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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Modos de ser
Dios y Trump


Ignacio Solares
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Solares, Ignacio , "Modos de ser. Dios y Trump" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17681&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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A diferencia de con casi todo el mundo, Trump declaró: “Tengo una maravillosa relación con Dios”, además de asegurar que su libro predilecto es la Biblia.

En ocasiones, la devoción a una divinidad provee a los fieles de mayor fuerza de voluntad que cualquier otro tipo de emoción. Ayuda considerablemente a su transformación individual y a la transformación de su entorno, que en el caso de Trump abarca el mundo entero.

Sabemos que la fuerza de voluntad es admirable siempre y cuando esté bien dirigida. La devoción a un dios personal produce una gran cantidad de energía, pero no garantiza el rumbo a la que sea dirigida.

La tendencia a adorar a un dios personal como un ser semejante a una persona humana prevalece entre los cristianos que han sido educados en ciertos pasajes de la Biblia. En algunos casos, dios se vuelve tan personal que llega a ser casi subhumano. La Historia está plagada de creyentes que se han sentido justificados cuando daban rienda suelta a sus peores pasiones, pensando que al hacerlo basaban su conducta en la orden de un dios.

 

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Donald Trump
© Wikicommons

 

No podemos menos que recordar a algunos Papas que han alcanzado posturas que sólo podrían calificarse de criminales. Sólo en el siglo XX, para no irnos demasiado lejos, baste recordar a Pío XI y Pío XII, aliados con los nazis, o a Benedicto XVI en Camerún, adonde llegó a alertar a la población sobre el uso del condón, al que calificó de “pecado mortal”. Sólo en Camerún, en aquel momento, había medio millón de infectados y más de trescientos mil niños huérfanos a causa del sida. En esto, Benedicto XVI no hizo sino continuar y extender la política contra los anticonceptivos de su antecesor, Juan Pablo II, quien a través de su portavoz, Carlo Caffarra, director del Instituto Pontificio para Cuestiones Familiares, llegó a afirmar, por ejemplo, que “un hemofílico con sida no puede copular con su esposa usando un condón, ya que es contracepción prohibida por Dios”. Y aún más: “Si el hemofílico con sida no es capaz de guardar continencia perpetua, es preferible que infecte a su esposa en lugar de recurrir al condón”.

Al mencionar esta (espeluznante) declaración de nuestra Santa Madre Iglesia, la teóloga alemana Uta Ranke-Heinemann escribió en Eunucos por el Reino de los Cielos: “La campaña pontificia en contra de los anticonceptivos ha alcanzado un punto tal de dramatismo inhumano que, si no se tratara del propio Papa, su posición debería haberle creado problemas con las leyes penales”.

Quizá, si existen, también debería crearle problemas con las leyes divinas.

No es fortuito que los primeros e insensibles promotores del capitalismo hayan sido personas criadas en la tradición puritana. Seguros de que las buenas obras y la caridad carecían de significación trascendente, se pusieron con denodado empeño a triunfar en el mundo a través del dinero. Supusieron en el Antiguo Testamento la sórdida doctrina de que la fe en Dios ―entendida en su más pobre y elemental acepción― merece recompensa material, y de este modo pudieron amontonar riquezas y oprimir a sus semejantes con la mayor tranquilidad.

El dios de Hitler era una versión renovada del “Viejo Dios Germano” del Kaiser, personaje divino que siempre estuvo dispuesto a combatir en el imperio de Bismarck.

Pío XI creía en Benito Mussolini como una persona enviada por Dios para salvar a la Iglesia católica de su penosa situación política y, sobre todo, económica. No dudó en calificar al Duce como un “hombre de la Providencia” enviado a Italia por Dios. Así, en 1929 se firmaba un pacto entre la Santa Sede y el Estado fascista italiano, acuerdo por el cual se proponía “restaurar a Dios en Italia y devolver Italia a Dios”.

Y, bueno, en 1939 el Catecismo Patriótico español escribía: “El Caudillo, Francisco Franco, es como la reencarnación de la Patria y tiene el poder recibido por Dios para gobernarnos”.

Entre nosotros hay que recordar las veces en que Hugo Chávez invocó a Dios y que finalmente después de su muerte regresó a Venezuela en forma de pajarito ―una especie de Espíritu Santo― para anunciar que su elegido para sucederlo era Nicolás Maduro.

Para los creyentes, ese dios asesino y fascista es un problema que los obliga a remitirse a los místicos, como el Meister Eckhart, quien aseguraba: “Qué tanto dicen de Dios. Todo lo que digan de Dios es falso”.

Y en nuestros días, el sacerdote benedictino alemán Willigis Jäger ha escrito: “Vaciad vuestros pensamientos de egoísmo y ambiciones; entonces podréis llegar a ser Uno con Dios. Si nos imaginamos la Realidad Primera como un océano, nosotros somos algo así como una ola de ese mar”.

Qué lejos ese Dios del otro dios.


   
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Ignacio Solares

Nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, el 15 de enero de 1945. Narrador, dramaturgo, ensayista, periodista y promotor cultural. Estudió en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de la FCPyS; coordinador de...


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