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NUEVA ÉPOCA NÚM. 152 OCTUBRE 2016 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Entrevista con Ana Clavel
El amor es hambre o la sublimación caníbal


Alan Saint Martin
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 152| Octubre 2016| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Saint Martin, Alan , "Entrevista con Ana Clavel. El amor es hambre o la sublimación caníbal" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Octubre 2016, No. 152 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=806&art=17447&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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En todo corazón habita un bosque
ANA CLAVEL

 

¿Hasta qué punto los cuentos de hadas pueden ser reelaborados y ambientados en nuestra vida diaria? ¿Es posible ver a dos niños huérfanos buscando el retorno a casa a través de un sendero de migajas, una mujer maltratada por sus hermanastras esperando a su príncipe o una niña quien no hace caso y se adentra al bosque citadino donde hay lobos al acecho? Aunque el personaje de la Caperucita roja ha visto la luz como una niña inocente e ingenua a partir de Perrault y los hermanos Grimm, existen reelaboraciones donde ella se presenta como rebelde, una cazadora o una femme fatal, ya sea en comics, mangas o serie televisivas porque en el núcleo del cuento original, las versiones orales anteriores a las de Perrault, está esa simiente que da para que uno no se quede con la idea de que Caperucita es una niña indefensa y que muy pocas persas conocen. Esa reelaboración semiótica está presente en El amor es hambre (Alfaguara, 2015) de la escritora Ana Clavel (México, 1961) donde Artemisa encarnará el papel de Caperucita y, a veces, del lobo feroz para satisfacer sus deseos pasionales a través de la gastronomía.

 

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Ana Clavel
© JVL/Secretaría de Cultura

 

¿Cómo surge o cuál es el antecedente literario de El amor es hambre? Lo pregunto porque en tu novela Cuerpo náufrago está Orlando de Virginia Woolf y en Las violetas son flores del deseo están Las hortensias de Felisberto Hernández y Lolita de Nabokov.

En el nivel de subtexto es Caperucita roja y ésta a su vez viene con el asunto del libro de ensayos sobre el tema de las Lolitas en que trabajaba entonces. Ahí consideraba justamente a Alice Liddle, la niña que fotografía Carroll, y a Caperucita, como hermanas menores de Lolita en la medida en que ponen a circular el deseo en torno a la figura de una pequeña virgen. Entonces, me llamó la atención el asunto de contar la historia de una especie de caperucita contemporánea que tuviera un corazón de lobo, que fuera por los bosques de concreto cargada con su canasta de deseos y apetitos. De hecho, la novela se iba a llamar así, "Corazón de lobo", pero ya conforme avancé en la escritura, en ese proceso que solamente se te revela a la hora del trabajo creativo, descubrí que más que corazón de lobo o de víctima, se trataba de un corazón boscoso. El título de El amor es hambre me vino de una lectura de Jean Rostand, el Bestiario de amor, donde se habla justamente de que en su aspecto más elemental el amor se relaciona con la ingestión de alimentos, una suerte de hambre común a todo ser viviente. Eso dio pie a la idea de situar las acciones carnales como la verdadera orientación de las pasiones incluso más espirituales, como en el caso de la Comunión.

 

¿Cómo concibes la creación de tus personajes porque casi siempre hay diferentes niveles de lectura desde el significado de sus nombres? Pienso en Las violetas…  y el personaje de Violeta que es un juego con la flor y la alusión a la violación, y en este caso Artemisa que es una flor y puede ser droga o planta medicinal.

Me incliné por dar una mirada juguetona e irónica a la hora de pensar que Caperucita, la niña inocente que cruza el bosque, podía llamarse como la diosa griega de los bosques y la cacería. Después vino la magia y el azar en la escritura: en una escena amorosa y transgresora funcionó muy bien usar la planta en su variante alucinógena. Yo tenía el libro de las plantas mágicas de Paracelso y alguna vez había leído en un manual de homeopatía el nombre de artemisa.  Así es como la protagonista y su amante en turno la fuman y ella tiene una excusa para cometer una transgresión fatal. Fue un feliz hallazgo que me permitió aprovechar los elementos de azar aparente que se dan en la escritura.

