UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 151 SEPTIEMBRE 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Reseñas   >>>   Tomás Regalado López

Mar fantasma, de Pedro Ángel Palou
Elogio de lo breve


Tomás Regalado López
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 151| Septiembre 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Regalado López, Tomás , "Mar fantasma, de Pedro Ángel Palou
Elogio de lo breve" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Septiembre 2016, No. 151 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=805&art=17382&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 2

Untitled Document

 

Desde su primera obra publicada, Como quien se desangra, el escritor mexicano Pedro Ángel Palou (Puebla, 1966) se ha especializado en un tipo de nouvelle de escasa anécdota y profundo contenido lírico, más cercana a la síntesis poética que al ideal de la ficción como instrumento de conocimiento, explorado por el autor en otros ejemplos de su narrativa. Mientras una de sus líneas creativas responde al subgénero de la novela de ideas o gedanken Roman —es el caso de El dinero del diablo, Memoria de los días, El impostor o Paraíso clausurado— y otra ha explorado la novela histórica de tema mexicano —en Cuauhtémoc, Varón de deseos, Morelos, Pobre patria mía, Zapata o No me dejen morir así—, existe también una faceta en la producción de Pedro Ángel Palou caracterizada por la brevedad, el lirismo y la síntesis: novelas de apenas un centenar de páginas donde el protagonista es el lenguaje, depurado hasta la extenuación y exquisito destilado en el que se manifiesta, quizá como en ninguna otra cara de su trayectoria literaria, el oficio escritural del autor poblano. Pertenecen a este ámbito —además de la citada Como quien se desangra, Bolero y las escasamente difundidas La naturaleza de las cosas y La nómada tristeza— cuatro narraciones recopiladas recientemente por Seix Barral México en un volumen conjunto llamado Mar fantasma. Cuatro novelas breves.

 

imagen

 

Mar fantasma toma su título del verso de Muerte sin fin de José Gorostiza (“mar fantasma en que respiran —peces del aire altísimo— los hombres”) y consta de cuatro nouvelles publicadas independientemente durante la primera década del siglo XXI: Demasiadas vidas en Plaza y Janés, en el 2001; El infierno es el cuerpo, originalmente titulada Qliphoth en su edición de Sudamericana, del 2003; La casa de la magnolia y La profundidad de la piel, en Sudamericana (2004) y Norma (2010), respectivamente. Las cuatro son el ejemplo, como puede leerse en el prólogo, de “una novela exenta de toda ornamentación donde sólo hubiese intensidad de lo sentido y acción dramática” y de “ese género híbrido entre el cuento o el relato y la novela misma, [que] posee su propia forma, es un animal distinto”. Aunque proyectos independientes, las cuatro comparten líneas temáticas que se repiten, como leitmotivs, otorgando una unidad coherente a las poco más de 350 páginas del libro: la fugacidad del placer, las lecturas subyacentes de El amor y Occidente de Denis de Rougemont y El erotismo de Bataille, la separación de los amantes, la beneficiosa influencia de Farabeuf de Salvador Elizondo, el conflicto entre Eros y Tánatos y la obsesión por el instante, aquel en el que conviven, de manera inaprensible y fugaz, vida y muerte, placer y dolor, ser y no ser. En una entrevista publicada en 2012 en Letralia (“Todavía creo en la novela total. Una conversación con Pedro Ángel Palou”),el autor las consideró “la quintaesencia del destilado” y “un ejercicio todavía más consciente de eliminar lo superfluo por el puro placer de contar en intensidad profunda, la tragedia de una vida”.

En el epílogo a la primera edición de Demasiadas vidas, Palou confesaba que, en mitad de un proyecto de mayor envergadura —muy probablemente su novela Paraíso clausurado— se le apareció un “libro breve, lacónico como la nostalgia que lo inspiró”. Este libro breve y lacónico era Demasiadas vidas, narración poética ambientada en un puerto marino donde las figuras, las palabras y los objetos adquieren una consistencia brumosa, cercana al murmullo rulfiano y difuminada por la nostalgia, la irrealidad del sueño y la fragmentación del recuerdo. Perdido en el difícil tránsito entre la memoria y la escritura, su doble plano cronológico se estructura sobre un presente opaco —el vivido por Horacio, protagonista, en su retorno a los escenarios de su infancia— y un pasado adolescente, acontecido en abril de 1976 y determinado por el recuerdo de una mujer. A partir del inaugural epígrafe de Eugenio Montale —“Son necesarias demasiadas vidas para poder vivir una sola”—, la nouvelle se convierte en una suerte de Pedro Páramo marino donde Horacio, trasunto de Juan Preciado pero también de Telémaco, hijo de Odiseo y Penélope, retorna al espacio de su adolescencia para “ajustar cuentas con los muertos. Porque hay vivos, como yo, que no dejan morir a sus muertos”. La búsqueda universal del padre, el ambiente brumoso y otros reflejos rulfianos se manifiestan en el lenguaje a través de oraciones como “es un pueblo fantasma lleno de fantasmas y de viejos pescadores”, “los recuerdos, cuando ha pasado tanto tiempo, entran en esa zona de bruma en la que habitan los sueños” o, en una referencia casi directa a la rima de Bécquer, “¡Qué solos se quedan los vivos! —le grito al vacío. Y lo repito, una y otra vez: ¡Qué solos se quedan los vivos!”.

