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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La espuma de los días
De la galantería en tiempos del sida


José de la Colina
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

de la Colina, José , "La espuma de los días. De la galantería en tiempos del sida" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17687&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Fue una de esas breves y encantadoras escenas de suave comedia, de pantomima más un toque sonoro, una imagen feliz que a veces la realidad callejera se permite darnos en un momento fugacísimo, casi en el solo tiempo entre dos parpadeos. Ocurrió hace unos años, en domingo, en la Avenida México, cerca de la entrada a los Viveros de Coyoacán, y cuanto más intenso estaba el recién llegado sida.

 

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Cuando una mujer guapa parte plaza en Madero. ca. 1950
© Nacho López

 

Cerca del puesto de venta de periódicos y revistas que hay allí con además la venta de gorritas y camisetas deportivas, y de cacahuates para las ardillas “viverianas”, se hallaba un par de muchachos veinteañeros, con cubrebocas azules, que curioseaban las portadas de las publicaciones, cuando, entre ellos, dirigiéndose, supongo, hacia el centro de Coyoacán, pasó, sin cubrebocas, una curvilínea, garbosa, linda muchacha de no más de... eh... quizás unos dieciséis años, en shorts azules y camiseta naranja sin mangas, bien plantada sobre zapatos esport pero de tacón alto: una casi chava de piel morena, de largo y suelto cabello negrísimo, cuyo andar era un prodigio de elasticidad y ritmo con las caderas y los pechos balanceándose muy visiblemente pero sin vulgar exceso, casi como en suave preludio a la danza. Los dos muchachos se quedaron un momento pasmados en la admiración de tanta belleza, tanta gracia... Y entonces ocurrió que uno de ellos, en el momento mismo en que la chava pasaba ante y entre los dos, se quitó el cubrebocas, lo sostuvo un momento balanceándolo colgado por el hilo entre el índice y el pulgar, lo tiró al suelo delante de ella, y emitió un admirativo, ondulado, galante silbido:

¡Fuiiit fiuuu!

Ese silbido quizá no he vuelto a oírlo desde los años cincuenta (en los que estaba aún de moda, si bien habría nacido en los años cuarenta, en los que me parece que lo propagó el cine de Hollywood). Sonó largo, bien timbrado y bien ritmado, y la muchacha se volvió sonriendo en agradecimiento al homenaje y siguió su camino con el mismo pero ahora más lento, más dancístico andar.

Y eso fue todo, excepto que yo también, aunque en silencio, fui personaje de la escena, volví por un minuto a ser veinteañero y con la tentación de quitarme el cubrebocas verde, de tirarlo al suelo, de lanzar un interminable, gozoso, anacrónico pero rejuveneciente silbido en dos tiempos tan largos que aspirarían a la eternidad:

¡Fuiiiiiiiiiit fiuuuuuuuuuuuuuuuuu!


   
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José de la Colina

Nació en Santander, España, el 29 de marzo de 1934. Ensayista, narrador y periodista cultural. Tras el término de la guerra civil pasó con su familia a Francia, Bélgica, Santo Domingo, Cuba y finalmente a...


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