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NUEVA ÉPOCA NÚM. 155 ENERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Conversación con Jorge Aulicino
Leer a Dante hoy


Minerva Margarita Villarreal / José María Espinasa
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 155| Enero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Villarreal, Minerva Margarita , "Conversación con Jorge Aulicino. Leer a Dante hoy" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Enero 2017, No. 155 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=809&art=17570&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El autor argentino Jorge Aulicino ha emprendido una tarea intelectual y literaria de dimensiones colosales e intimidantes: hacer una nueva traducción de la obra maestra de Dante Alighieri: La divina comedia. Dos poetas mexicanos lo entrevistan en torno a las dificultades, complejidades y fascinación de un gigante de la literatura universal y su visión de la vida ultraterrena.

 

Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949) es uno de los poetas argentinos más importantes de la actualidad. En 2012, en la editorial Bajo La Luna, apareció el título Estación Finlandia (Poemas reunidos, 1974-2011). En el marco del Primer Festival de Poesía El Avispero, en Chilpancingo, Guerrero, donde se presentó la edición mexicana de su Libro del engaño y el desengaño (Ediciones Sin Nombre, 2016), conversamos con él respecto a su traducción de La divina comedia de Dante, publicada el año pasado en su país.

Aulicino ha sentido una inclinación particular por traducir a los poetas italianos del siglo XX ―Cesare Pavese, Pier Paolo Pasolini, Franco Fortini, Valerio Magrelli, Antonella Anedda―, aunque también ha realizado versiones de John Keats y, en colaboración con Jorge Salvetti, textos de Frederick Seidel. Apoyado en su importancia como poeta en Argentina y su reconocida labor como traductor, Aulicino emprende un proyecto que da vértigo, la traducción de un libro canónico que realiza la transición entre la Baja Edad Media y el primer Renacimiento o el Renacimiento de los humanistas; una obra tan única que es difícil encasillarla, un poema sumamente dador que incita a cada época a leerlo.

 

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Ya bien señalaba Eliot que el poeta que más podía enseñarle a un joven autor es Dante. Un poema que, como todo gran poema, obedece a su tiempo, y cuya expresión es tal que los diferentes tiempos pueden abrevar en él. Dante, con su genio lírico, crea el infierno, ofrece la lección humanista de Virgilio y el mundo latino, y es tal su ambición que, a través de tercetos encadenados, no sólo rescata sino proyecta y funda una lengua. Desde el toscano Dante crea la lengua italiana, incide en el Renacimiento y en todas las épocas posteriores.

Su poema ha sido continuamente asediado por los traduttori-traditori desde hace muchísimos años, en la búsqueda de una presencia actual del gran texto que funda la literatura italiana. Bajo esta perspectiva, esta traducción se presenta como un ambicioso y admirable proyecto.

 

¿Cómo te involucraste en un proyecto tan ambicioso como traducir La divina comedia?

Empecé a traducir poesía italiana hace mucho, como aficionado nada más. Mi padre se casó por segunda vez —mi madre biológica murió cuando yo era muy chico— con una señora que era, como él, hija de italianos, pero además era profesora de esa lengua, maestra de italiano, y ella me enseñó el idioma. Yo tenía más de 20 años, y me enseñó sobre la base de poemas; los utilizaba como textos, los leíamos y al traducirlos íbamos viendo verbos, adjetivos y vocabulario.

Así aprendí. Tuve una actividad tardía como traductor; después —años después— empecé a traducir muy poco a poco. El primer escritor que traduje fue a Juan Rodolfo Wilcock, un escritor argentino que se fue a Italia y terminó escribiendo en italiano. Él tradujo a Eliot —La tierra baldía—, tiene una traducción muy buena; traductor del inglés, del alemán, no sé si del francés, pero decidió no escribir más en castellano y empezó a escribir en italiano (esos libros todavía están inéditos en Argentina). Es una poesía totalmente distinta a la que escribía en español; en nuestra lengua era un poeta muy tradicionalista, escribía sonetos, poemas con rima y métrica fija, y en Italia empezó a escribir en italiano y en verso libre.

Traducirlo a él fue la primera tarea que hice por mi cuenta. Yo tenía como treinta años, en los años ochenta, y lo traduje sin un beneficio particular; es decir, no era para editarse, me gustaban sus poemas. No lo conocí en persona, pero algunos poemas que traduje de él se publicaron en el Diario de poesía, un periódico de Buenos Aires que no sale más; no todos, tengo muchísimos más que no se han publicado. Y así seguí con otros autores. Por qué empecé con La comedia es otra historia.

 

¿Y fue el italiano enseñado por tu madre lo que te llevó a la literatura?

No, ya tenía interés en ella, intenté escribir desde antes, a lo que sí me acercó es a la literatura italiana y a la poesía italiana del siglo XX, que me resultó muy importante. Creo que ahí hay una escuela buenísima de poesía, todo lo que se le llamó hermetismo, pero en realidad no lo es, no hay nada de hermético. Es en italiano que me siento cómodo traduciendo. Básicamente traduzco del italiano.

 

La divina comedia, ¿cómo se te ocurrió esa locura?

La divina comedia no era un libro fundamental para mí hasta que lo descubrí en otros poetas; descubrí las alusiones que hacían Eliot, o Borges: era un libro muy citado. En mi casa había muchos libros; mi papá era un anarquista autodidacta y compraba muchísimos libros. Tenía la traducción de La comedia hecha por Bartolomé Mitre, que fue el primer traductor en Argentina: un político, presidente, militar, todo lo que eran en esa época, en el siglo XIX. No se sabe bien cómo ni cuándo, pero en algún momento tradujo La divina comedia. Estaba en la biblioteca de casa, pero no me gustó, claro. Tenía 15 años.

Después empiezo a acercarme a ella a través de los autores que la mencionaban y citaban, y empiezo a traducirla; tendría ya más de 30 años, no fue una cosa de juventud. Empecé a traducir cantos aislados, salteados, los que me gustaban de El infierno. Un día reuní los que tenía: no eran muchos, serían diez de los 33, más bien de los 34 —porque El infierno es el único que tiene un canto más— y pensé: voy a tratar de completar El infierno. Ese fue mi primer proyecto. Cuando lo tuve dije: voy a ver qué pasa con El purgatorio, y logré también hacerlo. Con El cielo tuve problemas. Pensé al principio que no lo podía traducir. Es difícil porque es muy filosófico; todos los personajes en general cuentan una parte de la historia de Europa o de Italia en particular o hacen filosofía escolástica, filosofía medieval, Santo Tomás. En El paraíso no hay nada más que santos. Es un poco más aburrido, digámoslo así, que El infierno y El purgatorio.


   
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Minerva Margarita Villarreal / José María Espinasa

Nació en Montemorelos, Nuevo León, el 5 de abril de 1957. Poeta. Estudió la licenciatura en sociología, el diplomado en teatro y la maestría en letras españolas en la Universidad Autónoma de Nuevo León....


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