan a sus familiares en cierta época del año, reciben sus obsequios colocados en altares en honor a cada uno, observan y escuchan a los vivos, y les orientan. Este es uno de los varios puentes importantes entre Japón y México que plantea la lectura de este libro. En el segundo tomo, publicado en 2011, aborda con inmediatez el desastre nuclear en Fukushima, la relación del hombre con las fuerzas naturales y con sus propias creaciones. Paradójicamente, contiene una mirada hacia la propia naturaleza como esperanza. Una vez más la presencia de los muertos, esta vez como algo más difuminado, inentendible. Desolación que el individuo afronta y no comprende, como en una guerra o injusticia social. El tercer libro observa culturas originarias de regiones fuera de Japón, su mitología y migración, derivado de sus propios viajes y su trabajo con varios idiomas y culturas. Explora perspectivas humanas y comunitarias más cercanas a la naturaleza. Cuestiona la movilidad de las familias hacia universos donde su lengua, su tierra, sus raíces desaparecen o se amalgaman. Cierra esta serie en el cuarto tema (Agend’Ars 4), donde Sugaañade a sus interrogantes la relevancia de utilizar tiempos gramaticales. Juega con la forma del lenguaje mientras abre cuestiones intelectuales y sensoriales. Explota también la inmersión del poeta en la naturaleza y viceversa. El subconsciente aflora. La naturaleza narra al ser humano. Los tiempos se unen y es un solo instante. En cada libro está presente el erotismo, otra forma de comunicarse con el entorno, los cuerpos como símbolo de belleza y concatenación hacia los cuatro elementos. ¿Por qué Agend’Ars? Suga responde: “Consiste en la combinación de la palabra agente, es decir, una fuerza o persona que obra y la palabra ars, que en latín significa ‘arte’. Además, Agend’Ars contiene otro sentido, el de agenda o bitácora. Las dos ‘A’ que sobresalen son dos prominencias que convierten este nombre en una configuración geométrica, donde subyace la sombra errante de Antonin Artaud”. La matemática de la arquitectura del libro, compuesto por versos siempre de 16 versos, la explica el poeta en el primer tomo: “4x4=16, 4x4x4=64. Cuando estos doscientos cincuenta y seis poemas cobren forma con sus cuatro mil noventa y seis versos yo obtendré una respuesta determinada acerca de cómo los cuatro elementos, tierra, agua, fuego y viento, me atraviesan y transforman. Para mí, la poesía es en primer lugar una respuesta lingüística del ‘Yo’ expuesto a dichas fuerzas, una nemotecnia de sus vestigios… Estas fuerzas también fluyen en la poesía, objeto modelado lingüísticamente, y depositan en ella sus vestigios”. Desde hace más de mil años la poesía japonesa vibra ante la transformación de las rocas, las flores y las hojas de los árboles —el mono no aware: el sentimiento de las cosas, según Paz—, devolviéndonos la magia de descubrir en nuestra agenda el arte de vivir. Este libro es una muestra relevante de una poesía viva y fresca en un Japón que frente a tsunamis y tragedias nucleares posa la mirada en frutos y cuerpos, en cabelleras de mujer, en los pájaros y en los niños. Con el puente del surrealismo, la relación con los espíritus de los muertos, la presencia del erotismo y la trasgresión del lenguaje, Japón llega en el poeta Suga hasta nosotros, hispanohablantes, para acompañar nuestra incertidumbre, nuestras tragedias íntimas y sociales, para tornar nuestra mirada hacia la sencillez y la esperanza. Ya que “migrar la lengua es una forma de rebelión”, Agend’Ars es una carta de Japón hacia el mundo, una forma de decir: rebelémonos, que agua, tierra, fuego y viento nos revelen transformados y transformadores.

El proceso de traducción de Agend’Ars al español fue dinámico e interactivo entre las traductoras bilingües Cristina Rascón y Eiko Minami. Lejos de seguir el modelo convencional donde la traductora nativa del idioma brinda un borrador literal y la traductora de la lengua destino afina la versión en español, ambas colaboraron de forma conjunta en ambas versiones, tanto en el borrador literal como en la versión final, ya que ambas podían leer e interpretar los giros de ambos idiomas. En la experiencia de las traductoras, esto trajo una mayor inversión de tiempo, discusión y debate, pero el fruto es una construcción poética con el mayor apego posible a la versión original, tanto en ritmo como en contenido. El poeta Pedro Serrano fungió como revisor y consejero, para llegar a los acuerdos necesarios para las versiones finales. Agend’Ars (Cuadrivio, México, 2015) recibió el apoyo de Protrad 2015, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, para su publicación en versión bilingüe.


   
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Keijiro Suga

Nació en Ehime, Japón, en 1958. Poeta, ensayista y traductor. Es autor de la serie Agend’Ars, compuesta por cuatro volúmenes de poesía, libro que aparecerá en español, editado por Cuadrivio...


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