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NUEVA ÉPOCA NÚM. 151 SEPTIEMBRE 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Dolor, gozo y fastuosidad


Benjamín Domínguez
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 151| Septiembre 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Domínguez, Benjamín , "Dolor, gozo y fastuosidad" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Septiembre 2016, No. 151 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=805&art=17387&sec=Reportaje%20Gr%C3%A1fico > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El día que nací, toda la noche estuvo lloviendo y al otro día. Algo insólito en una ciudad desértica como Jiménez, Chihuahua.

Al día siguiente llegaron los vientos y con estos los húngaros, temprano, como todos los años, plantaron su carpa al final de la calle donde vivían mis padres.

Era el 31 de marzo de 1942.

Crecí con los hijos de los gitanos y siempre tuve la cercanía con las artes adivinatorias que los caracterizaban. La quiromancia es uno de los temas recurrentes en mi obra. Mi encuentro con el cine y la pintura se dio a los trece años: me contrataron para pintar los carteles que anunciaban las películas, en los cines de mi pueblo. En un formato grande pinté a los grandes actores de la época; ahí aprendí a pintar, y a conocer el lenguaje cinematográfico.

 

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Benjamín Dominguez
© Archivo UNAM

 

A los veinte años llegué a la Academia de San Carlos, en un momento crítico para el arte; estaba terminando la influencia tan grande del arte mexicano, y a los jóvenes nos tenían azorados la llegada y el conocimiento del arte moderno. Crecí como artista en medio de dos movimientos antagónicos: el realismo (academicismo) y la abstracción. Mi generación es la llamada generación sándwich.

Maestros como Luis Nishizawa, Francisco Moreno Capdevila y Antonio Rodríguez Luna dieron forma a mi vocación como artista.

Del maestro Nishizawa aprendí a conocer la alquimia del arte, el uso de los aceites, los barnices, los bálsamos y nombres como litargirio, cinabrio, almáciga, sandáraca formaron parte de mi nuevo vocabulario desde ese momento. Mis estudios terminaron en 1969.

Mi encuentro con el barroco se dio ese mismo año; al salir de la escuela entré a trabajar al Museo del Virreinato en el área de museografía, al mando de Jorge Guadarrama. Ahí tuve la oportunidad de estar cerca de las telas, los brocados de seda, los marfiles, los objetos de plata y sobre todo de los maestros del arte virreinal de los que aprendí a comprender el largo camino que sigue la imagen barroca que va de la espiritualidad al tormento de la penitencia, el gusto teatral de las composiciones, y la rica ornamentación de los trajes que visten, sobre todo, los arcángeles. De todo esto surgen los primeros temas que me dieron a conocer: las monjas floridas y después los bodegones.

En 1985 pinté el proyecto más ambicioso de mi carrera para el Palacio de Bellas Artes: las variaciones sobre el matrimonio Arnolfini, tomado del famosísimo cuadro pintado por Van Eyck en 1434. Todo sucede dentro de una habitación en la que una pareja se casa. Los veinte cuadros que pinté empiezan cuando el hombre y la mujer comienzan a amarse, a odiarse, a destruirse dentro de esa alcoba en una trama obsesiva formada por la infinidad de símbolos que los rodean.

Me mantengo siempre bordeando los límites del barroco desde todos sus valores: la austeridad, la manifestación del dolor, el gozo y la fastuosidad.


   
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Benjamín Domínguez

Nació en Jiménez, Chihuahua en 1942 y murió en 2016. En 1962 ingresó en la Academia de San Carlos y estudió con los maestros Roberto Garibay, Héctor Cruz, Capdevilla, Nicolás Moreno y Antonio Rodríguez Luna....


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