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NUEVA ÉPOCA NÚM. 156 FEBRERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Un estilete en el alma


Elena Poniatowska
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 156| Febrero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Poniatowska, Elena , "Un estilete en el alma" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2017, No. 156 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=810&art=17626&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Una mujer se ha tatuado el cuerpo. Su historia, contada por Adela Salinas en la novela Piel viva, lleva a Elena Poniatowska a una reflexión en torno al elusivo mundo del tatuaje, y la forma en que este fenómeno refleja los movimientos y búsquedas del alma humana a través de la pintura en el cuerpo.

 

Creía yo que el tatuaje estaba ligado a la cárcel, al campo de concentración, al cuartel, a la caballada. Marcarse con hierro caliente era transformarse en vaca, en toro de lidia, en animal, en algo diabólico que tenía que ver con el infierno y la humillación. En Francia, en los treinta, a ninguna niña le perforaban el lóbulo de las orejas para ponerle aretes. En México, esta operación, en mi caso y en el de mi hermana, fue un regalo de quinceañera. Por eso el libro de Adela Salinas me atemorizó. ¿Cómo una niña pequeña, sonriente, carirredonda y tan dulce como Adelita ―quien insistía en preguntar a los escritores si creían en Dios para su libro Dios y los escritores mexicanos― podía escribir una novela sobre los que se revientan la piel? No entendía yo que, para colmo, al querer espantar a la comunidad humana, se mutilaran. Atemorizar, provocar rechazo o desconfianza, ligarse a alguna secta sombría y peligrosa parecía el fin de su vida porque el tatuaje se queda para siempre.

Tatuar es sacar sangre, tatuar es perforar, tatuar es violar. Un tatuaje es un atentado. Así lo veía yo y así lo sigo viendo a pesar de la novela de Adela Salinas: Piel viva: del amor y otros tatuajes, que ahora lanza Ediciones B para ahuyentar a Santa Claus cuando baje por la chimenea con su costal de regalos.

 

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Para Adela, el tatuaje puede ser una trascendencia, un contacto nuevo que va más allá del dolor porque a través de los símbolos dibujados en su piel convierte en arte un sentimiento, un momento. Es también una compañía. Es una aceptación y en esa medida es liberador. Dolor con dolor se cura. También es masoquismo. Alma Torres dice: “Un tatuaje, al momento de hacerse, cobra una nueva vida” porque convives con él y te revela a ti misma. Exhibirse al juicio de los demás a través del tatuaje es desnudarse. Adelita escribe: “Mi piel es un archivo completo, lleno de detalles, cubierto mil veces. Hay algunas cosas enterradas entre otras. Así es la vida”.

El doctor Lakra, Jerónimo López Ramírez, hijo de Francisco Toledo y Elisa Ramírez, es hasta ahora el más famoso tatuador de México. Alguna vez Carlos Monsiváis me informó risueño que estaba a punto de hacerse un tatuaje, y añadió: “¿Sabías que el doctor Lakra gana más que Toledo, el pintor más cotizado de México?”.

Alma Torres, la heroína de la novela de Adela Salinas, ya no tiene un solo centímetro de piel sin tatuar. Tampoco sus entrañas escapan al tatuaje porque el punzón eléctrico entra hasta su vagina. En una de sus novelas, Carlos Fuentes habla de una vagina dentada que impide la posesión puesto que muerde y cercena, una Tlazoltéotl, diosa de la inmundicia y la lujuria, comedora de excrementos. Adela Salinas es aun más específica; no nos da ni un minuto de gracia: el dolor debe continuar hasta que el tatuaje quede para toda la vida.

El nombre de la protagonista es un acierto de Adela Salinas, porque si la piel tiene un peso significativo en la novela, la metáfora no lo es menos: las verdaderas cicatrices se llevan en el alma. También hay que destacar el lenguaje de su amante, Pulso, el protector y tabla de salvación de Alma Torres pero también su verdugo porque es el encargado de cubrir con tatuajes cada parte de su cuerpo. El ambiente en el que se mueven los personajes está muy bien trabajado: el convento que alberga la maldad de algunas monjas (a una de ellas le debe Alma Torres su masoquismo y resistencia al dolor), el barrio de la protagonista y el taller de Pulso son recreaciones que logran que el lector padezca en “piel viva” sus miserias y padecimientos.

