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NUEVA ÉPOCA NÚM. 151 SEPTIEMBRE 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Joaquín-Armando Chacón
La vida de los otros


Mónica Lavín
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 151| Septiembre 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Lavín, Mónica , "Joaquín-Armando Chacón. La vida de los otros" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Septiembre 2016, No. 151 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=805&art=17381&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Si el oficio de escritor atañe al voyeurismo, ese asomarse a la vida de los otros, los cuentos reunidos en Breve tiempo del imposible de Joaquín-Armando Chacón, editados por Cal y Arena ―que apuesta por el alcance de la narrativa breve―, lo hacen por partida doble. Los personajes de los nueve cuentos que forman el volumen son, en muchos de los casos, los portavoces de las historias de los otros, de lo que se sabe, se escuchó, alguien dijo, alguien vio. Los que narran son testigos que al contar dejan traslucir su propia historia o su sed de historias ajenas, dadas las carencias o abolladuras de la propia. Por algo Chacón eligió como título de este volumen el de uno de los cuentos, el más largo de todos: en una cantina, un amigo le cuenta a otro, que hace menos tiempo llegó a vivir a esa ciudad pequeña, cuyo nombre no aparece, los pormenores de los personajes de un grupo a través de los años. El que cuenta es una pieza fija en un tablero donde Arnoldo, Montserrat y Graciela son el misterio que se busca descifrar. Mientras las vidas del resto del grupo se mantienen en una línea fija, de parlamentos predecibles, aquellos tres, el gris Arnoldo, sobre todo, han tejido una complicidad cuya naturaleza los demás no aciertan a descifrar, aunque han vivido a la vera de un suspenso y una serie de preguntas que no hacen, de acciones que no emprenden ni cuando saben de las infidelidades de José Marco, el marido de Montserrat, ni de la violencia que ejerce sobre Montserrat, a quien alguna vez pretendió el que escucha el recuento. Subrayo la intención de elegir este cuento para bautizar el conjunto, porque guarda la esencia de la mayoría de los relatos: hay algo secreto e impenetrable en el otro, en los otros, una línea que no podemos cruzar como sucede con el personaje de “El edificio nocturno”, que mira personajes, recorre pasillos en aquel edificio de la tía Rosalyn, hace lo que dice su mujer y desconoce (al tiempo que el lector de esta historia) la línea entre realidad y alucinación. O el que abre el libro, “La otra calle, la otra mujer”, donde lo soñado o inalcanzable es siempre la siguiente historia y no la que se vive, o la venganza es la única salida del torturador que envidia la vida de otro en “Gusanos de la medianoche”.

Joaquín-Armando Chacón construye atmósferas inquietantes y persuasivas; a veces nos sentimos en un relato del siglo XIX o de Juan García Ponce, más bien en un cuadro de Balthus, con aquel joven que es contratado para leerle a un viejo millonario en su casa en París, donde se aparece de cuando en cuando una lánguida y hermosa mujer. Ese lector también se ve asomándose a la vida de los que habitan esa casa, comiendo a solas la comida que le ofrece un frío mayordomo, creyendo que ve a la mujer del magnate afuera de su ventana. Los otros como el secreto que deseamos desentrañar, y que la escritura se propone, pues ¿qué es contar historias si no hacer visible lo invisible, o subrayar lo indescifrable en la conducta de los otros, que es espejo de la nuestra? Es esa doble condición a la que aluden los epígrafes que ha elegido el autor como antesala del libro: “Aquello visible no es sino reflejo de lo invisible” (Zohar).

 

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Joaquín-Armando Chacón
© Javier Narváez

 

La escritura es voz, pero la voz viva contando es uno de los artificios posibles y del que echa mano constantemente Chacón. Tanto en el cuento “Breve tiempo del imposible”, como en “El Kentucky Bar”, un hombre cuenta a otro, entre copa y copa, algún asunto del pasado. A diferencia del primero, en que la vida de los otros ocupa el primer plano, en “El Kentucky Bar” el romance del protagonista, un profesor de literatura en Cuernavaca, con una actriz sueca que no es sueca, y que él prefiere llamar “la desconsolada”, es el asunto que deriva en el recuento del cantinero que inventó el coctel margarita en el Kentucky Bar de la ciudad de Chihuahua (imaginado por Chacón pero que ya algunos le atribuyen haber existido). Una historia apasionada entre el cantinero Juan Luis Carrera, prendado de la visitante norteamericana, Margarita Trash Donnelli, a quien después de halagarla con el brebaje ideado para ella, recibirá a puerta cerrada año con año en la cantina donde la desvestirá y harán el amor en cada centímetro del lugar. Su muerte dejará un hueco irreparable en Juan Luis, un coctel para la garganta de los extranjeros (y algunos mexicanos), una barra esmeradamente pulida y una manera extraña de saber qué sucedió al profesor con aquella sueca que no era sueca y a quien llevó a una cantina donde no había cocteles margarita sino tequilas que raspaban la garganta y el corazón. La historia secundaria ocupará el primer plano, sólo para revelar lo innombrable, otra manera de referirse al dolor de la ausencia.

Chacón nos sorprende gratamente con los recursos que utiliza para armar estas historias de fragilidades, de desasosiego, de deseos pospuestos, de demonios cotidianos: los puntos de vista de los involucrados en la historia que se trenza en un caleidoscopio que construye el cuadro, donde hasta la lluvia es una lente (“Una historia con lluvia”), y donde las maneras de referir, lo coloquial de las expresiones, la forma de nombrar el deseo de ellos y ellas pintan a los personajes de palabra entera. Como a Moisés Sánchez en “La mujer del carnicero”, atento a la seducción de la señora Velásquez que lo ha citado en su casa esa noche, se lo ha dicho en la tienda de abarrotes, y mientras habla, los pensamientos le andan con su propia partitura expuesta en el texto, lo mismo que a la señora Velásquez, que dice una cosa mientras piensa otra. Como si Chacón nos colocara en la superficie del agua y, debajo de ella, esa doble vista que su estrategia escritural permite.

Este nuevo cuentario de Chacón es un recorrido intenso que nos recuerda que en el cuento la forma es la densidad de la anécdota, y que entre la vida y las mentiras literarias la línea tenue que las distingue es una amenaza.

Tomo las palabras del protagonista de “El Kentucky Bar” (el profesor que transmite a sus alumnos la emoción lectora y la pasión por la verdad de la mentira de la ficción que crea sus propias verdades) porque son precisas para mirarnos como lectores frente al Breve tiempo del imposible de Chacón: “porque al leer un cuento comienzan a existir, a convertirse en seres que conocemos, de quienes aprendemos algo, de quienes tomamos una experiencia que nunca nos dañará, de esos a quienes llegamos a tenerles aprecio, quizá cierta confianza, porque así son ellos, así podríamos ser nosotros, así son ciertas personas de las que hemos escuchado o incluso llegado a conocer”.

 

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Joaquín-Armando Chacón, Breve tiempo del imposible, Cal y Arena, México, 2016, 219 pp.


   
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Mónica Lavín

Nació en México, D.F., en 1955. Novelista, cuentista y ensayista. Estudió Biología en la Universidad Autónoma Metropolitana. Fue maestra de la Escuela de Escritores de SOGEM de 2001 a 2008 y actualmente es...


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