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NUEVA ÉPOCA NÚM. 156 FEBRERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Río subterráneo
Un alarido de angustia


Claudia Guillén
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 156| Febrero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Guillén, Claudia , "Río subterráneo. Un alarido de angustia" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2017, No. 156 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=810&art=17628&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Desde tiempos muy remotos sabemos que el ser humano se ha valido de distintos lenguajes para comunicarse. Basta con detenernos a escuchar algunas de las piezas compuestas por Mozart; o bien, contemplar las pinturas realizadas por Miguel Ángel, tan sólo por mencionar, apenas, algunos ejemplos de las expresiones artísticas concebidas por el hombre. Se trata de lenguajes que nos trasladan a diversos escenarios y despiertan emociones disímiles, unidas por su gran factura estética.

Jesús Ramírez-Bermúdez (1973) nos entrega Un diccionario sin palabras y tres historias clínicas, donde recupera su experiencia como médico neurólogo para ilustrar el proceso de dos pacientes, Diana y Amanda. Como sabemos, el quehacer de un neurólogo es encontrar respuestas científicas a los procesos y enfermedades del cerebro; sin embargo, pareciera que el doctor Ramírez-Bermúdez, en su afán de llegar más allá del método teórico y científico, escarba en diferentes corrientes que aluden a los procesos de la condición humana y cómo estas repercuten en nuestras más profundas obsesiones.

 

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Ramírez-Bermúdez es un espléndido ensayista y su vínculo con la literatura se torna como una relación indispensable en su quehacer cotidiano, como lo han hecho los doctores Francisco González-Crussí, Arnoldo Kraus y Bruno Estañol. Estos médicos se han preocupado por trasladar los escenarios donde se desenvuelven a través de magníficos ensayos literarios. De esta forma, se ha logrado ir consolidando una tradición “clínica-literaria” desde nuestra lengua gracias a estos pensadores.

En Un diccionario sin palabras, el autor echa mano de su gran oficio para enseñar dos realidades antagónicas, que a su vez se podrían replicar en muchas otras realidades a las que nos enfrentamos. Es decir, intercala dos casos clínicos con su propio imaginario, logrando que el lector se interne en el mundo trasfigurado de Diana y de Amanda.

Diana es una joven adinerada del norte del país. Ella sufre un accidente que la lleva a internarse en un estado de coma del que no sale del todo airosa. Por ello, y quizá por el azar, termina como paciente del doctor Ramírez-Bermúdez. Su incapacidad para hablar y para comunicarse, sumada a sus continuos cambios de humor, la llevan a trasladarse, junto con su madre y su novio Oswaldo, al Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de la Ciudad de México.

Conforme el relato avanza se es testigo de la mejoría de esta paciente. Un testigo que se alimenta de las lecturas de otros autores con las que dialoga el autor para sustentar, de forma eficaz, lo que se enuncia en cada página. Con esto se logra una prosa cargada por la estética del ritmo y del conocimiento.

El segundo caso, y el que ocupa más espacio de este libro, es el de Amanda, una mujer de bajos recursos, del Valle de Chalco, quien, al igual que Diana, sufre un accidente que la lleva a internarse en un estado de coma; tras su aparente recuperación, termina en un hospital psiquiátrico pues intenta quitarse la vida en un par de ocasiones. Ella es una madre soltera que tiene cinco hijos, y que después del accidente se desinhibe puesto que no muestra ningún resquemor para desnudarse en público o tener encuentros íntimos con desconocidos. Su madre es su cruz y su lazarillo: y ambas transitan el camino del cielo, en la menor de las ocasiones, y del infierno.

La falta de inteligencia lingüística en estas dos mujeres las ha unido; sin embargo, como en cualquier novela del siglo xix, el destino de la que falta a la moral es trágico, como es el caso de Amanda.

La segunda parte del libro, “Bocetos”, está compuesta por catorce apartados en donde el autor alude tanto a otros casos clínicos como a sus propias obsesiones éticas, estéticas y literarias. Y para cerrar estos ensayos, el autor integra un breve diccionario de las palabras utilizadas a lo largo de este libro.

La forma de la que se vale Jesús Ramírez-Bermúdez para narrar las situaciones dota a Un diccionario sin palabras de una enunciación exacta, perfectamente bien trazada, que impacta en las acciones de quienes aparecen como personajes de estas historias clínicas. Se trata, pues, de varios relatos de lo cotidiano en donde no sólo se muestra a quienes enferman sino a quien los trata: el médico. Esa mirada que sólo podremos encontrar a través de la lectura de esta obra que abre grandes preguntas sobre la condición tanto del lenguaje oral como del escrito. Aunque gracias a las historias de Diana y Amanda, tenemos la posibilidad de internarnos en esos alaridos de angustia.

 

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Jesús Ramírez-Bermúdez, Un diccionario sin palabras y tres historias clínicas, Almadía, Oaxaca, 2016, 270 pp.


   
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Claudia Guillén

Nació en 1963. Narradora, ensayista y promotora cultural. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM. Egresada de la Escuela Escritores de la SOGEM, obtuvo la beca de Jóvenes Creadores del FONCA en la...


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