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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La epopeya de la clausura
Alfieri en Palma y Donceles, 1993


Christopher Domínguez Michael
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Domínguez Michael, Christopher , "La epopeya de la clausura. Alfieri en Palma y Donceles, 1993" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17685&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Entre las curiosidades de mi última visita a las librerías de viejo de Palma y Donceles está una edición en octavo de la Vida de Vittorio Alfieri, escrita por él mismo y publicada por Calpe, en Madrid, en 1922. El tomo incluye los dos breves volúmenes de la obra y fue modestamente encuadernado en México para alguien cuyas iniciales fueron C.C.G., quien eligió el keratol color vino para su libro. Una vez más soy poseedor de una obra que desconocía y cuya lectura debo al expolio de una biblioteca, pues ya se sabe que hacerse de una es como construir un castillo de arena en la playa. El paso de las generaciones puede medirse por los libros que van llegando a los locales de los bouquinistes, como los llaman los franceses.

Vittorio Alfieri (Asti, 1749-Florencia, 1803) fue uno de esos dramaturgos cuya grandeza muy dudosa fue obra pertinaz de los románticos empeñados en la unidad italiana. Tragedias suyas como Il Misogallo, Saul y Mirra ocuparon la escena europea y su popularidad, por antibonapartistas, llegó hasta España y las Indias. En el México de los tristísimos años treinta del XIX, tuvimos en Fernando Calderón a uno de sus más horribles imitadores.

 

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Vittorio Alfieri por François-Xavier Fabre, 1793.
© Wikicommons

 

La Vida de Alfieri, escrita por él mismo, es un librito concebido para la intimidad y redactado sin intención, al parecer, de hacerlo público. Esta Vida es hermana de las Memorias de Lorenzo da Ponte, el empresario que también fue célebre libretista de Mozart. En la cuerda de Da Ponte y del divino Casanova (es él, no Sade, ese carnicero al servicio póstumo del esnobismo parisino de nuestro siglo, el verdadero divino del XVIII), Alfieri se presenta como especie del género “aventurero italiano” que no sabe todavía qué significaba exactamente serlo pues en los tres casos lo italiano es una imprecisión un tanto exótica cuando se tocaban las puertas de París, y se tropezaba con las unidades del neoclasicismo. Sólo hasta la madurez Alfieri descubrió que su lengua tenía valor literario: “Si los escritores franceses más famosos de aquel tiempo, Voltaire y Rousseau, hubieran tenido que pasar la mayor parte de su vida errando por distintas naciones donde su idioma fuera desconocido o desdeñado, y sin encontrar con quien hablarlo, tal vez no habría tenido el valor y la constancia de escribir por mero amor al arte o por mero desahogo, como lo hacía yo y he seguido haciéndolo durante tantos años, a pesar de que los azares del mundo me han obligado a vivir entre bárbaros, que así, por lo que a la literatura italiana se refiere, he de llamar a todos los europeos y a una parte de la propia Italia sui nescia”.

Alfieri era cliente de Beaumarchais, quien invirtió el dinero ganado con Las bodas de Fígaro en un taller tipográfico al cual concurrían los autores famosos de Europa. Mientras Alfieri esperaba unas galeras presenció la toma de La Bastilla, “acontecimiento” del cual al parecer ni Luis XVI fue informado. Sensato, Alfieri aplaudió el ímpetu revolucionario ―¿quién que ha sido educado leyendo a los romanos puede serle indiferente?―, pero retrocedió ante el Terror. Escribió un elogio fúnebre del rey Capeto inadvertente y decapitado. Una vez invadida su patria por el joven Bonaparte en 1796, Alfieri se volvió uno de sus enemigos más virulentos.

Antes de la Revolución francesa, Alfieri había publicado un tratado contra la tiranía y desde 1777 quedó como héroe de los jóvenes republicanos. De Stendhal a Sartre, una frase de Alfieri ha impresionado a los rebeldes, aquella que dice: “entre más absoluta es una tiranía, más libre es el hombre involucrado en combatirla”.1 Militar fracasado, viajero impenitente, coleccionista de caballos, dramaturgo por casualidad, genio provisorio que afianzó ideas nuevas sobre la libertad, el amor y el heroísmo, aunque su condición de poeta nacional de una literatura sin nación lo hizo envejecer con velocidad, Alfieri, él mismo, amó, bien correspondido, a la condesa de Albany. Desdeñó la visita proverbial a Rousseau (“me negué rotundamente a ser presentado a hombre tan soberbio y gruñón”), pues el ginebrino acaso fue el personaje más antipático de su siglo.

Alfieri confiesa en sus memorias que el más reprobable de sus actos ocurrió cuando golpeó a su amado criado por una tontería. El dramaturgo se retiró a Florencia donde murió en paz, “hastiado y desengañado de las cosas del mundo, parco en la comida, abstemio, vistiendo siempre de negro y no gastando más que en libros, me considero muy rico y tengo a mucho orgullo el morir la mitad más pobre, por lo menos, de lo que nací”.

Es usual repetir el dicho de Talleyrand sobre que quien no vivió durante el Antiguo Régimen no conoció las delicias de la vida. Alfieri está entre la muchedumbre que le da la razón al príncipe de Benavento, el único de los aristócratas que por haber pertenecido a los tres estados, tres escudos de armas tuvo. Yo soy de los que le ponen nombre y apellido a los libros que compra. Algún día la Vida de Alfieri que hoy es mía será de otro, un desconocido al cual quedaré unido por la veleidosa posteridad de la lectura. [1994]

 

 

1 Se atribuye a Stendhal el haber proyectado, modesto y frívolo, los campos de concentración. El siglo XXI, donde los derechos humanos están en el centro de la filosofía moral, considera inadmisibles a las tiranías que Sartre vindicó. [Nota de 2016] [Regreso]


   
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Christopher Domínguez Michael

Nació en la Ciudad de México el 21 de junio de 1962. Crítico literario, ensayista, historiador de la cultura y novelista. Estudió Sociología en la UAM–X. Se inició en el periodismo cultural a los 18 años,...


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