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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Entrevista con María Emilia Chávez Lara
Hablando de la hermosa monstruosidad


Ana Paulina Mendoza Aragón
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Mendoza Aragón, Ana Paulina , "Entrevista con María Emilia Chávez Lara. Hablando de la hermosa monstruosidad" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17694&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El pasado martes 7 de marzo de 2017 se realizó la presentación de una nueva edición del libro infame Malleus Maleficarum en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, en la cual participaron el periodista Héctor de Mauleón y la maestra María Emilia Chávez Lara, quienes dieron una interesante plática sobre el conocido “Martillo de las Brujas”. Aprovechamos la oportunidad para entrevistar a la escritora sobre su último libro Estética del prodigio.

María Emilia Chávez Lara nos atrapa en un pasado que parece exótico y que, maravillosamente, pervive en la historia de nuestras calles, pueblos, museos y la memoria de aquellos afortunados que aportan a nuestra imaginación los retratos de boticas que embotellaban sorpresas de heroína, cannabis, opio, hachís y hasta cocaína —para el resfriado y la tos—, elementos medicinales tan comunes en su época y hoy prohibidos.

Las rarezas de circo que nos presenta Estética del prodigio (Cal y Arena, 2016), lograron más fama que los rockstar de hoy como lo fueron la mujer simio —y que se sabe fue desposada por el mismo empresario que la compró, Theodore Lent—, o los hermanos siameses Eng y Chang —un caso interesante con sus respectivos matrimonios y la división de su tiempo en casas separadas por el año de 1843—. Hombres como Phineas Taylor Barnum, empresario estadounidense que encontraba fascinación en los cuerpos extraños, se hizo rico por tener la visión de trastocar el morbo de su época con una exposición de fenómenos y monstruos, entre los que se encuentran mujeres con dos vaginas, el niño armadillo y la famosa sirena —la mitad de un mono pegado a la cola de un pez—. Las criaturas de fantasía como hadas o fantasmas que fueron expuestas a través de la lente fotográfica de unas niñas o un neoyorkino, lograron separar una vivaz amistad entre Harry Houdini y Arthur Conan Doyle. Autómatas, como El Turco, capaces de derrotar al mejor jugador en una partida de ajedrez en la corte de la emperatriz María Teresa de Austria, y que hasta 1854 se supo la farsa del “mecanismo” al ser manipulado internamente por un hombre. Estos son sólo algunos de los casos emblemáticos que nos presenta la autora en este excéntrico viaje, donde la historia y la palabra son aprovechados al máximo, rememorando los disturbios mentales y los multifacéticos remedios a la sexualidad reprimida a través de “dispositivos que dejaron de ser mágicos a causa de la costumbre” —sí, también menciona el milagroso vibrador—.

 

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En Estética del prodigio se aprecian eventos extraños sobre la inquietud constante de cultivar una “normalidad” perseguida por la transformación del cuerpo al perfeccionamiento de la materia y del espíritu. María Emilia no hace una obra que se dedique a la explicación ni a la justificación de fenómenos paranormales o de la magia desde un punto de vista científico; lo que destaca mucho en la obra es la ocupación de uno para la realización —o desmitificación— del otro, dado que relata una serie de acontecimientos con personajes propios de la historia, (sobre todo mexicana) donde se manejan situaciones con un distintivo bizarro.

Como toda una ilusionista —que ocupa trucos con espejos y hace flotar cartas frente a nuestros ojos—, Chávez Lara asombra con esta compilación de ensayos excelentemente entretejidos que convierten al libro en una obra digerible, concediendo al lector una serie de acontecimientos sombríos en una historia perteneciente a la contrariedad del asombro y difuminando, audazmente, datos que van desde lo tétrico hasta lo extraordinario y que a su vez logran llevarnos al enajenamiento de cada capítulo.

Ya sea por un interés histórico, filosófico, folclorista o por simple morbo, la Estética del prodigio resulta ser un libro que merece una oportunidad para acariciar sus páginas con nuestros ojos en una sentada, tanto como porque su contenido es —lamentablemente— de una extensión breve considerando los tópicos que manipula.

 

¿Por qué hacer un libro sobre lo que se le considera “diferente” en la época del siglo XIX?

