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NUEVA ÉPOCA NÚM. 151 SEPTIEMBRE 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La epopeya de la clausura
Un danés en la Nueva España


Christopher Domínguez Michael
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 151| Septiembre 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Domínguez Michael, Christopher , "La epopeya de la clausura. Un danés en la Nueva España" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Septiembre 2016, No. 151 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=805&art=17390&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Jacobo, tercer hijo del rey Hans y de la reina Cristina de Dinamarca, nació hacia 1484. El 31 de octubre de 1520, Cristián II niega, al acceder al trono, tener un hermano con vida. Desde ese momento, Jacobo, fraile franciscano, desaparece de la historia danesa. Su larga vida pertenecerá a la conquista espiritual de la Nueva España. Jacobo, provincial de la vacía provincia de Dacia, llega a Veracruz en 1542, tras haber fracasado en la defensa de la Dinamarca católica.

Conocido como Jacobo Daciano, el fraile contrarreformista es enviado a Michoacán. Allí funda, al norte del lago de Pátzcuaro, el convento de Tarecuato. Aprende el tarasco. Amigo y admirador de don Vasco de Quiroga, el danés acaba por rechazar a su obispo pues lucha por el derecho de los indígenas conversos a la ordenación. Argumenta Jacobo que es herético negar la predicación a aquellos nuevos cristianos. Pero la lección del colegio de Santiago Tlatelolco ha calado hondo en la clerecía novohispana y no habrá sacerdotes indígenas. Fray Juan de Gaona es comisionado para rebatir a Jacobo, quien es derrotado, obligado a retractarse y a sufrir penitencia canónica. Jacobo el danés se atreve a escribir a su tío Carlos V pidiéndole justicia. Al romper el anonimato que la política danesa le había obligado a llevar, firma la sentencia de su defenestración. Tanto el arzobispo Montúfar como don Vasco ordenan su salida inmediata de Pátzcuaro, tras ser vejado por los sacerdotes, sus bienes secuestrados y sus obras destruidas. Murió con aura de santo el 19 de octubre de 1567 en el convento de Tarecuato. Se dice que su tumba fue venerada en secreto por los tarascos, quienes se negaron a informar al clero de su localización.

 

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Esta ficha biográfica resume el material recopilado por Henrik Stangerup (1937-1998) para escribir Fray Jacobo, parte de una obra que lo convirtió en el novelista más popular entre los daneses. Novela humorística y reflexiva, narra las peripecias de un fraile que en algo recuerdan a las de nuestro Servando Teresa de Mier y además se pretende una lección histórica sobre la Reforma en Escandinavia, crítica de ese protestantismo danés que escarneció Søren  Kierkegaard. Importa saber lo que nos cuenta Stangerup, quien no pudiendo escribir la novela que soñaba sobre el filósofo haya decidido hacerlo sobre el misterioso fray Jacobo que permaneció borrado durante cinco siglos de la historia de su país. Hubo de viajar el novelista a París, donde de todo se encuentra, para documentarse sobre la resistencia franciscana contra los luteranos. Hasta el siglo XIX estuvo prohibida la impresión de literatura católica en Dinamarca.

Jacobo, leemos en la novela, fue uno más de los frailes que defendieron, convento tras convento, el poder de Roma en aquellas tierras. Expulsos, los franciscanos daneses se dispersaron por España e Italia, donde su nacionalidad, empero, los convertía en sospechosos de herejía. Stangerup describe con finos contrastes la vida de un fraile alegre y cultivado en esa Europa donde Rabelais y Lutero reinan dividiendo la conciencia y el cuerpo.

Sin embargo, la novela desmerece cuando cae, mala ventura de la aldea global, en las manos del lector global. Así como no sería fácil que Fernando del Paso colocara a Palinuro en una aldea danesa, al desplazar a fray Jacobo hacia las Indias, Stangerup se vale de una “imaginación del Nuevo Mundo” que debe más a la ansiedad folclórica del turista que a esa compleja inmersión en un mundo extraño que distingue a muy pocos novelistas. Creíble en el helado Odense, el fraile escandinavo aparece como un protohippie entre los tarascos. Quizás eso fue. Pero resulta un poco penoso ver a un narrador danés utilizando las herramientas básicas del llamado realismo mágico para ambientar a su fraile en la Nueva España del siglo XVI. Fray Jacobo le debe más a García Márquez que a Isak Dinesen. No cabe duda de que nuestra literatura hispanoamericana ha sabido exportar sus clichés, acaso un rasgo de madurez. Así que vemos a fray Jacobo disfrutando de las mariposas amarillas.

Gracias a Stangerup sé que fray Jacobo existió y se lo agradezco. Su colorida imaginación, algo naïf, acrecienta la nómina de humanistas lúcidos y extravagantes que poblaron la Nueva España. Jacobo de Tarecuato fue más radical que el utopista don Vasco y quiso para los indios de Michoacán no sólo los deberes, sino los derechos de la nueva religión. Negado en su lecho de nacimiento para satisfacer una querella monástica y negado al morir por defender la igualdad religiosa, este fraile se encontrará con la simpatía de algunos lectores al reponer la vieja discusión sobre los límites del humanismo del Renacimiento. [1993]


   
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Christopher Domínguez Michael

Nació en la Ciudad de México el 21 de junio de 1962. Crítico literario, ensayista, historiador de la cultura y novelista. Estudió Sociología en la UAM–X. Se inició en el periodismo cultural a los 18 años,...


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