UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 145 MARZO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Creación   >>>   Cristina Rascón

Cuento
Vals vienés


Cristina Rascón
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 145| Marzo 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Rascón, Cristina , "Cuento. Vals vienés" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2016, No. 145 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=799&art=17104&sec=Creaci%C3%B3n > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 1

Untitled Document

 

MATERIAL EXCLUSIVO WEB

La Hija de Don Gustavo ha sido elegida Reina del Trigo. Su carroza avanza por las avenidas principales de la Ciudad. Su belleza evoca las espigas rubias del Valle del Yaqui, alta, delgada, blanca, ojos claros ahora verdes por los pupilentes. Su sonrisa sencilla gana la simpatía de adeptos y espectadores vespertinos. Los automóviles detrás de su caravana transportan jóvenes que agitan botes medio llenos de piedritas, como si fueran sonajas, costumbres vernáculas para mostrar devoción. En su carro alegórico el desierto y el Valle del Yaqui se unen de forma estruendosa, esbozando venados, trigo y cactáceas ramificadas. Estéreo a todo volumen, fotógrafos, porras… Hasta llegar al Club de Golf, zona exclusiva para gente exclusiva, jardines y áreas recreativas fuera del alcance de la imaginación de jornaleros que de casualidad hojean el periódico local en la sección de Sociales.

La Dignataria, orgullosa Cajemense, viste un traje representativo de la danza del Venado, adecuado a su escasa redondez femenina y cubierto de lentejuela dorada. La Nueva Reina del Trigo es descendiente de alemanes o austriacos o yugoslavos, no se sabe bien, pero el apellido es doble, con un guión en medio, impronunciable y aristocrático. En casi todos los periódicos cometen alguna falta de ortografía. Tiene el porte de su abuela, Doña Teresita, según mencionan, que en paz descanse. Exhibe sus joyas. Sus más allegadas amigas, también rubias y con iris de colores, la rodean, y los fotógrafos asedian con luces de superestrella, reflectores cariñosos que la volverán más blanca tras el proceso de photoshop, revelado e impresión. Abre sonrisa y corazón y se llena de esas luces que titilan delineando su pureza.

* * *

La Descendiente Europea le dice a María que el traje no va a cualquier tintorería, mucho menos a las chinas, que lo lleve con la mamá de su amiguita Leticia, porque ella sí sabe de dry cleaners, cosa muy diferente al resto de las lavanderías en el pueblo. Ella no lo hace por dinero, cómo crees, es que ella es muy activa y aunque con su marido jamás le podría faltar algo, aún así quiso iniciar un negocio. ¿Te imaginas? Los zapatos, por favorcito, lávalos tú María, por fa, tú personalmente, no se los des a Matías, que ya sé que le pasan siempre lo más difícil que por ser hombre, pero él es jardinero, cada quien está aquí para algo. Estas zapatillas son delicadas y finísimas, confío en ti, María linda. Mientras, Yajaira desprende del suave lóbulo de la joven los aretes, del blanquísimo cuello la gargantilla, de sus brazos de piel de bebé la pulsera y el anillo, y repasa cada joya con una franela. Después La Señorita se dirige a la caja fuerte y tras atinar con las yemas de los dedos cada tecla, girando oblicuas las uñas postizas con diseños de estrellas y cuadrados color rosa, deposita las piedras preciosas que generación tras generación han fluido por pieles tan exquisitas como las de La Damisela. Lo relativo a documentos oficiales y tarjetas bancarias lo verán mañana al mediodía. Yajis, mañana en la mañana diles a todos que estoy agotada, que por favor no me despierten. Yajaira es igual de morena que María y La Doncella siente debería confesar a sus dos empleadas que las mujeres, y más las morenas, se ven mejor si se depilan patilla y brazos, que el cabello color zanahoria denota tintes baratos por no decir vulgares, o como dicen sus amigas: que les cayó gasolina. La servidumbre también debe cuidar su aspecto, ¿no? Como parte de su trabajo. Pero se lo guarda, en parte porque está cansada y, total, qué necesidad pueden tener ellas de verse con clase. Seguro María es de por allá del Sur, cuando entró usaba trenzas y mandil, hasta le llegó a escuchar su lengua indígena.