El siglo XIX no es tan diferente a nuestra época, pienso que todavía vivimos un remanente de éste. Si nos ponemos a pensar un poco, el cereal que desayunamos en las mañanas fue un invento del siglo XIX, el paraguas, los cerillos, las latas de conserva… si me pongo a hacer la lista sobre todo lo que usamos hoy en día y que no nos damos cuenta que proviene del siglo XIX lograría ser interminable. Nuestra política, nuestro sistema económico es proveniente del siglo XIX, y no es que éste se encuentre tan separado del XXI: si yo tengo un teléfono inteligente es gracias a la tecnología que se desarrolló en el pasado. El cine, que nos es tan cotidiano, proviene del siglo XIX. Entonces, para mí el siglo XXI es una extensión del siglo XIX. Por supuesto que hay mucha gente que no está de acuerdo conmigo, pero cuando yo leo las Meditaciones políticas de Manuel Gutiérrez Nájera y veo lo que sucede en el congreso, ¡es exactamente lo mismo! Sólo cambian los personajes y una que otra cosa, pero básicamente las discusiones, de repente construir una visión, el qué hacer con el dinero, qué hacer para que a la gente a alguien le importe… Son las mismas. Nada va a cambiar. ¿Por qué? Porque vivimos en un sistema político y económico que su raíz proviene del siglo XIX.

 

Este tipo de temas que plasmas en tu libro, son aspectos que comúnmente no estamos dispuestos a prestarles atención porque lo vemos como algo extraño.

Pero lo tenemos a la mano. Lo tenemos, pero lo queremos ocultar y no entiendo porque nos da miedo. Me incluyo, porque yo también de pronto me siento confrontada cuando veo algo que es distinto y me hace preguntarme, ¿qué animal soy?, ¿qué es esto que llamo humano?

 

Respecto a eso, hay una parte del libro donde mencionas que te asumes como un monstruo, imaginaba si habrás hecho este libro para los que nos sentimos como uno.

Lo hice así para reconciliarme un poco con mi cuerpo. Tengo un cuerpo que es considerado normal: no le falta nada. Me puse a pensar, ¿qué pasa con la gente que tiene un cuerpo distinto, que no cabe dentro de los cánones de lo que es normal o lo considerado bello?, ¿cómo vive esa gente? No me lo puedo imaginar. Si yo, con este cuerpo normal, consciente día a día a tantas cosas, pues... También lo hice por eso, por reconciliarme un poco conmigo, aunque a veces no lo logro del todo, pero ahí voy.

 

Creo que aquella que lea el libro puede sentirse muy identificada con Medusa por las dificultades con su cabello, su amor por Perseo y no ser correspondida…

Y estoy segura que a Perseo no le importa la imagen, porque finalmente no la va a ver, sino terminaría convertido en piedra. Pero, quizá, Medusa no está a gusto consigo misma, al menos eso es lo que hice en este ejercicio, imaginarme en la piel de Medusa. Yo nunca pude peinarme, esa es la verdad de las cosas, y entonces no entiendo como hay mujeres que siempre están perfectamente peinadas todos los días; colegas mías que llegan a dar clases peinadas como si hubieran ido al salón y ellas se lo hacen, y yo no puedo; me he comprado todos los aditamentos para peinarme y no lo logro.

 

En una parte del contenido del libro hablas del ilusionismo y cómo la política se convierte en una especie de ilusionismo. Mencionas que el ser humano está más compuesto por emociones que por materia, y por eso la mentira puede ser incrustada en la verdad. ¿Cómo haces estas conexiones?

Estoy hablando de un mecanismo que se usa en la magia, la magia de escenarios. Los magos saben muy bien, hay que insertar mentiras en una serie de verdades y viceversa, por ejemplo: cuando te dan a elegir una carta en un acto de prestidigitación, tú no sabes cómo fue manipulada esa baraja, pero el mago te dice “elegiste libremente esa carta, ¿no es así?” y uno responde “sí, elegí libremente”. Es lo que te hace creer el mago, que tú la elegiste libremente, pero en realidad el mago ya tiene por ahí algo para hacerte elegir esa carta. Es algo que también se usa en política: te hacen creer que tú eliges, pero en realidad ellos ya eligieron por ti. La cuestión psicológica no la entiendo del todo bien, pero sí la hay. Los magos las conocen y los políticos la conocen.

