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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Callejón del Gato
Nostalgia por Sefarad


José Ramón Enríquez
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Enríquez, José Ramón , "Callejón del Gato. Nostalgia por Sefarad" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17682&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Plaza Mayor, Calle Mayor, Callejón del Gato: mi ruta inicial a la bohemia valleinclanesca. Ya después, la visita a los otros lugares que hoy recorren incluso los turistas, como en el Bloomsday dublinés. Pero siempre el retorno, en la memoria, al punto de partida: la Plaza Mayor. Por la belleza de sus arcadas o por el horror fascinante que me causa aquel Auto de Fe del 30 de junio de 1680, pintado por Francisco Rizi y presidido por ese pobre Carlos II que supone el final de una dinastía, la de los Habsburgo. Precisamente esa que Maximiliano quiso trasplantar a México, por invitación de Almonte, hijo de un cura que también fue padre de la Patria.

La Plaza Mayor, antes de Valle-Inclán y al margen de su bohemia, o quizá junto al Valle que, como afirma Caro Baroja, “en aquellos momentos de facundia tan peculiarmente suyos, decía descender de la ‘noble raza hebrea’ o de la reina de Saba”. Sí, la plaza me reclama. ¿Aún impregna mi inconsciente aquel vomitivo olor a chamusquina del 30 de junio de 1680, porque entre los personajes del horror los hay con mi apellido tanto entre las víctimas como entre los victimarios? Entre los “herejes de la secta judaizante” estaban (según la Introducción a la Inquisición española de Jiménez Monteserín), María Enríquez y su marido Francisco Enríquez del Valle y la Santa Inquisición entregó a todos los reos “al Corregidor de la villa, don Francisco Herrera Enríquez, quien, asistido de un escuadrón de soldados, los fue encaminando hacia el quemadero”.

 

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Rafael Romero, Antiguas músicas, 2012
© Wikicommons

 

También en los orígenes de la expulsión de los hijos de Sefarad había una Enríquez de ascendencia hebrea, la mismísima madre de Fernando el Católico, Juana, la nieta de Paloma Bat Gedalia, natural de Sevilla, capital de un reino de taifas.  

Fue en los tiempos del bisnieto católico de aquella Paloma hebrea y de su esposa castellana Isabel, cuando comenzaron las desdichas de pueblos diversos, que duran y supuran hasta hoy. A unos arrebataron su Granada, la joya de un islam de sabios y poetas, a otros les destruyeron su historia para tomar sus tierras en América y a otros los expulsaron de Sefarad con todo y las llaves de sus casas y su lengua, el ladino, cuya limpidez heredaron cristianos nuevos como Juan de Yepes, Teresa de Ávila y Miguel de Cervantes, entre otros muchos porque, suele decirse, en cuanto se mueve un árbol genealógico español caen un moro o un judío. Pero el imperio fue implacable: las hogueras.

Ignacio de Loyola tuvo que defender a Diego Laínez, su primer sucesor, de quienes atacaban sus orígenes: “A ningún de toda la Compañía debe ella más que al maestro Laínez”. Un biógrafo afirma que “San Ignacio era muy comprensivo con los procedentes del judaísmo hasta el punto que decía, en contracorriente para su tiempo, que le hubiera gustado haber nacido hebreo para ser así pariente de Jesucristo ‘según la carne’”.

Pero cuanto hoy llamamos civilización occidental se negó a cualquier mestizaje, no sólo fue España. Polvo de lodos seculares y malolientes son lo que representan Trump y sus votantes, Le Pen, el Brexit, el propio y amnésico Bibi Netanyahu. Pero especialmente España se mutiló y por eso la nostalgia por Sefarad, por Al-Ándalus, por los pueblos originarios de América está en nuestras pesadillas. Y nos volvemos a Dios para oír su silencio.

El llorado cardenal jesuita Carlo Maria Martini, en La fuerza de la debilidad. Reflexiones sobre Job, escribió: “el problema de Job es problema de amor. Un amor que se siente rechazado, pero que cree contra toda apariencia, que lucha, que grita, que chilla, que sufre porque quiere llegar a descubrir el objeto amado”.

Mientras leía estas reflexiones, me encontré con una antología de poesía en ladino, Por mi boka, preparada y prologada por Myriam Moscona y Jacobo Sefamí. Ahí encontré un fragmento del Libro de Job traducido al ladino. Su lectura me devolvió a la Plaza Mayor de aquel 1680, y oí a Yiob lamentarse:

A varón que su carrera es encubierta, y mamparó el Dio por él. (¿A qué dar a luz al varón cuyos caminos están ocultos y a quien cierra Dios toda salida?). Porque antes de mi comida, mi sospiro viene; y corren como aguas mis gemidos. (Por cuántos son los suspiros mi alimento y como agua se derraman mis gemidos). Porque pavor me espavorescía, y vínome; y lo que temí, vino a mí. (Pues cuanto yo temía me ha sobrevenido, y lo que recelaba me ha acontecido). No me apazigüé, y no me asosegué, y no reposé, y vino estremición. (No estaba tranquilo, ni sereno, ni tenía descanso, pero vino la turbación)”.


   
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José Ramón Enríquez

Nació en la Ciudad de México el 22 de agosto de 1945. Dramaturgo, ensayista y poeta. Estudió literatura y filosofía en la UNAM; arte dramático en el INBA y en España. Ha sido comentarista de libros;...


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