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NUEVA ÉPOCA NÚM. 151 SEPTIEMBRE 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Recuerdos de don Ubaldo López


Vicente Quirarte
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 151| Septiembre 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Quirarte, Vicente , "Recuerdos de don Ubaldo López" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Septiembre 2016, No. 151 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=805&art=17359&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Dedicado al comercio de libros de segunda mano en la Ciudad de México, Ubaldo López se convirtió en una referencia ineludible para bibliófilos, coleccionistas, estudiantes y lectores en general. Está por aparecer el volumen de creación colectiva Libreros, que recupera las pautas de su vida; de sus páginas tomamos este emotivo texto de nuestro colaborador Vicente Quirarte.

 

El amor al libro es una enfermedad incurable. Hay otras formas de pasión que se alivian, si la herida no cierra de modo definitivo. Como enseñan los sabios y la experiencia, el amor es una enfermedad hipocrática: se contrae, se agrava y, si es el caso, se cura. Pero el amor al libro es una enfermedad que crece si es curada, como supo asentarlo Francisco de Quevedo.

La obra que tenemos en las manos se titula reiterativamente Libreros, y es un homenaje al libro y los libreros, a la Ciudad de México construida por la lectura, la bibliografía y la bibliofilia. Su hilo conductor es la memoria de don Ubaldo López, a quien conocí desde que yo era niño en mis excursiones en compañía de mi padre al mercado de La Lagunilla. Nunca en mi edad adulta me identifiqué con el librero. Mi timidez excesiva y el rostro severo de don Ubaldo ―que seguramente era el disfraz de un corazón tocable― completaron la ecuación para la imposibilidad del reencuentro. Escribir ahora sobre él es una forma de tener esa plática pendiente.

Tuve el privilegio de nacer en el centro de la ciudad y por lo tanto de conocer la palpitación de sus librerías, casi todas ellas en el corazón de la muy noble y leal ciudad como lo hace notar Juana Zahar Vergara en su imprescindible Historia de las librerías de la Ciudad de México.

 

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Quienes hablan de la muerte del libro pregonan igualmente que la de librero es una especie en extinción. El vendedor de libros ejerce un oficio especializado, como lo es también su consumidor. Esta segunda categoría pertenece a una fauna especial, la única que puede comprender la frase de Erasmo: “Si tengo dinero compro libros, y si me sobra, compro pan”. Quien ama al libro lo amará siempre, no obstante su explicable pasión por los pasajeros avances tecnológicos. Las librerías de viejo serán de nuevo, como escribe en paradoja afortunada Ana Emilia Felker. Los libros valen pero no cuestan. Explicar la frase anterior exigiría interminables silogismos. Lo subyacente en la expresión es que nadie sino sus devotos pagan lo que un libro vale. Por eso el libro encuentra a quien está destinado.

Con el paso de los años he comprendido la cólera de mi padre cuando no encontraba la primera edición de El Zarco de Ignacio Manuel Altamirano, que en un inexplicable arranque de generosidad había prestado. Conservo esa edición, restaurada y reforzada en su cubierta original, donde la vegetación exuberante es un significante aliado al significado que Altamirano quiso darle a su trabajo. Con semejante debilidad amorosa me he despojado de mis primeras ediciones dedicadas de El manto y la corona y As de oros de Rubén Bonifaz Nuño, actualmente en manos de musas que no los merecen pero son merecedoras de todos los homenajes. Como me enseñó el poeta: “Los hombres nacimos para servir a las mujeres y casi siempre lo hacemos mal”.

Desde hace unos años mantengo la costumbre de escribir al frente del libro que hago mío la fecha y la circunstancia en que llegó a mí para tener casa, comida y sustento. Antes no lo hacía y todo lo confiaba a la veleidosa memoria. No obstante, puedo decir cuándo llegó hasta mí determinado libro. Evoco, por ejemplo, la edición de La Pléiade de Rimbaud que mi padre compró para mí en La Lagunilla. Amigos sabedores de mi pasión rimbaudiana me han hecho llegar después ediciones actualizadas, pero he querido conservar y consultar siempre esa de 1972, preparada por Antoine Adam. Quiero creer que ese libro lo conseguimos con don Ubaldo López.