Es chistoso que menciones que yo hablaba de política, porque lo último que hubiera querido hacer era escribir de política. No me di cuenta que lo hice hasta que varias personas me dijeron, “pero claro que estas escribiendo aquí de política, ¡mira!”, pensé, “pues sí escribí de política, pero era lo más alejado de mi intención”. Yo no quería escribir sobre eso, terminé haciéndolo ahí porque estoy mencionando esta estrategia de los magos que también se usa sobre todo en épocas electorales, te hacen creer que eliges, pero en realidad ellos ya eligieron. No hay mucho de donde elegir. Cuando los magos te dan a elegir una carta, ellos ya eligieron. Ellos te hacen creer a través de mentiras y verdades incrustadas que has hecho la elección libremente sin que sepas nada.

 

¿Cuál es tu parte favorita de éste libro?

Éste es uno de mis capítulos favoritos —“Teoría estética de la magia”— porque los magos lo que hacen no es engañarnos; los magos lo que hacen es tomar un objeto cotidiano, moverlo de su lugar para que nosotros cambiemos la perspectiva sobre ese objeto y devolvernos el asombro sobre ese objeto cotidiano que ya no vemos. Eso es lo que hacen los magos. Por eso me gusta mucho ese capítulo, porque me encanta cuando veo un espectáculo de magia y pueden jugar con mi mente, con mis sentidos. Cuando pueden engañarme y hacerme creer que pasó algo que no pasó, lo hace una ilusión. Por eso me gustó escribir este capítulo, lo disfruté muchísimo, pero a todos los capítulos les tengo cariño de diferentes formas. También me gusta mucho el de “Cuerpos fugitivos”. Es una compilación de seis ensayos pequeños que se pueden leer por separado, o se pueden leer de corrido porque hay un eje vertical que es la historia de los hermanos Orín y el circo de Barnum, éste eje central es el que puede hilar todos los capítulos o no.

 

Personalmente te considero una especie de ilusionista, porque lograste regresarme ese asombro que ignoraba sobre muchas cosas. Cuando empecé a leer el libro me di cuenta de estos seres fantásticos entre los que vivimos y entre los que la ciudad vivió; personajes que no recordábamos y que llegamos a ignorar.

Y es que todavía vivimos entre estos seres y personajes. Ahí están, pero no sé porque no nos damos cuenta de que ahí están. Y no sólo ellos, nosotros mismos. Si nos pusiéramos a pensar las leyes de la física y la química no daban para que haya vida, y existe vida, y sobre esa vida hacemos cosas más extraordinarias: los seres humanos creamos el lenguaje, creamos la imaginación y hemos creado todo esto. Entonces, es un milagro creado sobre otro milagro y este mismo cuerpo que yo desprecio, y con el que me peleo, es un prodigio y no me doy cuenta porque convivo con él todo el tiempo, porque he perdido el asombro, la sorpresa, la novedad. Pensemos en un bebé que está descubriendo su cuerpo y se pregunta “¿qué es esto?” Es algo prodigioso.

 

¿Tienes nuevos proyectos sobre los que nos puedas platicar?

Tengo algo sobre lo que estoy escribiendo, aún no puedo hablar mucho de él, pero espero que tenga la recepción que ha tenido este libro. Es justamente sobre cosas que no son tan cotidianas, o que lo son, pero no nos damos cuenta que ahí están. Puedo adelantar que tiene que ver con el lenguaje y con la sexualidad, también con el cuerpo, y otra vez estoy buscando cómo entender esto que llamo humanidad, o que llamamos humanidad, que justo es todo esto, pero por otro lado.

 

Por último, ¿qué le dirías a nuestros lectores para que se animen a leer el libro?

Escribí este libro pensando un poco en la niña que yo era y que ya no soy más… o que sí soy. Depende todavía, porque gracias a esa niña soy la que soy. Es un libro que me lleva a mi infancia y, yo quisiera, que todos recordaran una parte hermosa de su infancia si leen Estética del prodigio. No una parte mala o traumática, sino una parte donde vemos la magia, el prodigio. Donde descubrimos y nos asombramos con todo lo que nos rodea.


   
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Ana Paulina Mendoza Aragón

Estudiante de la licenciatura en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.


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