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NUEVA ÉPOCA NÚM. 145 MARZO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Henry Miller
Luz en tiempos de sombras grises


Guillermo Vega Zaragoza
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 145| Marzo 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Vega Zaragoza, Guillermo , "Henry Miller. Luz en tiempos de sombras grises" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2016, No. 145 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=799&art=17118&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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En estos tiempos de crepúsculos y sombras grises, de pornografía light para adolescentes fascinadas por el fulgor de vampiros melifluos, y de amas de casa deseosas de sadomasoquismo sin consecuencias, es refrescante acercarse una vez más a la obra de Henry Miller (1891-1980), sobre todo ahora que la editorial catalana Navona ha concluido la publicación de un puñado de sus libros antes inconseguibles en español: Una pesadilla con aire acondicionado, El puente de Brooklyn (ambos ya habían sido publicados hace años en Argentina por Editorial Siglo Veinte); Leer en el retrete (que en realidad es un capítulo de Los libros en mi vida); e Inmóvil como el colibrí (este sí una verdadera novedad en nuestro idioma), recopilación de ensayos diversos aparecida originalmente en 1962.

Si en verdad pretendemos conocer a Henry Miller a través de su obra, debemos tomar en cuenta que se trata de un artista genuino, un escritor que se autocalificó como “un lobo solitario” y “un pene que piensa”, quien tuvo las agallas de escribir palabras como estas:

 

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Henry Miller en 1931
© Wikicommons

 

“Éste no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del Arte, una patada en el culo a Dios, al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza... a lo que os parezca. Cantaré para vosotros, desentonando un poco tal vez, pero cantaré. Cantaré mientras la palmáis, bailaré sobre vuestro inmundo cadáver...”.

Y este es apenas el comienzo de su primer libro, Trópico de Cáncer, publicado en París en 1934, pero cuya edición fue prohibida durante años en Estados Unidos y autorizada por fin hasta 1961.

¿Quién fue este autor norteamericano, nacido hace 125 años, que para muchos sigue siendo motivo de escándalo? ¿Un genio, un maniaco sexual, un pornógrafo, un santo? ¿Todo eso junto? Son múltiples los ángulos a través de los cuales se puede analizar la obra y la vida de Henry Miller, pero es uno, quizás, el que sobresale por encima de los demás: la cuestión de la obscenidad, que es la que sigue provocando la ira de las “buenas conciencias” en muchos países, pero sobre todo en su propia patria.

“Estoy por la obscenidad y en contra de la pornografía”, dijo el autor de la trilogía “La crucifixión en broma”: Sexus, Nexus y Plexus. “Para mí lo obsceno es lo honrado, lo directo, y la pornografía lo desviado, lo indirecto”, y explicó: “La obscenidad es un proceso de purificación, de limpieza, mientras que la pornografía sólo agrega mugre y lobreguez”. Para algunos gendarmes de conciencias, todo lo que parezca obsceno merece ser prohibido y castigado. Se dio el caso de que Miller, una de las plumas más brillantes y prolíficas que ha dado Estados Unidos, tuvo que emigrar a Europa para hallar un ambiente propicio que le permitiera desatar su creatividad, encarcelada por la intolerancia e insensatez del American way of life, pero una vez que pudo dedicarse libremente a la escritura y publicar Trópico de Cáncer a los cuarenta años, nada ni nadie pudo pararlo: “No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, seis meses, pensaba que era artista. Pero ya no lo pienso. Lo soy”.

Pero esa no fue la única batalla que tuvo que librar. Más adelante, en 1957, el fiscal general de Noruega ordenó confiscar, por considerarla una obra “obscena”, todos los ejemplares de Nexus existentes en las librerías del país desde hacía nueve meses atrás. Miller apeló a la decisión judicial con una “defensa de la libertad de lectura”. Ganó el juicio y el libro circuló.

Quien se acerca a sus libros no puede permanecer impasible: o se le ama o se le detesta. Por eso no es raro que siga provocando las más disímbolas reacciones. Tan sólo tómense en cuenta dos ejemplos: Genio y lujuria. Henry Miller, de Norman Mailer (Grijalbo, 1979), que buscaba ser un complemento de la antología de textos de Miller realizada por su amigo Lawrence Durrell, y el ensayo de Kate Millett incluido en su libro Política sexual, el llamado “manifiesto feminista”. Mientras Mailer desborda su pasión y admiración incondicional por la obra y la vida del autor de Primavera negra, Millett somete a un implacable e ideologizado análisis algunos pasajes de los libros del autollamado “escritor gánster”; no obstante, la ideóloga feminista no puede negar la admiración que le causó el vigor y la libertad de la obra de Miller, siempre y cuando no se atravesara por ahí el hecho de que “su ideal como mujer sea una puta”.

