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NUEVA ÉPOCA NÚM. 156 FEBRERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Los mártires de la Cristiada
Cuando la pólvora desaparece


Fernando M. González
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 156| Febrero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

M. González, Fernando , "Los mártires de la Cristiada. Cuando la pólvora desaparece" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2017, No. 156 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=810&art=17608&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Perteneciente al Instituto de Investigaciones Sociales de nuestra Universidad, Fernando M. González se ha dedicado a estudiar la historia de la Iglesia católica mexicana en el siglo XX, como lo demuestra su libro La iglesia del silencio. En este ensayo, el investigador desmenuza dos casos de participantes en el conflicto cristero que, por su condición de “mártires”, han sido beatificados.

 

No muevas esa lápida, soy rico sólo en huesos.
OCTAVIO PAZ

 

Averiguar es peor que saber a medias.
JUAN VILLORO

 

A raíz de la visita del papa Francisco a México en febrero de 2016 voy a tratar de mostrar un aspecto de las sustanciales transformaciones contextuales que se han dado en el país respecto de las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado mexicano, tomando como hilo conductor los denominados mártires de la Cristiada. Beatificados y canonizados en una época en la cual la mayoría de los asesinados más contemporáneos ya no son convertidos en héroes arropados y constituidos por una narrativa religiosa, sino apenas cubiertos por una mínima capa discursiva que alude a ellos como “desaparecidos”, o como “desechos”, muertos por diferentes causas y en diferentes contextos.

 

INTRODUCCIÓN

Estas causas pueden ir desde querer implantar el reino de justicia del socialismo en la denominada guerra sucia de los setenta, a muertos por el mercado de la droga o asesinados por el ejército en tanto miembros de la población civil o por los narcos, o ser migrantes que buscaban mejores horizontes en Estados Unidos, o…

Los asesinados han encontrado su punto de condensación en los desaparecidos de Ayotzinapa, espectros por lo pronto condenados a errar en una especie de vacío de cenizas, localizado en un basurero y un río y diseminado en otros lugares no localizables hasta ahora. En este caso no sólo la pólvora sino también los cadáveres desaparecen.1

 

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José Sánchez del Río
© Archivo UNAM

 

En el caso de los que sí alcanzan no sólo representación sino posibilidades de exaltación, uno de los ejemplos privilegiados es aquel que está a cargo de la maquinaria católica constituida para producir santos. Esta producción tiene una ganancia secundaria, por así decir: la de compensar la zona oscura que chirría y vuelve impresentable una serie de prácticas de una parte de los miembros que reproducen a la institución. Ahora bien, la producción de santos implica en un buen número de casos una operación de lifting que permite transfigurar a los que han sido elegidos para ser admirados y venerados.

Respecto a este tipo de producción voy a poner el énfasis en los mártires de la Cristiada. Esta administración-producción realizada por la jerarquía eclesiástica mexicana está articulada a la política vaticana, y en el caso preciso que analizaré ha implicado una precisa operación de transfiguración de la violencia que no ha quedado exenta de ciertas dificultades para tornarla verosímil. Veamos por qué.

Si comparamos los casos del “martirio” del joven José Sánchez del Río a los 14 años, que se moría de ganas de “dar su vida por Cristo”, y el del jesuita Miguel Agustín Pro, que también aspiraba a ser mártir —y al cual el presidente Calles en un acto de “generosidad” inusitado se lo concedió fusilándolo sin previo juicio—, con aquel otro de Miguel Gómez Loza, lugarteniente del líder civil de Jalisco Anacleto González Flores, tendremos una muestra si no exhaustiva al menos significativa de diferentes posibilidades de transformación de la parte activa de la violencia, de los que pretendieron “matar por Cristo” —o que otros lo hicieran por ellos— en solamente “morir por él”. Los dos últimos ya son beatos; en cambio, el primero ya aseguró su canonización gracias a un decreto firmado por Francisco el 21 de enero de 2016, por lo que será venerado como santo.2

 

EL JOVEN MARTIRIZADO QUE ASPIRÓ A SER GUERRERO: JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO

 