Mi padre fue uno de sus más devotos clientes y cumplió con uno de los anhelos del librero que aquí se celebran. “Mira, este libro lo compré con don Ubaldo”. Varios de esos libros me acompañan, y nunca hubiera podido terminar mi novela La isla tiene forma de ballena, sobre los liberales que vivieron en Nueva York entre 1864 y 1867, sin la ayuda de los libros de mi padre, que me acompañaron con la misma lealtad de aquella tropa ajada y disminuida que incondicionalmente escoltó la peregrinación del presidente Benito Juárez. Estoy seguro de que muchos de ellos provienen de manos de don Ubaldo.

En la aventura Astérix y el caldero, el guerrero celta y su amigo Obélix, para resarcir la deuda de honor y conseguir el oro que alguien ha robado de la aldea se ven obligados a capturar jabalíes y venderlos en el mercado local. Obélix padece al tener que vender los animales que son su perdición y su gloria. Así sucedía con Ubaldo López. Llegó a ser un conocedor tan experto, tan enamorado de sus materiales, que verdaderamente sufría al tener que desprenderse de ellos.

Para fortuna de nuestro idioma, gambusino es un mexicanismo, y designa al “buscador de oro o minero en pequeña escala”. Es la gran diferencia entre llamar a la duquesa Job una griseta para compararla con las modistas de la avenida Plateros. El gambusino es el descubridor de la veta, el que ejerce su labor de espeleólogo para obtener el oro verdadero. Es quien descubre y guarda para sí la gloria del hallazgo y permite al otro brillar con la explotación del tesoro. El librero es un escudero: como tal, debe ejercer su profesión devotamente. Borrarse para que brille el otro. Velar las armas para que las use dignamente el caballero.

Varios son los secretos develados en este libro amoroso y erudito, hecho además con los mejores oficios para llevar a buen puerto una creación verbal que aspira a convertirse en libro. Entre otras cosas, que Ubaldo López y mi padre nacieron el mismo año 1923. Por lo tanto, ambos ejercieron sus pasiones en las mismas calles del barrio de La Lagunilla. En 1965 ambos estaban en sus espléndidos 42 años. Martín Quirarte publicó por primera vez su Visión panorámica de la historia de México, y unas palabras de don Ubaldo en este libro parecen haber sido escritas para mi padre: “Pero ya no hay historiadores, ahora sólo se recopila. Por eso los libros de historia patria cada día valen más”. Ubaldo fue en un tiempo capitán de la librería Otelo, uno de los lugares donde compré mis astrosas ediciones de Julio Verne en editorial Thor, y donde consigna el joven Vicente Guarner que cuando era un estudiante de medicina consiguió, a un precio muy accesible, el Traité d’anatomie humaine de Léo Testut, en el original francés, idioma en que se educó desde niño, cuando su padre le contaba sobre sus vuelos nocturnos en compañía de Antoine de Saint-Exupéry. Guarner se convirtió en uno de los mejores cirujanos de este país, y varias generaciones lo recuerdan.

El cuarto mandamiento de las tablas de la Ley encomendadas por Yavé a la sabiduría de Moisés establece: “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Libreros ha consumado ese objetivo y este libroes el mejor homenaje al hombre de palabra que fue don Ubaldo López y a la tradición continuada por su linaje. Con sus palabras y sus acciones, la familia López Casillas continúa una pasión que no se extinguirá mientras en ellas palpite el concierto de tinta, papel, tipografía que forman el cuerpo de esa criatura inagotable que subsiste gracias a sus más leales amadores.

 

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El presente texto forma parte de Libreros. Crónica de la compra venta de libros en la Ciudad de México, coeditado por Ediciones Acapulco y Secretaría de Cultura, de próxima aparición.


   
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Vicente Quirarte

Nació en la Ciudad de México el 19 de julio de 1954. Poeta, narrador y ensayista. Estudió la Maestría en Lengua y Literaturas Hispánicas y en Letras Mexicanas, y el Doctorado en Letras en la FFyL de la UNAM....


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