Resulta interesante constatar que, a pesar de que conforme pasan los años algunos pasajes de los libros de Miller parecen haber perdido algo de su fuerza y brillantez, buena parte de su obra mantiene una vigencia y frescura impresionantes, sobre todo sus reflexiones sobre la escritura y el destino del hombre “civilizado”. También llama la atención de que, a pesar de que ha sido constantemente vituperada, condenada y proscrita, durante mucho tiempo la obra de Henry Miller no fue lo suficientemente analizada como lo merecía, dada su extensión y amplitud temática, aunque el italiano Guido Almansi lo llegó a considerar en su libro La estética de lo obsceno (Akal, 1977) como “un importante escritor pero un pésimo novelista”.

En el caso de México, Miller llegó casi al mismo tiempo que se autorizó la circulación de Trópico de Cáncer en Estados Unidos. Uno de los primeros en leerlo y admirarlo en su idioma original fue Juan García Ponce, quien lo descubrió durante un viaje a Nueva York. A su regreso, se dedicó a divulgarlo: en marzo de 1962 dictó una conferencia en la Casa del Lago como parte del ciclo Clásicos del Siglo xx (la cual sería publicada en la edición del mes siguiente de la Revista de la Universidad de México. Se puede consultar aquí: (http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs_rum/files/journals/1/articles/7987/public/7987-13385-1-PB.pdf). Dijo entonces García Ponce:

Hay dos clases de artistas: los que aceptan la realidad que les ha tocado vivir y se limitan a recrearla, y los que intentan cambiar esa realidad, transformar el mundo. Henry Miller pertenece a este segundo grupo. Su obra es, en parte, una protesta terrible y apasionada contra las formas de vida que ha creado nuestra civilización. Pero Miller no sólo protesta, sino que además presenta soluciones, intenta mostrarnos el camino que puede llevar a una vida más completa, más verdadera y, por tanto, más feliz.

No cabe duda de que la obra de Miller es una de las fuentes decisivas de las que abreva la literatura de García Ponce. Tan sólo tómese en cuenta el gran salto existente entre una novela hasta cierto punto anodina como La casa en la playa y la perversidad y vitalidad de La cabaña y sus libros posteriores como Crónica de la Intervención.

Durante años, de no haber sido por las ediciones españolas de Bruguera y Alfaguara, la obra de Miller sería mucho menos conocida en los países de habla hispana, ya que buena parte de sus libros permanecían sin traducción y otros, como los publicados por la editorial argentina Siglo Veinte, eran prácticamente inconseguibles. Ya en este siglo han aparecido, entre otros, la reedición de Big Sur y las naranjas de El Bosco (Edhasa, 2010) y sus cartas selectas con el editor James Laughlin, publicadas en México por Textofilia Ediciones en 2011.

Henry Miller fue precursor en muchos ámbitos. En cuanto a técnica literaria, se anticipó a los movimientos surrealista y dadaísta, pues, como dijo alguna vez, descubrió que “la mejor técnica era no tener técnica”. En cuanto a la temática, preparó el campo para el movimiento de liberación sexual que contagió a los jóvenes norteamericanos en la década de los sesenta. Muchas cosas que los hippies hicieron pensando que era algo nuevo, constituyeron la pauta de vida de Henry Miller a principios del siglo XX.

Las generaciones más recientes entraron en contacto con su vida y su obra pocos años después de su muerte, ocurrida en 1980, gracias a la publicación del volumen de las cartas que intercambió con su amiga y amante Anaïs Nin (Una pasión literaria. Correspondencia [1932-1953], Siruela, 1991), así como de Henry Miller, su mujer y yo (Emecé, 1988), que incluye las partes no publicadas anteriormente del monumental Diario de Anaïs Nin, en las cuales relataba la tormentosa y fascinante relación que sostuvo con el escritor neoyorquino y su segunda esposa June Edith Smith, compañeros de viaje en sus andanzas parisinas, durante la primera mitad de los años treinta.

Cuando eran escritores más bien prometedores que consumados, Henry y Anaïs se conocieron en París, en 1931. Ella, de 28 años, era esposa del banquero Hugh Parker Guiler. Después de varios encuentros, cartas, charlas en los cafés parisinos y almuerzos en la casa del matrimonio en Louveciennes, se enfrascaron en una apasionada relación amorosa y literaria. Se compartían y comentaban lo que escribían y Anaïs se convirtió en benefactora de Miller, quien apenas tenía dinero para sobrevivir y andar de putas, pues estaba convencida de la validez y la importancia del talento de él. Tiempo después, June viajó a París para visitar a Henry y Anaïs quedó deslumbrada con su misteriosa belleza. Miller se molestó al enterarse de la relación entre las dos mujeres y rompió con Nin, aunque luego se reconciliaron y siguieron su amistad hasta la muerte de ella en 1977.