Pero lo más importante fue la ironía de intuir que la Caperucita, lejos de ser la niña desprotegida que nos viene de los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm, en realidad es una suerte de diosa cazadora, protectora de las bestias. Y esa intuición, en un primer momento, se dio sin conocer el libro de Jack Zipes, Trials and Tribulations of Little Red Riding Hood, donde el estudioso establece una versión reconstruida a partir de registros orales en la que pudo basarse Perrault, y que viene a revelarnos que la verdadera Caperucita es una chica ingeniosa, vital, acorde con sus instintos sexuales, que se acerca al lobo y que es capaz incluso no solamente de engañarlo sino de salir adelante de la situación de inminente peligro que se le presenta a la hora de meterse en la cama con él.

La escena de desnudamiento previa a la cama y esa suerte de juego escatológico con el que consigue que el lobo la deje salir de la cabaña, censuradas en las versiones civilizadas de Perrault y los Hermanos Grimm, nos hablan de una chica lista que lograba jugar con sus impulsos vitales y salirse con la suya. A final de cuentas, el bosque, natural o de concreto, siempre está ahí: con sus peligros y sus oportunidades de crecimiento, que es a lo que atiende un buen cuento de hadas, a integrar las zonas amenazantes no sólo del exterior sino también las propias. Y en eso, mi personaje se vuelve una experta: reconoce sus instintos, las fuerzas vitales que nos llevan a exponernos, a desear devorar, pero también las pulsiones de disolución que nos llevan al abismo y a buscar ser devorados.

 

De alguna manera hay canibalismo o antropofagia en la historia cuando se habla de la relación de amor y hambre como en el caso de la secta de la India que mencionas, para quienes la mejor manera de honrar y resguardar a sus muertos es comiéndoselos, o inclusive la referencia que haces sobre la Eucaristía. Yo me pregunto, ¿qué hay detrás de la expresión “comer a besos”? por ejemplo de los padres respecto a sus hijos pequeños, que está en el principio de la novela, cuando los padres de Artemisa-bebé la embadurnan con miel y, literalmente, se la comen a besos.

A mí se me antojaba en un principio llevar a dos extremos al personaje de Artemisa. Uno, que fuera capaz de comerse el corazón de su amado, una suerte de canibalismo amoroso, y dos, me daba la tentación de hacerla chef, como una vuelta de tuerca contemporánea ahora que la gastronomía es tan actual. Que tuviera su propia cocina de especialidades carnívoras y que ese alguien que tradicionalmente había sido devorado, creara platillos para "devorar mejor", que se volviera una experta en cuestiones de comida. Pero el sustrato era el carácter simbólico detrás de comerte al otro: esa voracidad por apropiarte del otro que es nuestra manera de abrevar del mundo, lo mismo en la posesión amorosa que en la exaltación mística: la necesidad de fusión. Decía el poeta Antonio Machado que el primero de nuestros conocimientos es el hambre, y cómo no si desde el principio somos bocas que se beben la constelación del pecho materno. Todo desarrollo sustancial de lo humano tiene que ver con estos saltos de sublimación de necesidades básicas a experiencias mucho más sutiles: la entrega amorosa, la sed de conocimiento… Está en el control para no morder y lastimar no sólo con los bebés sino en los seres que amas. Cuando besas en lugar de morder, hay un desvío civilizatorio, estás actuando una metáfora que permite la vida.

 

La novela de principio a fin es sinestésica y por lo mismo con muchísima carga sensorial. ¿Qué dificultad tuviste al mezclar los sentidos?

