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NUEVA ÉPOCA NÚM. 145 MARZO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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El Alba del Ocaso


Jenny Asse Chayo
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 145| Marzo 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Asse Chayo, Jenny , "El Alba del Ocaso" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2016, No. 145 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=799&art=17106&sec=Creaci%C3%B3n > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Para Iker y Maky, por el mañana

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Carne de fuego es el amor, ventana sagrada desde donde mirar al mundo en tempestades, bajo los cedros rojos, cuando no hay más que dejarse caer en las redes que ha tejido la araña de fuego en el corazón, virgen del sentido de todo lo creado. Desde el silencio añoro el ritmo del saber que se despeña, el loco rugido del despertar humano, cuando lo humano ya no alcanza, y lo divino se adueña de las almas por amor. Largo exilio de las almas que llegan a su sitio, en los cuerpos sagrados, donde esperan ver la resurrección de un dios que ha muerto en el oscuro despertar de un pueblo herido. Mil veces se derrama su sangre entre las zarzas, mil veces entre espinas, caídos todos de la gracia. Tránsito oscuro de la diosa blanca: virginidad impasible de la Madre Santa: la que aúlla en el nombre de sus hijos muertos María desterrada.  Desde el nombre del estío caigo en esta lucha mil veces silenciada por la ignorancia: y es mi nombre de otro pueblo y sin embargo es también de este Oriente.

Aquí en México, se funden todas las heridas, y vienen a volcarse amargas, los niños inocentes caminan con los globos de los reyes magos, mientras a unos metros un hombre apuñala a otro: carne del grito abandonada: sed y espina mil veces derramada.

Vientre de Luz bajo el silencio: la madre universal retorna: la que llora por sus hijos al pie de la cruz, mientras la estrella de David brilla en el cielo a miles de kilómetros distancia en tierra Santa, fulgurando el nombre de todo lo perdido, tránsito del alba.

 

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Jenny Asse Chayo
© Cortesía de la autora

 

Tránsito del fuego que se convierte en agua, y el agua fecunda la tierra: lágrimas de sangre hay en la historia: un suspiro amargo en el rostro de los siglos.

También el llanto está manchado, ríos rojos como el Nilo de Egipto que en sangre se convierte y el agua sin sus peces anhela otra vez la transparencia. Plagas oscuras redentoras; concepción de lo inevitable: Dios participa en la historia, invisiblemente, detrás de todo lo creado llora Su universo de luz que se desgarra.  Fragmentos Babel sobre Fragmentos: Tramo del sepulcro que han de atravesar los que están vivos, para renacer al Tiempo limpio. ¿Dónde están los signos de la aurora? ¿Dónde el instante del porvenir que nos azuza?

Se abren los mares perseguidos por el espíritu de la sombra: los caballos del apocalipsis: los jinetes faraónico nos persiguen.  El tiempo aterra: y no hay nada que pueda yo apresar más que el silencio: en aguerridas horas el destino del mundo me con/mueve.

Mujer: tras la ventana sagrada escucho los anhelos y los gritos entrelazados: lumbre en la espaldas del alba: lumbre en los siglos vespertinos: lumbre en los árboles del ocaso, lumbre que enciende todas las zarzas en un grito.

Ahí donde el silencio nacerá la Luz: mis pueblos siempre han estado unidos, trenzados por la historia de la lucha y el exilio:

Pertenecer a una tierra no es posible, cuando la tierra llora: La lengua y Dios nos unifican: hebrea y castellana: ancestral pacto de los signos: letras sagradas en el borde de todo lo que ansío:

La luz es un Tiempo aparte. Habremos de amanecer en el silencio, cuando ya las horas dejen de importarnos y un ideal común nos haya convertido en otros: Paz y libertad sin sangre: El bramido de los mares nos ayudará en la lucha: un vientre de agua donde renazcan mis dos pueblos, nuevamente: como hace tres mil trescientos años: bajo la ruta de Moisés: príncipe esclavo expulsado del vientre de su madre, por una amenaza de muerte, príncipe huérfano que lo abandonó todo por salvar a un pueblo esclavo de manos del poder de Egipto.

Es el amor un grito de agua, pueblo, las madres comienzan la batalla: ellas son la luz ahora, el retorno de las Evas redimidas:

Java/yha: El arquetipo de la mujer bajo un cielo despejado retorna:

Luna llena en los cielos, luna blanca; luna que asombra por su pureza latiendo contra las tinieblas de la noche.

La noche misma tiene grados, oh Dios de nuestros padres y nuestras madres ¿en qué grado, de la noche estamos? ¿Con qué nombre llamar la oscuridad que se cierne entre los pueblos?

Es el amor un grito de agua: hambre hay hambre en aquellos que son justos, en los que trabajan todo el día hay hambre: la justicia verdadera comienza con un trozo de Pan.

Silencio en los montes y en los abedules: Popocatépetl.

Silencio en las ruinas de los aztecas, pirámides de Sol y Luna simbolizando el eclipse de Dios.

Bajo la sombra aciaga, a ciegas, reiremos blancos, si el águila logra vencer a la serpiente de una vez por todas, y en los palmos de una nueva Luz sefirótica, luna verde y colorada, re escribimos con inocencia nuestra historia, no ya por el pasado, no ya por los que habitan cárceles sobre poblando la maldad contagiosa. No ya por los que corrompen a los jóvenes en vilo, y la pureza de las almas: sólo por nuestros niños, sólo por el futuro de la sonrisa blanca, sólo por la tez morena profunda y silente, sólo por la fe del que no sabe pero en su fe confía. Por el rostro de Iker y Maky, palpando las estrellas con su globo anaranjado, mientras el caos y el miedo habitan en las calles, en los zócalos, en los centros donde no hay nada más que el deseo de un pueblo de ser lo que son, de retornar a sus orígenes con la verdad de su arte. Manos de luz en este pueblo brillan, manos de amanecer del artesano que coloca las piedras correctas en el lugar preciso, desde la piedra de la aurora, desde la LUZ de otros tiempos, ruego porque este pueblo ría en su anhelo y los parques desenterrados de las almas, crezcan para todos.

Ruego porque todo cambie y nada sea distinto a como fue en los principios, cuando mis abuelos llegaron a este suelo desde Siria, poblados con sus ojos llenos de preguntas, sus manos azoradas de misterios, huyendo de la pobreza y del maltrato, buscando sembrar pan y obtener alimento en suelo blando.

Cuánto amor cuesta la libertad, cuánto viaje, el llamado de los hijos y cuanto retorno el grito de los ancestros. 

Ruego porque Anna no tenga miedo de andar con sus hijos en las calles, porque una pesadilla le advirtió que le podían robar a Maky. Ruego porque el alba no me aterre: Madre oh madre, ruega tú por mí porque yo soy todos ellos, Estrella del Oriente, en tu raíz, se nombran todos los anhelos, seis picos al alba, estre/mecerán dos pueblos: al que habita en la lejanía de un verso, al que está en mi corazón disperso y fragmentado y al que está aquí, en la tierra que ando todos los días, en la lengua sagrada de mi poesía, en el Suelo del árbol del Tule, en este jardín sagrado donde los caminos se bifurcan y confluyen en el Dios que diferencia entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad para que renazca la paz en el Centro de las lenguas del desierto.


   
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Jenny Asse Chayo

Nació en la Ciudad de México en 1963. Poeta. Estudió la licenciatura en Letras Latinoamericanas en la Universidad Iberoamericana, así como cursos de maestría en pensamiento judío en la Universidad Hebrea de...


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