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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Tintero
Conmemorar desde el clóset


Álvaro Matute
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Matute, Álvaro , "Tintero. Conmemorar desde el clóset" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17683&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Escribió Nietzsche en una de sus Consideraciones intempestivas: “El hombre que aspira a crear algo grande se apropia el pasado, si es que lo necesita, como historia monumental; en cambio quien se inclina por detenerse en lo acostumbrado y tradicional cultiva lo pasado como historiador anticuario; y únicamente aquel al que un apremio actual oprime el pecho y que ansía sacarse de encima esta carga, cueste lo que cueste, tiene una necesidad de la historia crítica, esto es, la necesidad de una historia que juzgue y condene”. A partir de esta consideración, Luis González elaboró su magnífico discurso en el que caracterizó la práctica tripartita de los historiadores, no sin destilar cierta dosis de veneno contra la Clío de bronce, como él llamó a la historia conmemorativa. Al finalizar el siglo anterior muchas plumas la enderezaron contra ella y pregonaron (pregonamos) cuánto se había edulcorado el pasado, cómo se le había dotado de sucesos extraordinarios para contraponer el hecho de que a muchos héroes y acontecimientos se les había bajado del pedestal. La crítica adquirió el papel de revisionista y, si no la paran, dejaría despoblado el panteón heroico. La historia seria, académica, no podía seguir prestándose a la adulación del pasado porque eso significaba adular al presente. La salvación fue adoptar la postura revisionista, con la cual, efectivamente, mucho se ganó.

 

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© Wikicommons

 

Sin embargo, más que desterrar la historia monumental, se le dejó como variable independiente para seguir siendo practicada por agencias del Estado. Estas, a su vez, lo ejercieron de manera acaso discreta. Cumplían con su labor, sin utilizar ni el bombo ni el platillo. La conmemoración, en muchos casos, se encerró en el clóset. ¿Era para tanto? ¿Y el aprovechamiento de las efemérides para fomentar la educación cívica? En ese caso se extraña el ruido conmemorativo. Conviene volver a Nietzsche: ¿dónde quedaron los hombres que aspiran a crear algo grande? El presente supuestamente grandioso (los centenarios de 1910 y 1921, el binomio 150/50 del año sesenta del siglo XX) procedió a magnificar el pasado. No hay que ver lo que pasó después, sino lo que hasta esos momentos había ocurrido. Cabe recordar que en 1971 se echó mano de Vicente Guerrero para omitir a Iturbide, pero no hubo silencio en el sesquicentenario de la consumación de la Independencia.

Los recientes actos de 2010 dejaron insatisfacción, la cual sobrepasó el valorar de manera positiva los aciertos conmemorativos. El presente insatisfecho no permite acudir al pasado para la monumentalidad. Más bien parece propiciar la pregunta acerca de cuándo se torció el rumbo de lo que había comenzado tan bien. Lo malo de todo es que no se construyó algo grande, que diera monumentalidad a la conmemoración.

La indiferencia de quienes tienen el encargo de construir hace que la conmemoración sea rutinaria porque no se le puede omitir. El calendario exige, pero parece que lo urgente es que caiga la hoja y ya sea el día siguiente para que la rutina avance y el olvido se ocupe de borrar lo que debió ser recordado.

El historiador académico ―y con él especialistas de otras disciplinas afines― no busca la ceremonia sino el recuerdo constructivo. De ahí coloquios, publicaciones, actividades, en fin, que ponen en el centro de la discusión el acontecimiento convocante. A diferencia de otras épocas, los medios de comunicación masiva aportan lo suyo, pero reducidos a los que tienen el apelativo de culturales. A los otros no les interesa. La civilización del espectáculo les da cabida, pero sólo cuando pueden acaparar la atención de un público no tan amplio como algunos quisieran.

Si los académicos insisten en ser los convocantes, la gente del poder sólo deja pasar. Lo grave es que no se manifiesta una demanda social para que unos y otros hagan lo que les corresponde.

Todo es más fácil cuando la celebración se centra en un personaje o una gran obra de creación. Entonces no hay clósets posibles. El museo, la edición, la sala de conciertos son los espacios privilegiados que recuperan lo que ―sin haber sido olvidado― descansaba en sus territorios, tal vez tomando fuerza para los acosos a los que serán sometidos.


   
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Álvaro Matute

Nació en la Ciudad de México en 1943. Historiador y maestro universitario. Realizó sus estudios de licenciatura, maestría y doctorado en historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es...


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