Se dio en la escritura la ocurrencia de pensar que Artemisa tenía ojos enormes e inmediatamente la resonancia del cuento original cuando sus padres comentan: “—Pero qué ojos más grandes tiene esta niña… —¡Son para comernos mejor!” Yo no había pensado en un principio en un personaje que comiera con los ojos, pero me pareció un hallazgo que debería aprovechar y por ahí se fueron mezclando de manera sinestésica los diferentes sentidos: devorar con los ojos, conocer con la boca. Son revelaciones que encuentras en el proceso, como el hecho de incorporar el tema de las plantas carnívoras, por ejemplo, que se dio por la fascinación / repulsión hacia otras vertientes icónicas del acto de devorar con sus reminiscencias atávicas, como la metáfora que nos plantean las carnívoras como animales disfrazados que de pronto, como bien dice Eduardo Lizalde, son verdaderos "lobos vegetales”.

 

Ya mencionamos como antecedente el cuento de la Caperucita roja explícitamente, pero veo otros dos cuentos: “La bella durmiente” por la receta de “La almohada de la bella Aurora”, aunque aquí la referencia es más por la película de Disney a diferencia del cuento original, y también “Hansel y Gretel” cuando Rodolfo juego con Artemisa y le deja un camino de piezas para construir “La casa de la cascada”, justo como migajas. ¿Es casual la relación o de manera indirecta los cuentos de hadas se relacionan?

De mi parte fue un jugar con esas posibilidades como resonancias literarias, por ejemplo, a la hora de entramar la escena de seducción con el primer lobo, que es el más importante en la historia de Artemisa: Rodolfo; este juego de seducción parte de la idea de sembrar tentaciones como migajas en el camino, que en realidad nada tiene que ver con la función de señales para el retorno del cuento de Hansel y Gretel. Pero en los cuentos de hadas sí está presente el asunto de la tentación como ejercicios de maduración del yo. En el caso de Artemisa, se presentan como etapas para su crecimiento y autoafirmación psíquica y sensual. En buena medida, funcionan para articular esas partes oscuras e irracionales que nos llevan a todos a interactuar con el lobo, a meterte en la cama con él, pero también a urdir la supervivencia a partir de las fuerzas propias: la capacidad de goce que puede ser liberadora, sobre todo si la asumes sin victimizarte, así como la intuición para detenerse y escapar en el momento necesario.

 

Hablando particularmente sobre el proceso de creación, te gusta manejar mucho el travestismo textual. Por ejemplo, en Las violetas son flores del deseo es Julián Mercader quien está hablando o vemos la historia a partir de sus ojos, y en este caso es Artemisa, que uno podría suponer es la propia autora.

Al narrar la voz de una mujer como Artemisa en primera persona era muy fácil que la gente me adjudicara las experiencias de ella a mí como autora. Está muy de moda la autoficción, pero eso no significa que una primera voz narrativa no pueda ser ficcional o imaginaria. Me sucedió antes en Las ninfas a veces sonríen cuando la gente me preguntaba si el personaje de Ada era un alter ego, incluso por el hecho que se llamaba Ada y yo Ana. En realidad, no existe más realidad literaria que la que se haya en los libros, y para acentuar esa materia de los sueños y el lenguaje, me permití en El amor es hambre jugar con esos límites llevándolos al extremo de incorporar un par de fotos mías, unos autorretratos de mirada acechante entre el cabello boscoso.

 

O el texto de “Caperucita en la cama” en el interior de la novela, firmado por una tal Ana Clavel.

Ese texto es un recurso intertextual que pone en evidencia los límites inciertos de la creación… Pero en el caso de los autorretratos es todavía mayor el juego de alteridad para seguir con la fantasía no sólo del lector sino mía propia de que yo me puedo parecer a Artemisa, o incluso puedo ser ella. Son escarceos en el bosque de la escritura como cuando uno como lector se acerca a una obra y de pronto, a través de ese pacto ficcional en términos de verosimilitud que se establece sobre todo con la primera persona narrativa, te permite creer que el personaje eres tú. Y entonces te lo apropias. A tu modo lo devoras y… te devora.


   
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Alan Saint Martin

Nació en el Estado de México en 1988. Docente, encuadernador y licenciado en Letras Iberoamericanas por la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ). Diplomado en Escritura Creativa por la misma...


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