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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Ensayo sí, novela no


Sara Sefchovich
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Sefchovich, Sara , "Ensayo sí, novela no" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17653&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Luego de leer y escribir novelas con entusiasmo, Sara Sefchovich identifica el callejón sin salida en que se encontraría buena parte de la ficción contemporánea, en su intento por sólo asediar el mundo íntimo de sus autores. La ensayista de El cielo completo plantea un alegato por los poderes intelectuales y de conocimiento que hoy en día albergan, en mayor medida, la prosa argumentativa y la crónica.

 

I

Siempre pensé que las novelas, como escribió Wolfgang Iser, “con su estructura doble, lingüística y afectiva, le llevan ventaja a nuestra experiencia de la vida”.1

Y eso lo creí tan a pie juntillas, que por eso pasé muchísimas horas de mi vida leyendo novelas. Y no sólo eso, pensando en novelas, hablando de novelas, estudiando sobre novelas y hasta escribiendo yo misma novelas, una de las cuales construí precisamente con lo que las novelas habían dejado en mí.

Pero, eso es tiempo pasado. Hoy ya no leo novelas.

Si me preguntan por qué, la respuesta es a un tiempo simple pero compleja: dejé de leer novelas sin proponérmelo. Me fue sucediendo, conforme experimentaba una gran desilusión con eso que llamamos “ficción”.

 

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Vincent van Gogh, Naturaleza muerta con Biblia, 1885
© Wikicommons

 

La desilusión tuvo (y tiene) que ver con que esas construcciones verbales e imaginarias “están desconectadas de la realidad”, como afirma David Shields; en ellas “todo suena falso y vergonzante”, como dice Rachel Cusk; sucumben a la servidumbre de lo completo, al peso de una trama sostenida, de una argumentación contumaz, diría Antonio Muñoz Molina, y ponen demasiado orden y lógica en la realidad, siendo que “la vida es un desorden que se desliza a través de la palabra” como decía Roland Barthes.2

Pero, curiosamente, la desilusión también tiene que ver con exactamente lo contrario: con que las novelas de hoy no construyen personajes ni historias ni crean un mundo que tenga lógica, interés o atractivo, y resultan aburridas en su juego con las palabras y en su insistencia en la experimentación formal.

No soy la única que piensa así. Jordi García se pregunta: “¿A dónde ha ido a abrevar la literatura para que tantos lectores sientan que ya no les atañe? ¿Por qué la narrativa no satisface la exigencia de una mirada analítica?”. Y él mismo se responde: “Es demasiado complaciente, demasiado irónica, demasiado artificiosa”.3

Vilma Fuentes lo explica así: “Se supone que lo que ahora gusta (o eso nos ha hecho creer el sistema publicitario) es el parecido entre el lector y el antihéroe, la persona común que aparece en la literatura es la que nos permitiría identificarnos… El heroísmo parece haber desaparecido de buena parte de la producción literaria… buena parte de las novelas… son más el producto de una fabricación que de una búsqueda creativa”.4

En resumidas cuentas, lo que me ha alejado de las novelas de hoy son sus pequeñísimos intereses, sus mundos chatos, sus objetivos estrechos, sus sinsentidos. No encuentro en ellas esa “relación de la literatura con el mundo”,5 que encontré en Tolstoi y Dostoyevski, Pamuk y Kadaré, Coetzee, Maalouf, Yourcenar, Mahfuz, Javier Moro y Dominique Lapierre.

Las novelas de hoy (y esto de hoy es complicado de definir, porque siguen escribiendo y publicando Rushdie, Elena Ferrante, Arundhati Roy, pero en mi idea de las cosas lo suyo no son novelas de hoy sino de ayer), no me provocan esa conmoción que estimulaba mi vida, mi imaginación y mis sueños. Roberto Bolaño, Siri Hustvedt, Etgar Keret o Valeria Luiselli escriben libros que pasan por mis manos, pasan por mis ojos y pronto se me olvidan.

Y no lo digo por sus temas, porque para que una novela atrape no tiene que ser sobre esto o aquello, sino porque carecen de ese algo que hace que la literatura sea más que juntar palabras, por bien hecho que pueda estar dicho juntamiento.

Y ese algo es lo que mueve y a lo que apela el texto, que consiste, o debería consistir siempre, en conseguir que yo lector mire el mundo con una luz distinta, que no pueda salir indemne del libro.

¿Qué son las novelas de Kenzaburo Oé y Diogo Mainardi sobre sus hijos enfermos? ¿Qué es la de Francisco Goldman sobre la muerte de su compañera arrastrada por una ola en el mar, o los relatos de Ángeles Mastretta contando una y otra vez sobre su madre y sus tías y su infancia y su cotidianidad? ¿O las de Haruki Murakami regodeándose en sí mismo, pues “quiero que mis personajes sean individualidades absolutas”, como dijo en alguna entrevista?6 Son todos sin duda excelentes escritores, pero a mí, como lectora, me producen, como dice el título de un cuento de Álvaro Uribe: nada.

El problema radica a mi juicio en la obsesión de los escritores consigo mismos. Es la preocupación por y la ocupación de su propio ser. Nada más. Narciso enamorado de sí mismo, escribiendo novelas sobre ese “gran tema” que es su propia persona. Es el protagonismo del individuo sin mundo exterior, es el mundo sólo como periferia de su persona o como proyección de sus invenciones o fantasías interiores. Es el universo poblado de seres humanos que se bastan a sí mismos, que son la única realidad, el único sentido y fin de todo. “Bienvenidos a la era del vacío”, diría Gilles Lipovetsky, la era sin “causa romántica, afán revolucionario, política pública, o proyecto heroico que logre capturar nuestro interés. A no ser por uno: YO”.7

Y me pregunto: ¿es la interioridad ese lugar tan significativo e importante?

Me parece que no, que como dice Fabrizio Andreella:

No es más que el templo ideal que la mente ha elegido para su coronación como reina del mundo. La invención de la interioridad le ha permitido utilizar la existencia como cancha para el juego que más prefiere: la interminable búsqueda de sí misma para conquistar y controlar la realidad. La mente que se refleja en todo lo que contempla y que transforma en parte de sí misma todo lo que ve… La mente que amontona imágenes y recuerdos, fantasías y juicios, comentarios y monólogos incesantes, miedos y deseos, y con todo eso llena el hueco llamado interioridad.8

Eso es lo que hoy tenemos: el yo que se cree dios, que se siente completo y no necesita de nada ni de nadie. Y eso lo hacen por igual los nuevos (Milena Busquets, Valérie Mréjen) que los establecidos (Paul Auster, Patrick Modiano). Ningún ejemplo mejor que Karl Ove Knausgård, la sensación noruega del momento, un señor que ha escrito seis gruesos volúmenes de mil páginas cada uno para escarbar en su sola persona y contar cada instante de su vida y de su pensamiento.

 

 

1 Wolfgang Iser, “El acto de la lectura: consideraciones previas sobre una teoría del efecto estético” en Dieter Rall (compilador), En busca del texto. Teoría de la recepción literaria, UNAM/IISUNAM, México, 1987, p. 123. [Regreso]

2 David Shields y Rachel Cusk citados en Tom Perotta, “Fall from grace”, The New York Times Book Review, 10 de mayo de 2015. Antonio Muñoz Molina, “Voz del insomnio”, “Babelia”, suplemento de El País, 9 de mayo de 2015. Roland Barthes citado en Sandra Lorenzano, Escrituras de sobrevivencia. Narrativa argentina y dictadura, UAM/Beatriz Viterbo/Miguel Ángel Porrúa, México, 2001, p. 153. [Regreso]

3 Jordi García, “La sociedad literaria contra las cuerdas”, “Babelia”, 26 de abril de 2014. [Regreso]

4 Vilma Fuentes, “Regreso literario en Francia”, La Jornada, 29 de agosto de 2015. [Regreso]

5 Raúl Puello Arrieta, “Presentación: una invitación a la provocación intesticial” en Gregory Jusdanis, Los adversarios de la ficción. Una defensa de la literatura, traducción de Nayib Abdala y Vicente Raga, Universidad de Cartagena, Cartagena de Indias, 2014, pp. 5 y 6. [Regreso]

6 Haruki Murakami citado por Tim Parks en una reseña sobre varios de sus libros, The New York Times Book Review, 23 de octubre de 2014. [Regreso]

7 Gilles Lipovetsky citado en Nicolás Alvarado, “El (no) evangelio según Lipovetsky”, Milenio Diario, 29 de septiembre de 2015. [Regreso]

8 Fabrizio Andreella, “La interioridad o la paradójica edificación de un hueco”, “La Jornada Semanal”, suplemento de La Jornada, 6 de septiembre de 2015. [Regreso]


   
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Sara Sefchovich

Nació en la Ciudad de México en 1949. Es licenciada y maestra en Sociología y doctora en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde hace más de tres décadas es investigadora de tiempo...


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