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NUEVA ÉPOCA NÚM. 151 SEPTIEMBRE 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Modos de ser
¿Por qué Donald Trump no babea?


Ignacio Solares
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 151| Septiembre 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Solares, Ignacio , "Modos de ser. ¿Por qué Donald Trump no babea?" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Septiembre 2016, No. 151 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=805&art=17391&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Para Beatriz Espejo

 

Durante el año en que asistí todos los fines de semana a un sanatorio psiquiátrico del Seguro Social para realizar mi reportaje sobre el delirium tremens —bajo la guía y ayuda invaluables de su director, el doctor José Antonio Elizondo—, tuve oportunidad de conocer y conversar no sólo con alcohólicos, sino con algunos enfermos que estaban ahí por razones puramente psiquiátricas. A algunos se les podía poner la etiqueta de “locos”, y fueron, por supuesto, los que más me interesaron. En efecto, habían perdido contacto con la realidad pero manejaban un discurso admirable, que los protegía del mundo exterior.

—Yo sé cuándo se va a acabar el mundo y cuándo empezará el Juicio Final.

Y aquel, en especial, empezaba toda una perorata de cómo recibió la visión una madrugada e intentó llevarse a su mujer y a sus hijos al sótano de una vieja casona que había sido de sus padres, en donde se refugiarían para no salir más. Tema que, con sus variantes, y por lo visto más común de lo que parece entre los “locos”, utilizó Arturo Ripstein para su Castillo de la pureza.

Pero lo cierto es que con este “loco” su mujer consultó a un médico, lo pusieron en tratamiento y terminaron por internarlo en el psiquiátrico.

Me llamó la atención el buen número de “locos” que estaban ahí porque habían recibido información especial sobre el futuro del mundo, la presencia del demonio, los actos terroristas o catastróficos y cómo, según ellos, se podía ayudar a evitarlos. Pero lo verdaderamente sintomático es que empezaban a hablar con un discurso de lo más coherente y articulado y, de pronto, el tono cambiaba y se “enloquecían”; esto es, se ponían furiosos y podían llegar a agredir a visitantes, enfermeros e incluso a sí mismos de una forma brutal. ¿Por qué? En un buen número de casos que escuché, “porque nadie los entendía”.

¿En dónde está la frágil línea de sombra que los separa de nosotros, los supuestamente “cuerdos”? Apenas escuchaba uno sus argumentos sin prejuicios quizá descubriera que no estaban tan locos como suponemos (o suponían los médicos). O que nosotros no estamos tan cuerdos como queremos creer. Ahí y ahora es cuando afloran a nuestro lado algunos raros testimonios de la “otra” realidad, quizás apenas una ráfaga lejana, una puerta que se entreabre para dejar pasar un hilo de luz, un guiño de amistad, una sonrisa que más bien es una mueca, un dedo tembloroso que nos llama (“ven a compartir mi locura”), un gesto que nos conmueve y enseguida nos empanica, un tic que se parece tanto al de una tía nuestra. Se levanta un choque de vientos contrarios y una ráfaga de contraste nos regresa a nuestra supuesta “realidad”, la de afuera, la de todos los días, la de los hombres “sanos” que leen periódicos, ven televisión, juegan tenis y en ocasiones se vuelven políticos y quizá, concluimos, con un estremecimiento que nos hace bajar culebritas por la espalda, que la única suerte que tiene, por ejemplo, Donald Trump es… que no babea.

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Donald Trump
© Wikicommons


   
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Ignacio Solares

Nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 15 de enero de 1945. Narrador, dramaturgo, ensayista, periodista y promotor cultural. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de la FCPyS; coordinador de...


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