 

imagen
Cristina Rascón
© Cortesía de la autora

 

La Primogénita se tumba en la cama y disfruta el ligero dolor de pies y la punzada en los oídos a causa del sonido estéreo surround que la acompañó a todo volumen tarde y noche. Observa su piel contrastando con el rosa de las uñas, última moda de dibujitos simétricos hechos a mano por Estelita, la mejor cultora de belleza de Ciudad Obregón, bueno, la más cara. Desciende el negligé de seda sobre su cuerpo, ya cansado de tensar abdomen y espalda. Se acrema los brazos, los codos, los pies, toda su sábana de piel con fórmulas granuladas que le evitarán envejecer. Da vueltas sobre la cama, suave como las nubes, y apaga la luz. Sueña con su porte sobre la pasarela, con las luces indicándole el camino a seguir, con la música y la caricia de las telas de alto diseñador. Quiero ser modelo, se dice sin escuchar su propio eco, levitando en su crisálida.

* * *

En Innsbruck las tardes son activas, nunca hay tiempo para sentarse en la terraza del dormitorio y engullirse un melange. La Mexicana dice en su pobre alemán que eso está bien, porque de tomarse un café se comería un pastel y adiós figura (en esta parte toma aire y contrae el estómago, por lo que el resto más o menos comprende de qué habla), su trabajo le costó. Pero las chicas no prestan atención a las calorías, a excepción de dos anoréxicas, también latinas, por lo que dicha actitud quedó relegada a una cuestión “cultural”. Lo mejor es esquiar, dice una de las austriacas, pero ahora en verano lo único que me importa y que puedo hacer es salir en bicicleta a tomar el sol, así que no soporto estar metida en esta escuela estúpida con niñas estúpidas. El ambiente, pues, dista de ser friendly, y mientras las clases (en especial, las de baile), llenan de orgullo a La Cajemense, los días pasan soleados y monótonos… hasta el fin de semana.

El techo de oro le recuerda a su casa. Aunque no hay techos de oro en el pueblo: se derretirían, bromea consigo misma. Pero algo hay de Obregonense en el burgués que por probar su honor fiduciario ha realizado el acto demostrativo de tapizar su techo con el metal codiciado. Así pasa los fines de semana, caminando por las estrechas callejuelas empedradas, por las de Innsbruck y por las de su memoria.

 ¿Dónde está tu ciudad? Le han preguntado las chicas de su clase, las mujeres que se parecen a ella, pero que son todavía más blancas y de un rubio espeluznante, casi fantasmas. El índice de La Provinciana recorre el Atlántico, el Golfo, la Sierra Madre y casi a punto de llegar al Pacífico se detiene. En el mapamundi no está el nombre de su ciudad. No es una ciudad grande, comenta, es como un pueblo, como Innsbruck, completa, pero ya las compañeras han girado la vista hacia otro lado.

Busca su pasaporte y no dice Ciudad Obregón sino Cajeme, la denominación de origen es por municipio. La palabra Cajeme tampoco está impresa en el globo terráqueo.

Así que no existe. Su lugar de origen no existe, pero qué broma… Las calles empedradas de su memoria han sido tragadas por una imagen borrosa. En cambio los cerros de Innsbruck son reales, tangibles como campos de golf bañados de rocío tras la ventana. Las montañas de Innsbruck están aquí, las calles, la lluvia y los trenes, los caminos hacia avenidas desconocidas, cuyos nombres existen, pero que no sabe pronunciar.

* * *

Se solicitan modelos, blancas, rubias, muy pero muy delgadas, para fines no comerciales. Para fines no comerciales… ¿No será pornografía? Las chicas ríen. Claro que no, eso es ilegal, cómo crees que en la escuela difundirían algo así. Debe de ser un cortometraje, algo de arte. Para probarlo varias chicas envían su CV en cinco líneas, una fotografía de cuerpo entero, otra de rostro tres cuartos, una más para archivo, tamaño infantil. La Pueblerina también.

Felicidades, dicen las otras con envidia: ¡Te aceptaron! Mascullan con incredulidad, deseando que sí sea pornografía, sospechando. La Sonorense decide entonces quedarse tras el Summer School, disfrutar de las luces de Viena y de la Kärntner Straße, de las pasarelas y las tiendas de alto diseñador, que aún no lo saben pero tendrán su belleza para promocionarse. A sus padres sólo les dice que extiende su estancia para pasear. Ellos no entenderían lo de trabajar.