Una revolución sin muertos [es] la vida de Cristo sin Gólgota, el thriller sin cadáver: la historia muy barata.
RÉGIS DEBRAY, Alabados sean nuestros señores

 

Y la Cristiada por cierto resultó una guerra muy cara y no solamente en muertos. Como escribí en otra parte, el relato de la tortura de Sánchez del Río es francamente crístico, ya que se despliega describiendo el camino al “Gólgota” del panteón de Sahuayo, Michoacán, con las “plantas de los pies talladas con un cuchillo y después ‘cocido’ a puñaladas, mientras se le pedía renegar de su fe”.3

José Sánchez del Río, siguiendo el ejemplo de sus hermanos y sumergido en el clima de la exaltación del martirio y la defensa de su fe, se apersonó con un general de su región para darse de alta en el ejército cristero. Unos relatos dicen que no sabía manejar el rifle pero sí los caballos. El hecho es que el militar le propuso llevar la bandera y, según esto, cuando salvó a su general prestándole su caballo fue hecho prisionero y llevado a una iglesia convertida en establo.

En esta iglesia-establo localizó los gallos del diputado Rafael Picazo, vecino y amigo de la familia del futuro mártir antes de la guerra. Indignado al parecer por el uso tan poco sacro del templo, decidió contribuir a acelerar su martirio y mató a los gallos del citado diputado.4 La articulación que parece darse a veces entre la necesidad de que alguien asuma la función de verdugo y el deseo incontrolable de ser mártir no deja de producir inquietantes reflexiones.5

 

 

1  Con una larga cauda, por ejemplo: cinco jóvenes de Tierra Blanca, Veracruz, que según declaraciones de un policía fueron “quemados y posteriormente triturados en un molino de caña y los restos tirados en un río cercano”, La Jornada, 2 de marzo de 2016, p. 3. Y los mataron porque a los policías les parecieron “sospechosos” y estaban “fortachones” y, el colmo de la osadía, iban en un automóvil con placas foráneas. El horror en estado puro. [Regreso]

2  Partiendo del supuesto católico de que su Dios interviene discrecionalmente en la Tierra y se manifiesta, entre otras posibilidades, por medio de lo que denominan milagros, el citado santo “curó” a la niña Ximena Guadalupe Magallón, la que entre otras cosas había sufrido de “meningitis, tuberculosis, convulsiones epilépticas y un infarto cerebral”. La madre de la salvada relata: luego de que su hija fue desahuciada por los médicos y de que se tomó la decisión de desconectarla, los padres la encomendaron a la Virgen de Guadalupe y a “Joselito”, como cariñosamente lo denomina. Y “cada vez que pasaba la imagen de Joselito por el rostro de mi hija ella hacía algo” hasta que recuperó el cien por ciento de su cerebro. Karina Palacios, “El milagro que elevará a los altares al niño cristero”. Milenio, 7 de febrero de 2016, p. 34. La periodista hace morir al mártir en Cotija y no en Sahuayo. Pregunta ociosa: ¿que causó más efecto: los “pases” de Joselito o la invocación a la Guadalupana? El hecho es que la niña “milagrosamente” salvada dijo que esperaba abrazar al papa el 16 de febrero y con tal fuerza que “le voy a sacar el aire”. Desconozco si logró su objetivo. Me refiero al de encontrarse con el papa. [Regreso]

3  Fernando M. González, La iglesia del silencio: de mártires y pederastas, Tusquets, México, 2009, pp. 146-148. [Regreso]

4  Existen otras versiones, como la que consigna Teresa Zerón Medina en http://bit.Ly/ISmCY3t. [Regreso]

5  Como también las suscitan aquel tipo de relaciones que muchas veces se anudan entre el abusador y el niño o púber abusado, y en las que, a pesar de experimentar la violencia manifiesta, aquellas continúan sin que el segundo pueda desprenderse del primero. [Regreso]


   
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Fernando M. González

Nació en 1947 en Jalisco. Psicoanalista formado en el Círculo Psicoanalítico Mexicano, A.C. (1976-1979), del que fue cofundador. Doctor en Sociología de las Instituciones (Universidad de París VIII, Sorbona,...


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