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NUEVA ÉPOCA NÚM. 148 JUNIO 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Geney Beltrán
Los cadáveres de la impotencia


Cristina Rascón
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 148| Junio 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Rascón, Cristina , "Geney Beltrán. Los cadáveres de la impotencia" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Junio 2016, No. 148 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=802&art=17234&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Una novela de espejos, de encuentros y de denuncia, Cualquier cadáver, del escritor sinaloense Geney Beltrán Félix, nos lleva del mundo de ser padre al mundo de ser hijo, del mundo de la Ciudad de México al mundo de Culiacán, del mundo de la realidad al mundo de las letras (y su propio mundo de realidad). En un viaje de descubrimientos y de indignación, el personaje principal, Emarvi, padre de un niño secuestrado, violado y asesinado a pocas calles de su casa, encuentra en la escritura su último refugio. Nosotros, los lectores, conocemos la vivencia del respectivo cambio de lenguaje en cada mundo, los giros de los personajes y la realidad que retratan los medios de comunicación en cada capítulo de esta novela. “Escribir como el último reducto de la búsqueda de la verdad en nuestras vidas, como el único ejercicio de lealtad a sí mismo”, dice Emarvi a través de su diario.

Geney Beltrán Félix (Culiacán, Sinaloa, 1976), es narrador, ensayista y crítico literario. Con oficio, presenta su más reciente novela dividida en cuatro partes; cada una enmarca los sentimientos del personaje principal que son cuatro etapas de su búsqueda personal: “¿Qué se siente vivir así?”, “Una espesa rabia”, “La herida de Quirón” y “La enfermedad de los hijos”. En cada una va inscrito, también, el mundo de los sueños, de los hubiera-podido-ser, de los presentes paralelos y el subconsciente. Más de una vez confrontará su realidad con la angustia reflejada en el espejo de los sueños: “Toda raíz será siempre enemiga”, dice Emarvi, y nos sugiere que lo que se manifiesta a su alrededor, viene, quizá, de su propia raíz personal. De ahí la culpa que permea toda la novela. Emarvi es padre divorciado, y se siente culpable de no haber deseado a su hijo, de haberle abandonado, de no haberle provisto con la seguridad suficiente para que no lo secuestraran.

 

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Geney Beltrán Félix
© Franc Ross

 

El planteamiento de Cualquier cadáver no deja de recordarme la propuesta de David Grossman en Escribir en la oscuridad, un libro de seis ensayos sobre el papel de la literatura en situaciones de guerra. La escritura como medio de paz, la escritura como catarsis, la escritura para empatizar son algunas de las posturas de Grossman que bien pueden servir de eje a literaturas como la mexicana, que vive su propia situación de violencia social. En su novela Más allá del tiempo, Grossman también habla de la muerte del hijo, esta vez del propio, en el campo de batalla. Otra coincidencia quizá con esta novela y con otras que seguramente vendrán en la narrativa mexicana. Cualquier cadáver no muestra como protagonistas a los criminales y los antagonistas de dichos criminales (detectives, policías, amantes), como ha sido lo más común en la catalogada literatura del norte, sino a personas que observan estos actos de violencia desde el periódico o la pantalla. De pronto, una de esas personas está del otro lado, sin saber en qué momento ocurrió. Pero lejos de ahondar en quién, cómo y cuándo, comienza un viaje hacia sí mismo, hacia los porqués más íntimos.

Cuando Geney Beltrán Félix relata los devenires de un espectador de noticias de dicha violencia, no nos aleja de la realidad por detrás del libro; nos adentra aún más en lo que quizá buscábamos evadir. No se trata tampoco de un noticiero, o de la nota roja, sino de una voz muy sensible, de un hombre común frente a la impotencia común. “Una cárcel estalla por dentro”, dice Emarvi. Pero nunca sabremos si con eso hay liberación. Aunque no busca a su hijo muerto, como Grossman, ni buscará a fondo los motivos o a los asesinos, lo que busca es su propia condición de hijo, un grito de desesperación por un vago sentimiento de protección.

Al obtener en 2015 el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada, se dijo que esta obra de Beltrán Félix exploraba las cavidades más incómodas de los sótanos humanos ―según el jurado―, ya que buscaba nuevos modos de expresión, rompía con los moldes de la literatura al ser “desagradable” a propósito y representaba un logro notable de ficción y de lenguaje imaginativo frente al tema de nuestro tiempo: la violencia cotidiana. “Lejos de ser una transcripción de vivencias o episodios vívidos, dicha obra ofrece una pluralidad de registros y puntos de vista con una trama contundente que le dan una enorme riqueza expresiva”, detalló el jurado en el acta oficial.

Y así es. De la lectura de Cualquier cadáver no salimos con una simple anécdota ni con una sola visión e interpretación de la realidad; tampoco salimos con frases que buscan una estética poetizada o diálogos con eufemismos, sino con un rompimiento de ritmos y estilos, vertiginoso y fragmentario, con el habla cotidiana y con frases poéticas que no buscan protagonizar. Al cambiar de mundos no cambiamos de sensibilidad, no dejamos de percibir esa lealtad que plantea el autor en el acto de escribir. Tampoco salimos de esta lectura con un sentimiento de salvación o de esperanza: “¿Y si en el escribir está la culpa?”, dice Emarvi casi al final de la trama. “El día que todos callen, cuando nadie piense ni fabule, el día del silencio: ese día la raíz quedará limpia, y los hijos nacerán con altos cuerpos invictos. Y no habrá nadie”.

 

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Geney Beltrán Félix, Cualquier cadáver, Cal y Arena, México, 2014, 230 pp.


   
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Cristina Rascón

Nació en Sonora en 1976. Escritora, economista y traductora literaria. Autora de los libros de cuento El agua está helada, Cuentráficos, Hanami, Puede que un sahuaro seas...


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