La Extranjera renta un cuarto en una pensión de lujo, o al menos eso cree ella, pues es tan cara y cerca de la naturaleza, a orillas del Danubio, a escasos minutos de la música de la Ópera and the downtown city lights. La mujer de la pensión la ve con ojos de Sospechosa, de Ilegal… La Inmigrante demuestra su nacionalidad pasaporte en mano y sólo recibe cuestionamientos: ¿de dónde eres realmente, de dónde es tu familia?, tu apellido no es español, no mientas. Está a punto de contestar soy de Ciudad Obregón, Sonora, México, mi apellido es compuesto porque incluye el de mi abuela, que es de aquí, o de no sé qué lugar cercano a aquí…  pero recuerda que esos nombres tampoco están en ningún mapa y calla. Malditos yugoslavos, dice la mujer en alguna forma de alemán que La Sospechosa apenas entiende. La vieja extiende la mano, la joven deposita el dinero y recibe las llaves.

Una vez en el centro de la ciudad, frente a la Stephansdom, La Principiante hace fila con otras candidatas, treinta bellezas que podrían ser sus primas y cuyos nombres últimos, campanadas en el oído, suenan parecidos al suyo. ¿Dirección? La Invasora muestra la tarjeta de la pensión, la recepcionista busca en el mapa, hace unas llamadas. Esto debe estar del otro lado del Danubio, dice a su colega, esta zona no está en el mapa de Viena. Esta pensión no existe, dice la otra. Ha de ser inventada, escucha una voz, ha de ser Ilegal. La miran de arriba abajo. La Fuereña muestra un mapa de la estación del tren, su dedo recorre la línea y, en efecto, el área de la magnífica pensión no está dentro del papel plastificado entre sus manos, no existe.

* * *

A mi ciudad se la tragó el agua, como a los pueblos bajo las presas y los ríos, se la tragó el Atlántico.

—Lo siento, ya no hay itinerarios de vuelo a la zona más cercana a esa ciudad que nos solicita.

El verdadero viaje es el que nunca comienza: retornar. De encontrarse con la infancia no podría reconocerla, mucho menos habitarla. Curiosamente, tan lejos de quien creía ser, ahora se siente auténtica. A su padre, de apellido inescrutable, tiene la certeza de no idolatrar; a su madre, de no creerle más. A su tierra ha de volver pero sabiéndola fantasma, espejismo de la memoria, etereidad; podría ir a pasar la noche a su pensión en el Neue Donau (si es que existe) pero sabe que no la necesita. Ha entendido que puede descansar en cualquier parte, de querer hacerlo, que en realidad se está de paso, siempre, en cualquier lugar, que ningún lugar existe una vez que lo abandonas. La Viajera ha comprendido que sólo el presente tiene forma, la catedral gótica frente ella es una enorme mandíbula que le aplasta. La memoria no existe, la certeza ha quedado bajo el agua en un río de lenguaje exótico al sur de la frontera de México y Estados Unidos.

* * *

Austria es mi abuela.

La investigación cesó cuando nos dimos cuenta de que la familia de la familia de la familia de mi abuela era de otra parte, de una parte non grata, de un lugar más allá de la frontera de las buenas costumbres. Esto es otra cosa, dijeron las voces nocturnas de la gente mayor. Tal vez gitana, como Yesenia, pregunté entusiasmada y me dijeron no, ni se te ocurra repetirlo y cortaron el árbol genealógico justo ahí: en el escudo de un rostro ario.

* * *

Austria es una niña musulmana con velo rosa cubriéndole el cabello
calcetas arco iris en sandalias baratas                  McDonalds en mano
Austria es una mujer leyendo una revista en caracteres chinos
jóvenes morenos corriendo para entrar al último vagón del último tren de la última noche del fin de semana
un africano en bata turquesa gritando en Swahili 
Austria es the UN City, una maquila gigante con obreros de traje
una paloma aleteando como todas las palomas
un checo golpeando a su esposa rusa por ser demasiado pretty a la mitad del parque
un suburbio across the Danube,
people from every race in the world, from every language
—But they are not Austrians —say the Austrians—
Those people across the Danube…
—You need your passport to get into that zone —that kind of jokes…
una polaca teñida de rojo hace gestos de fuchi a la gente del tren
una mujer que les observa sin saber quién es
sin atreverse a decidir
quién es
Austria explodes in my brain in my heart in my whole history in my last name

but I feel at home here, because there is no home
I am melting in this place that does not exist
 where life is as hard as it gets as beautiful as it can be
escucho la música del Islam Zentrum en mi jardín
los pájaros      la risa de los niños       su lengua universal
no me gustaría estar ahora mismo en otro lugar
menos del otro lado del Atlántico, allá en mi Time Zone
no
no en mi cama suave como las nubes, la eterna crisálida
no
no en mi otra yo

* * *

Sí, ella fue la elegida, una vez más recibió la llamada y esta vez ha sido la número uno de la lista de finalistas. Un fotógrafo profesional le habla en un alemán que no entiende, una mujer cargada de espejos y paletas de maquillaje le mide las facciones, una modista le toma la cintura mientras alguien le dice éste es el Presidente de su hiring company y el hombre la ve directo a los ojos, mientras le dice Prost y beben un vino hecho de las frutas del huerto local. Todo fue tan rápido. Le subieron el zíper de un vestido rosa de algodón, abotonado hasta el cuello y con mangas infladas, le recogieron el cabello y le cortaron tupé, le pusieron un mandil blanco y le quitaron las joyas generacionales. No, niña, para modelar en Mango o en Zara, no se diga en Vogue, tendrías que ser más morena, más exótica, pelirroja quizá, tono cobrizo, ve a la chica del nuevo perfume de Dior, negra, bronceada, peinado de rizos tono casi naranja… Este look conservador que tú traes es más bien de inmigrante, tú sabes, cierto tipo de inmigrante. Así, así, gritó el fotógrafo y ella se dejó hacer, luego la maquillista invirtió mucho más tiempo en un ojo que en otro y al verse al espejo no podía creerlo, se llenó de lágrimas.

Así, así, gritó el fotógrafo, llorando es perfecto, giraron las luces a rosa y azul, perfecto para la Campaña. Pero, dime, ¿tu apellido es Checo o Yugoslavo? En sus manos un cuchillo (rosa), una cebolla (azul), un tomate (rojo, como en la infancia, que ya no sabe si fue en México o en Bratislava); en la escenografía una cocina y un portarretratos (con la otra ella, mirada simétrica, junto al presunto esposo, el que se quita el traje detrás de unas luces traidoras que la desnudan de posibilidades).

El Presidente paga la cuenta, la toma del brazo; ella quiere negarse pero no alcanza a decidir qué mujer es ella, si la del otro lado del Danubio o la del otro lado del Atlántico; el hombre le abre la puerta de cristal hacia la calle, observa el par de piernas que podría llevar a una pasarela o a su cama, le abre la puerta del coche hacia otros presentes de otras ellas. Le pregunta si la puede volver a ver. La Buscaempleo se siente mareada. Se observa a sí misma, de pie, frente a una cabina oscura, llena de luces pequeñas que titilan delineando música y mapas (que sí existen, allí, ahora, que delinean su pureza ya casi olvidada). Es perfecta, dice el hombre al teléfono, toda una eastern, de ésas que siempre salen golpeadas, que vienen a eso, a casarse, ya sabes, que son medio flojas y muy enojonas, su look es entre rusa, polaca y yugoslavian y sin embargo distinta, she is like a cocktail, yes, like a cocktail. El corazón de La Modelo galopa sin descanso, sube a la cabina y acaricia el asiento de piel con la pantorrilla. Que digan lo que quieran, pronto verán su figura en todos los espectaculares de la Viena más codiciada, en los puntos más álgidos de la mercadotecnia, así había dicho el director de la Campaña, quien ahora la observa como si ella tuviera el poder de contratarlo a él para cumplir su sueño de la infancia. La Cocktail Girl es todo un éxito, sección entertainment del Oisterreich Diary, puedes verla en cada estación de autobús y tranvía, carteles tamaño natural, casi dos metros, con la mujer extranjera y su ojo edema: Di No a la Violencia Doméstica.


   
    subir    

Cristina Rascón

Nació en Sonora en 1976. Escritora, economista y traductora literaria. Autora de los libros de cuento El agua está helada, Cuentráficos, Hanami, Puede que un sahuaro seas...


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés