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NUEVA ÉPOCA NÚM. 156 FEBRERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La morada desierta


Margarita Villaseñor
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 156| Febrero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Villaseñor, Margarita , "La morada desierta" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2017, No. 156 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=810&art=17623&sec=Creaci%EF%BF%BD%EF%BF%BDn > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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LAS COSAS PERDIDAS

Quiero hallar el lugar en donde caen
las cosas perdidas.
Todo lo que perdemos va a dar a un pozo profundo
o a un cuarto en penumbra.
Quiero estar ahí.
Quiero que el piano toque en las madrugadas,
recuperar mi corazón que se escapó a San Francisco,
la pluma del Hipogeo,
mi niñez, los besos de mi padre,
el día de nuestra boda.
Quiero encontrar las minucias cotidianas,
a los amigos que se han ido.
Pero no conozco el camino.
Así que mejor le pido a san Martín Caballero
que me encuentre mis llaves,
los papeles urgentes,
los lentes que no sé en dónde dejé.
Le pido, sobre todo, que me encuentre tus ojos,
tus pisadas, tu voz.
Le pido con devoción
que encuentre las flores que me diste,
la canción que me cantas,
y que regreses, amor,
que ya regreses.

 

PELÍCULA

Cuando regreses voy a ir a recibirte a la estación del tren.
O iré en limousine al aeropuerto.
Tal vez a un muelle del Pacífico a ver llegar el barco
y agitar mi pañuelo.
Todo como en un filme invadido de niebla.
Me pondré un abrigo gris
y un sombrero de fieltro.
Llevaré, por si acaso, un paraguas inglés
y un maletín de piel para los sueños.
Tantos días lejanos, en una ficción de celuloide,
en otro paralelo, con imágenes nuevas de ti mismo.
Voy a llevar conmigo una banda de música
y unas ramas de eneldo,
una mañana abierta o una tarde de junio,
o una noche oscura de luceros.
Llegaremos a casa
justo para tomar el té con el Brahms, en charola de plata.
La Greta se pondrá un vestido de tul.
Tendremos una cena con velas y champaña.
Te pondré sobre el plato un manojo de insomnios
y otra más de mis cartas.

 

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© Wikicommons

 

SIN ALAS

Una sola persona, tuya y mía.
Naranja desgajada,
alondra mitad muerta y mitad viva.
Mariposa con alas en continuo coloquio.
Diálogo fragmentado de recuerdo y silencio.
Andar a ciegas, avanzar a tientas,
como mi orfandad recién nacida,
entre el abandono y tu presencia,
como la móvil ambición de la yedra,
como el jardín umbrío de la casa,
esa misma casa que te guarda:
techos altos, muros gruesos que no contienen nada,
solamente tu halo, tu silueta, tu voz y tu mirada,
vagabundos fantasmas en el aire helado,
en el cielo azul de Guanajuato,
que se hospedan en mi cuerpo desierto,
en mi corazón, en mi llaga.

 

ENCUENTRO

La palabra apenas comenzada se me vuelve de sol,
se desvanece en el minuto frío.
En el centro del mundo, en mi centro,
en cada poro de mi piel, estás prendido.
En el preciso centro de mi reloj de arena,
en la punta vibrante de la flecha que dirige mi brújula,
un día cualquiera,
una fecha al azar,
un don fortuito.
Me visitó tu amor y se quedó conmigo.
¿Qué luz me trajo el alba?
¿Cómo me floreció que desgarró mis párpados vencidos?
Un grifo de agua en el patio de la vieja casona,
un claro en el bosque, un silbido que derrumba al miedo,
una sonrisa en el aire, una pincelada de asombro
en el rojo de mi sangre ―rosa sin pétalos y con sentidos―.
En tus ojos ―dos uvas maduradas, dos nísperos en flor― hay un camino.
En el rincón de tu hombro y de tu cuello hay tal reposo
que duerme un pájaro sin trino.
Te doy mi soledad, te doy mis manos,
te entrego mi tristeza toda entera,
el hilo de mi vida para tejer madeja,
humedece tu boca en el color del vino.
Largo amor, frágil tal vez, amor con años de promesa.
Bodas de oro, diamante de quilates perfilado,
juramento de luz donde yo escucho el roce del sol sobre tus párpados,
donde advertí la gota de miel sobre tu lengua, en tu dulce saliva,
en el dócil abandono de mi mano.
Gaviota de mares, de olas, de nubes, de arenas doradas.
Fertilizas mi voz, el tartamudeo teñido de semiótica tímida de los hados,
que revienta en las yemas de mis dedos en capullos de nardos,
que conjuga el amor sin tiempos ni personas,
repitiendo tu nombre como surcos de un campo.
En mi piel y en mi carne, en el íntimo rescoldo de mi aliento,
se dice la tonada de tus pasos.

 

LOS MALOS HÁBITOS

Me estoy acostumbrando
a esta nueva relación de amores.
Extranjera en mi piel y en mis pesares,
me he acostumbrado ya
a verte en los retratos,
a oírte por teléfono,
a hablarte en mi interior.
A una intimidad de caracol marino
con idiomas lejanos y distintos.
A un transcurrir medido en un reloj de arena.
Me he acostumbrado ya
a este diálogo sin acotaciones,
a esta continua confidencia sin escuchas.
He adoptado el mal hábito de comentar,
de decidir y argumentar sin ti.
Esta jaula de trinos
que resuena en la casa diariamente…
Hablo con tu lengua, miro con tus pupilas,
oigo con el tímpano de tus oídos.
Y aun así,
en esta dualidad que yo imagino,
extraño mi otro yo
y lo necesito.


   
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Margarita Villaseñor

Nació en la Ciudad de México el 30 de abril de 1943; murió el 12 de agosto de 2011. Poeta, ensayista y dramaturga. Estudió letras francesas en el IFAL, letras modernas y latinoamericanas en la Universidad de...


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