Entre versos de Pavese, Rilke, Huidobro, López Velarde, Pellicer o Gorostiza —y referencias intertextuales a los Silogismos de Cioran o al relato “Primer amor”, de Emilia Pardo Bazán—, Demasiadas vidas retoma en la tradición mexicana la línea de la prosa lírica de Contemporáneos: obras breves como Novela como nube, Dama de corazones o Proserpina rescatada, carentes de trama, sin apenas secuencia cronológica y construidas a través de una yuxtaposición de símbolos. Como en las prosas de Owen, Villaurrutia o Torres Bodet, la ausencia de un andamiaje argumental permite la repetición de poéticos leitmotivs que Horacio describe, disemina y recolecta de forma recurrente, construyendo un esquema recurrente donde se rompe la cronología tradicional y donde Eloy Urroz ―compañero de viaje de Palou en el Crack―, en Siete ensayos capitales (2004), halló “un eterno retorno donde todo pasa simultáneamente y donde un tiempo no invalida a otro, sino que coexiste”. Emerge entre estos motivos Lucía como representación del Eterno Femenino, mujer atisbada en fugaces recuerdos mientras observa el mar en la soledad de la noche, en la esquina de un parque, en el borroso fondo de una fotografía en blanco y negro, en la prostituta del burdel de doña Eulalia, en la Berenice muerta que busca Horacio entre las lápidas del cementerio o en la mulata de Belém do Pará que solamente existe en el recuerdo de Gregor Bruchner, el viejo poeta encargado del faro. La búsqueda imposible de la mujer termina despeñándose en el abismo porque, como reconocerá Horacio al final de la novela, rememorando el dístico de Borges, “yo, que tantos hombres he sido, no fui aquel entre cuyos brazos desfalleció Lucía, la mujer de ese abril tan lejano y real”. El sentimiento de pérdida subyacente al discurso de Demasiadas vidas confluye en la muerte de Gregor y, en un abierto homenaje al Moby Dick de Melville, con el cadáver de una ballena encallada en el puerto. Muerte del animal que consigue presenciar Horacio, mudo testigo, capturando el instante a la manera elizondiana, y muerte que prefigura también el deceso del protagonista, aterrorizado por la experiencia: “entonces me invade un súbito temor. La he visto morir. El instante exacto de su muerte. La extinción de sus últimas células. Nunca había visto morir a nadie, pienso”. Escondida en sus bellos significantes, la ausencia de significados en Demasiadas vidas sitúa a Gregor Bruchner, encargado del faro, como el único guía de Horacio/Telémaco entre la niebla que envuelve la búsqueda; hacia el final del texto, poco antes de su muerte, reconocerá el anciano la delgada línea entre la escritura y la ocultación de secretos donde se inscribe el discurso de la novela: “escribir es lo mismo, una insoportable forma de develar secretos. Por eso escribir es una traición. Uno no debería decir nada”. Demasiadas vidas fue unánimemente aclamada por la crítica con motivo de su primera publicación en el 2001; para Chávez Castañeda y Celso Santajuliana, “con Paraíso clausurado, pero sobre todo con Demasiadas vidas, Pedro Ángel ha alcanzado la madurez narrativa y se ha configurado el aura de autor en expansión” (La generación de los enterradores II, 2003); Eloy Urroz la consideró “una joya de la literatura mexicana reciente”; y, según Guillermo Samperio, en un texto publicado en Literate World, fue “un libro transparente, dueño de una calidad excepcional. Una novela memorable y una de las historias más tristes de la literatura mexicana”.


   
    subir     PDF

Tomás Regalado López

Profesor e investigador español. Es profesor asociado en el Departamento de Idiomas Extranjeros, Literaturas y Culturas de la James Madison University. Su pasión y el interés en América Latina le llevó a...


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés