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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Entrevista inédita con Ricardo Piglia
“Hay ilusiones pero no para nosotros”


Ariel González
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

González, Ariel , "Entrevista inédita con Ricardo Piglia. “Hay ilusiones pero no para nosotros”" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17656&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El pasado 6 de enero falleció en Buenos Aires el escritor Ricardo Piglia. Un “clásico contemporáneo” de la literatura en lengua española, el sorprendente fabulador de Respiración artificial mantuvo una conversación, hasta hoy inédita, sobre una diversidad de tópicos literarios y editoriales con el periodista cultural Ariel González, autor de Breviario de correrías.

 

Toda charla es una entrevista, pero esta no siempre se convierte en aquella. La razón quizás es que la entrevista mantiene una dirección inmediata, alguna urgencia que difícilmente puede desembocar en algo menos rígido que las meras preguntas y respuestas. Muchas veces, ante ciertos escritores, he tenido la sensación de que la entrevista quedó atrás en el momento en que decidimos dejar de lado el tema que supuestamente nos convocaba y que, sabemos, estará presente pero no tendrá el predominio esperado.

Hace poco más de tres años, en Cartagena, durante una edición del Hay Festival, tuve oportunidad de entablar lo que terminó siendo un diálogo informal con Ricardo Piglia. Él acababa de publicar El camino de Ida, esa historia donde su álter ego, Emilio Renzi, pasa una temporada académica en Estados Unidos que se convierte en una trepidante incursión a la violencia que anida en esa sociedad hipertecnologizada. Lo más natural, entonces, hubiera sido que esta obra fuera nuestro tema central de conversación, pero sin dejarlo totalmente al margen nos desviamos hacia muchos otros asuntos, como merece el encuentro con todo gran escritor. Es ahí cuando la entrevista se desvía y adquiere solamente el tono de charla.

 

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Ricardo Piglia
© Wikicommons

 

Mientras tomábamos jugo de naranja, nos poníamos al corriente de algunas cosas: yo le informaba sobre el Estado cultural mexicano, sus becas y la rediscusión en torno de su asignación, algo que él se imaginaba necesario (“porque se convierte en una profesión… es rarísimo”, decía con ese gesto de incredulidad que sus ojos medio cerrados resaltaban).

Y luego hablamos de lo premios, que inicialmente, se piensa, tienen que ver “con los escritores jóvenes e inéditos o tener un espacio que les permita dar a conocer sus obras”. Y por supuesto, me decía, los “premios que reconocen una trayectoria, que tienen que ver con escritores que han escrito durante muchísimos años y que, de pronto, instituciones o Estados, academias o grupos, deciden reconocer”. Esto es así —comentaba—, pero “eso que inicialmente está muy bien, termina por convertirse en algo que está en manos del mercado…”.

Más tarde, la charla se instaló en una preocupación que Piglia reiteró los últimos años de su vida en los más diversos foros: “el problema es que viajamos los escritores pero no los libros. Conocemos muy bien a muchos autores, pero no encontramos sus libros, ni los hemos leído; es un momento donde la circulación se ha vuelto muy compleja. Es decir, es muy difícil que un escritor mexicano joven sea leído en Buenos Aires o que un escritor argentino joven pueda ser leído en Colombia; eso me parece un problema que debemos discutir”.

 

No hay un cabal intercambio. Los libros no están llegando a nuestros países o no llegan con fluidez, sobre todo con la oportunidad necesaria…

Se habla mucho del mercado pero el mercado no funciona bien. Yo recuerdo De perfil, de José Agustín, que leí en Buenos Aires en los sesenta; Gazapo de Gustavo Sainz, porque se publicó en Buenos Aires, llegó ahí e interesó. Nosotros leímos El Llano en llamas en 1959; quiero decir, había una circulación, luego ha habido una balcanización que tiene que ver con los grandes grupos editoriales que trabajan con mercados nacionales, yo creo que trabajan con mercados nacionales porque les interesan los libros de texto. Los escritores somos allá arriba la frutilla para entretenerse (ríe).

 

En las librerías de viejo a las que de niño me llevaba mi padre, encontrábamos libros de Lozada, Norma, Andrés Bello…

Y nosotros en Buenos Aires, los libros de Era, los de Joaquín Mortiz… Pero en las librerías de viejo ahora sólo te encuentras los stocks que están esperando. Entonces, si hablamos de compromiso en los escritores y de políticas, creo que el primer compromiso político de un escritor es empezar a actuar en su campo propio y luego ampliarse hacia la política en general. A mí me interesan los escritores que hablan de política en general, que tienen opiniones, pero nadie habla de los problemas de los editores.

Los universitarios tampoco discuten la universidad, hablan de la situación mundial. Y los escritores tenemos que hablar de los editores…

 

Eso me hace pensar en el papel del crítico hoy. Quizá la literatura es algo muy importante como para dejarla únicamente en manos de los escritores…

La literatura moderna estableció una distinción entre el crítico, el escritor y el editor; y antes era una sola persona la que hacía las cosas. Me parece que los chicos hoy están siendo sus propios editores en la web, tienen sus blogs y son los críticos; y esa figura se está concentrando. Pero los críticos tendrían que ser críticos de las condiciones materiales y de los vínculos que se establecen entre literatura y sociedad.

 

En México, opinamos algunos, tenemos una crítica más bien pobre y además muy complaciente. Pero también, es cierto, hemos tenido figuras como José Emilio Pacheco...

He sentido mucho dolor por la muerte de José Emilio Pacheco, a quien admiraba muchísimo y me parece que es uno de los grandes escritores; gran crítico, gran lector, un traductor notable. Podríamos poner el ejemplo de José Emilio como el ejemplo de lo que estamos diciendo, ¿dónde están las intervenciones que han creado espacios de lectura? Son cada vez menos, y cuando muere José Emilio, pues siento un dolor personal y también el dolor de que es muy difícil tener a alguien que tenga esa presencia y esa legitimidad hecha por su propia obra.

 

Sobre todo, volviendo al campo de la crítica, ahí tienes en José Emilio a alguien que te daba a conocer cosas, que te ponía como lector en las nuevas corrientes mundiales.

Cuando salió Respiración artificial en Buenos Aires, él fue el primero en hacer una crítica. Es un pequeño ejemplo personal de alguien que estaba atento a lo que estaba pasando y que no tenía ningún tipo de interés al que te referías de “voy a hacer esta crítica porque me hace quedar bien con tal o con cual”. Entonces, tenemos que volver a poner la crítica, su discusión, en el espacio público.


   
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Ariel González

Periodista cultural. Estudió economía en la Facultad de Economía de la UNAM. Fue editorialista en el periódico El Nacional y columnista de su suplemento cultural, El Nacional Dominical. Ha sido coordinador...


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