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NUEVA ÉPOCA NÚM. 156 FEBRERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Callejón del Gato
Didascalia


José Ramón Enríquez
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 156| Febrero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Enríquez, José Ramón , "Callejón del Gato. Didascalia" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2017, No. 156 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=810&art=17638&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Valle-Inclán llegó por primera vez a México con una compañía teatral. No venía como actor sino como galán de una actriz, pero conoció desde adentro ese mundo que solemos llamar “tripas del teatro”, así como esa fraternidad que sólo se conoce en las compañías teatrales y a la cual potencia, más allá de lo imaginable desde fuera, una gira transoceánica. Y desde ahí, como algún crítico ha notado, comenzó a gestarse un nuevo Valle, el de Tirano Banderas que llega al Callejón del Gato y al Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte.

Pero lo que más me importa subrayar en estas notas es la manera cómo, estoy cierto, el haber vivido las entrañas, las tripas del teatro, conformaron su original manera de cambiar impresiones, de charlar con las compañías que debían representar sus obras. Es decir, no llenar sus obras de acotaciones precisas sino de ese género que en el teatro conocemos con la expresión justa de didascalia.

 

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A diferencia de la acotación, que es una simple señal de tráfico que el autor introduce en su obra, didascalia, como su nombre indica en griego, son las enseñanzas que implican el diálogo vivo dentro de la compañía. Son el diálogo que subyace al diálogo y, por lo tanto, parte fundamental de la anagnórisis (el reconocimiento) y preludio de la epifanía escénica (el encuentro con los dioses).

Nunca el teatro es más teatro que cuando ha existido a profundidad ese diálogo, ya sea propuesto por el autor en la didascalia, por el director en el indispensable trabajo de mesa o por todos los miembros de la compañía, desde el saludo inicial hasta el telón final de una temporada. Sobre todo si ha habido gira.

Por eso (y aquí dejo a Valle en su Callejón del Gato para adentrarme en lo contemporáneo) gocé y aprendí con el documental Now, dirigido por Jeremy Whelehan, que relata el montaje del Ricardo III shakespeareano bajo la dirección escénica de Sam Mendes, en 2013, con el Old Vic de Londres, precisamente cuando estuvo bajo la dirección artística de Kevin Spacey, quien encarna literalmente al contrahecho y malvado que llega a ser rey contra toda justicia y dejando tras de sí una cauda de crímenes, desprecios, maldiciones, amoríos que lo han vuelto favorito para ser protagonizado por quien sueña con ser actor.

Cabe señalar que tanto Sam Mendes como Kevin Spacey emergen del teatro, que sólo habían trabajado antes en el cine (en American Beauty, ganadora del Oscar) y que con Now pretenden lo casi imposible, acercarse un poco a ese “festín efímero”, como lo llamara en uno de sus libros la inolvidable Esther Seligson. Para ello, la dirección cinematográfica de Whelehan funciona como catalizador perfecto.

Desconozco la distribución que haya tenido Now, aunque supongo que no ha contado con muchos espectadores. Además de probar que la puesta en escena, por cuanto se alcanza a ver en el documental, debe de haber sido extraordinaria, lo que en estas reflexiones más me interesa es la manera como todos los participantes en la obra y en la gira son construidos tanto por sus respectivos personajes como por su trabajo en la compañía. Y no cualquier compañía. Hablamos del Old Vic, donde actuaba el legendario Edmund Kean, fundado hace doscientos años, que llamó en 2003 (dando un ejemplo de apertura contra los nacionalismos) al norteamericano Kevin Spacey.

En Now, Kevin Spacey narra las profundidades en que es construido por su personaje. Es decir, el actor no construye al personaje, sino que el personaje construye al actor, y, en el caso de Ricardo III, lo deforma literalmente para exigirle cuanto un ser humano que no fuera actor sería incapaz de dar. Así, el documental de Whelehan se convierte en didascalia que nos permite entrar en las tripas de una compañía, ver cómo construye a sus participantes y recorrer el mundo con una puesta extraordinaria. Porque fue tal el éxito de Ricardo III que el Old Vic se lanzó a una gira por el mundo entero: de Londres a Singapur, pasando por Epidauro, Nápoles, España, Hong Kong, Estambul o Pekín, hasta Estados Unidos.

Kevin Spacey ha declarado que su personaje de House of Cards todo se lo debe a Ricardo III. No he visto la serie ni me importa, aun cuando tanto la han recomendado. Pero sí me duele que lo efímero, inmediato y vivo, es decir, la esencia que hace del teatro un ritual sagrado, me impida acercarme a la ceremonia shakespeareana celebrada con Spacey como Ricardo III. Pero agradezco entusiasmado que la tecnología me permita la didascalia y sugiero a quien me lea buscar Now. En Netflix, creo.


   
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José Ramón Enríquez

Nació en la Ciudad de México el 22 de agosto de 1945. Dramaturgo, ensayista y poeta. Estudió literatura y filosofía en la UNAM; arte dramático en el INBA y en España. Ha sido comentarista de libros;...


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