“Mamá, mira a este hombre” me señaló Mane alguna vez en el negro Palacio de Lecumberri a un preso tras de los barrotes que presumía a una mujer desnuda, horriblemente tatuada sobre su pecho y su estómago que él volvía obscena a cada movimiento de su vientre, al igual que Apolonio en El apando, la obra maestra de Revueltas, simula un coito al mover su poderoso abdomen.

Leer el libro de Adela Salinas resultó muchísimo más duro de lo que yo pensaba. Me sacudió y me obligó a reflexionar sobre el sufrimiento y la agresión. Adela expone el dolor de su protagonista, Alma Torres, y lo graba en su piel hasta el horror y la repulsión. Al igual que el gran escritor Yuri Herrera, doctor en letras y visiting professor en universidades de Estados Unidos ―quien nos abre la puerta al mundo de la droga en su extraordinaria novela Trabajos del reino―, Adela nos mete, querámoslo o no, en el mundo del tatuaje que refleja también la devastación que provocan el narcotráfico y la muerte. ¿Qué pasaría si todos tatuáramos nuestros traumas, tristezas, deseos, culpas y frustraciones creyendo liberarnos? ¿Seríamos nuevos retratos de Dorian Gray?

Quizás el tatuaje es un tratamiento más eficaz que el psicoanálisis, más punzante y desde luego más barato y definitivo. Quizá todos acabemos siendo deudores de Adela Salinas y su Piel viva: del amor y otros tatuajes que nos brinda Ediciones B para desearnos una feliz Navidad. Los tatuajes de Alma Torres son una revelación de sí misma, lo de adentro queda afuera. Lejos de condenarla, el lenguaje gráfico de su cuerpo la explica y la exorciza.

¿La exorciza?

Para Lukasz Czarnecki, doctor en sociología de la UNAM y de la Universidad de Estrasburgo, el tatuaje te saca del tiempo y te coloca en la eternidad. Tatuarse te permite estar fuera del tiempo como el amor. Timelessness es la palabra que utiliza el doctor Czarnecki. Varias mujeres se han tatuado el pecho después de un cáncer de mama y tienen mucho que agradecerle a su tatuaje y a su tatuador, ya que en casos especiales el tatuador hace una rebaja porque considera que es un psicoanalista que ayuda a sus clientes a recobrar su autoestima. (No cobra lo mismo un tatuador experimentado de San Ángel que uno de la colonia Roma. En la calzada de Las Bombas abundan los negocios de tatuadores y acuden sobre todo jóvenes). Algunas también piden que se les tatúe un pezón: otras piden flores de loto, mandalas, flores coloreadas, paisajes que apaciguan el espíritu. Para una mujer a quien le han quitado un pecho (mastectomía), el tatuaje cambia su perspectiva ante el significado de la mutilación. Después de todo, la piel es un lienzo; embellecerlo es gratificante aunque desde luego el tatuaje resulta mucho más doloroso en las axilas, en las partes blandas y en las manos y en los pies. ¡No quiero ni pensar en el dolor que sufrió la joven que tatuó su sexo con una mariposa!

Adela Salinas cree que tatuarse es una decisión de vida y lo hace creer a sus lectores. Para mí, ver en Polonia, en 1966, brazos con números de campo de concentración fue más que una tragedia, una inmensa vergüenza. Con el paso de los años esta vergüenza se ha acendrado. Va más allá de mí, va al tren lleno de hombres, mujeres y niños que pintó el grabador Leopoldo Méndez, va a los campos de exterminio de Auschwitz, Treblinka, Ravensbrück, Mauthausen. Para Adela Salinas, nacida en México en 1968, practicante tántrica de meditación, artes marciales, cábala, buscadora de respuestas y chamanismo, Piel viva es un mapa de la conciencia desde que Alma Torres se forma en un convento de monjas y es violada por una monja hasta que encuentra en el amor de Omar-Pulso, su tatuador, una forma de vida en la que se construye una nueva identidad.


   
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Elena Poniatowska

Nació en París, Francia, el 19 de mayo de 1933. Radica en México desde 1942. Narradora y periodista. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, alemán, polaco, checoslovaco, sueco, noruego,...


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