Anaïs escribía su diario desde niña, como consuelo por el abandono de su padre, el pianista Joaquín Nin, pero fue Miller quien la impulsó a incursionar en la ficción. En 1940, un coleccionista de libros le ofreció a Henry cien dólares al mes para que escribiera cuentos eróticos, pero luego de varios intentos el cliente no quedó satisfecho con los relatos de Miller y este le pasó la chamba a Anaïs. El coleccionista quedó fascinado con las historias que ella inventaba y cada vez le pedía más. De aquel trabajo a destajo surgieron dos libros: Delta de Venus (1977) y Pájaros de fuego (1979), quizá los volúmenes más conocidos de la narrativa de Nin, sin contar su monumental Diario.

La historia del apasionado trío fue llevada al cine en 1990 por Philip Kaufman bajo el título de Henry and June, con las actuaciones de Fred Ward como Henry, Uma Thurman como June y la impresionante (por su parecido y belleza) actriz portuguesa Maria de Medeiros como Anaïs. Sin embargo, el arte y la personalidad de Henry Miller fueron de nuevo víctimas de la intolerancia. Los “decentes” señores de la Motion Picture Association of America (MPAA) clasificaron la película con una “X”, es decir, que sólo podía ser vista en salas autorizadas para exhibir cintas consideradas “fuertes” (un eufemismo en lugar de “pornográficas”). Por otra parte, la compañía distribuidora del filme, Universal Pictures, no distribuía películas clasificadas con una “X”, ya que no coincidía con su política empresarial.

Los censores de la MPAA la consideraron demasiado “atrevida” y la condenaron a ser exhibida únicamente en el circuito de salas pornográficas de Estados Unidos tan sólo porque contiene una escena de amor entre Anaïs y June, la cual, por lo demás, apenas se insinúa. A Miller le habría causado gran regocijo volver a escandalizar a las buenas conciencias de su país, a las que detestó con toda el alma.

Aunque Kaufman —quien también llevó a la pantalla libros como The Right Stuff (1983), de Tom Wolfe y The Unbearable Lightness of Being (1988), de Milan Kunderabusca reflejar la perplejidad-ingenuidad-perversidad que experimentó Anaïs Nin al conocer a Henry y a su mujer June, “ese Vesubio hembra”, la película no logra transmitir la compleja personalidad de Miller, a pesar del recio semblante con el que lo interpreta Fred Ward, y nada de lo que se trasluce en los diarios de Anaïs y mucho menos en la brillante prosa de la monumental obra autobiográfica de ambos.

En cuanto actitud ante la literatura y ante la vida, Miller vino a reivindicar el papel del escritor como Artista, como Creador, comprometido únicamente consigo mismo y con su propio arte. Afirmaba que en Estados Unidos los artistas no son aceptados a menos que entren en componendas consigo mismos. “El enemigo de Estados Unidos es precisamente el artista, porque está a favor de la individualidad y de la creatividad. El artista es un no-norteamericano. De todos los países, Estados Unidos es el más mecanizado y robotizado”.

La obra de Miller merece ser estudiada a fondo no sólo para revalorizarla, sino para dilucidar qué luz nos puede arrojar frente a los nuevos conservadurismos de esta pesadilla con aire acondicionado y conexión a Internet en que se ha convertido el mundo entero, no sólo Estados Unidos. En sus memorias-ensayo-biografía sobre Henry Miller (El diablo anda suelto, Alfaguara, 2002), Erica Jong advirtió: “Su libertad sigue provocando pavor… él es un profeta y lo que profetiza no es agradable. Aun así, hoy, más que nunca, necesitamos sus puntos de vista. Porque, mientras estamos absortos ante un espectáculo de fuegos artificiales, nuestras libertades nos están siendo arrebatadas. Necesitamos más que nunca que se nos muestre el camino. Nuestra propia supervivencia depende de ello”.

 

Hace más de medio siglo, Miller escribió en el prefacio de Inmóvil como el colibrí:

“No esperes a que cambien las cosas, la hora del hombre es la presente y, ya estés trabajando en la base del montón o en su cima, si eres una persona creativa seguirás produciendo, pase lo que pase, y eso es lo máximo que puedes esperar. Hay que seguir creyendo en uno mismo, reconocido o no, atendido o no. El mundo puede parecer un infierno sobre ruedas —y estamos haciendo todo lo posible, ¿verdad?, para que así sea—, pero siempre hay sitio, aunque sea en nuestra propia alma, para crear un trozo de Paraíso, por demencial que pueda parecer semejante propósito”.

La apuesta de Henry Miller siempre fue a favor de la vida y de la libertad del hombre.


   
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Guillermo Vega Zaragoza

Nació en México, Distrito Federal en 1967. Escritor, periodista y maestro universitario. Ha publicado un libro de cuentos: Antología de lo indecible (Plan C/FONCA/CONACULTA, 2004), y dos de poemas: Desde...


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