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NUEVA ÉPOCA NÚM. 157 MARZO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Richard Flanagan
Los recuerdos bajo el ferrocarril de la muerte


Rodrigo Jalal
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 157| Marzo 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Jalal, Rodrigo , "Richard Flanagan. Los recuerdos bajo el ferrocarril de la muerte" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Marzo 2017, No. 157 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=811&art=17698&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Al pensar en la magnificencia de las pirámides de Egipto, de los templos romanos, de San Petersburgo, es fácil olvidar que estos están construidos sobre los cadáveres de miles de esclavos. La exigencia histórica por recordar los sacrificios anónimos es gran parte del tema de la novela del australiano Richard Flanagan, El camino estrecho al norte profundo. En 1943 el imperio japonés se propuso lograr lo que las fuerzas aliadas habían considerado imposible: construir un ferrocarril a través de la selva para unir las capitales de Birmania y Tailandia como parte de la campaña militar de la Segunda Guerra. La insólita hazaña habría sido símbolo de la industria japonesa y su indomable espíritu, imponiendo a la vez una afronta a la tecnología occidental supuestamente superior. Con el trabajo forzado de miles de prisioneros de guerra, la empresa fue mejor conocida como “el ferrocarril de la muerte”.

Con este trasfondo histórico, la novela de Flanagan resulta un esfuerzo tan ambicioso como el japonés. A través de las historias de personajes entrañables y odiosos, el autor pretende resaltar la dignidad humana que se puede rescatar de un campo de prisioneros de guerra. Y expone y explora no sólo el tormento de los prisioneros sino también la racionalización de sus captores. De esta manera Flanagan intenta unir los bandos opuestos y colocarlos sobre un mismo plano empático para demostrar una humanidad que sobrepasa las falacias impuestas por la guerra.

 

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Así, la novela saca a luz las motivaciones de los prisioneros y los subsecuentes traumas de los sobrevivientes y sus familias; cuestiona la indiferencia de los oficiales japoneses como un reflejo de su obsesión con el honor nacional; y las atrocidades inhumanas cometidas por los guardias se trazan a infancias frustradas.

Si Flanagan consigue o no humanizar el horror sufrido e impuesto es irrelevante: lo importante es no olvidar. Quizás El camino estrecho al norte profundo sea también una respuesta australiana al memorial de guerra japonés que exhibe la primera locomotora en recorrer el Ferrocarril de la Muerte y honra las víctimas japonesas con su Libro de las ánimas, sin hacer mención de las víctimas de los crímenes de guerra.

Pero El camino estrecho al norte profundo no es una novela con una postura explícita ni a favor ni en contra de la guerra. Más allá del sufrimiento general inherente a todo conflicto armado, Flanagan se enfoca en la historia de Dorrigo Evans, médico militar. El sufrimiento del protagonista es doble: sufre por la guerra, por los hombres a su cargo, por mantenerlos vivos, por enterrarlos, por transmitirles esperanza mediante una fachada de estoicismo que esconde su propio tormento; y ese tormento, la otra cara de su angustia, es por el amor que encontró años atrás en los brazos de la esposa de su tío. Y aunque los encuentros furtivos y esporádicos entre Dorrigo y Amy parecen triviales ante la inmediatez de la guerra, estos marcan la forma de vivir de Dorrigo, hasta que se convierte él en renombrado cirujano, héroe de guerra, e incorregible mujeriego.

A través de sus múltiples personajes —y con Dorrigo Evans en particular— Flanagan ilustra el tema central de la novela resumido por un anónimo personaje menor cuando dice, “La adversidad saca lo mejor de los hombres […]. Es el día a día lo que acaba con nosotros”. El coronel japonés a cargo del proyecto ferroviario, el mayor bajo su mando, el guardia coreano, los prisioneros y el mismo Dorrigo, todos encuentran el mayor sentido de vida en aquel campo de prisión. Sus existencias se definen con el camino estrecho a lo largo de ese ferrocarril. Privados de ese poder, librados de esa agonía, se enfrentan a un mundo que no les da lugar. Es cierto que Dorrigo lo pierde todo en ese campo, pero es la memoria de su amor ante esa adversidad lo que lo mantiene vivo. Al encontrarse en la seguridad y sencillez rutinarias de la vida civil, no hace más que intentar recuperar aquello que ha perdido, y no lo encuentra hasta no verse hundido nuevamente en la adversidad que amenaza con muerte. El clímax de la trama podrá parecer exagerado, pero tiene una correspondencia y resolución necesarias con y para la vida de Dorrigo como héroe del épico viaje al norte profundo.

No en vano ganó El camino estrecho al norte profundo el prestigioso premio Man Booker de 2014, y su autor es considerado por la crítica inglesa como el mejor escritor australiano de su generación. La prosa de Flanagan se elogia por basarse en el desarrollo íntimo de sus personajes y sus luchas internas, sin depender del diálogo superfluo para llevar la trama. Y aunque el Man Booker es el principal premio actual exclusivo para la ficción inglesa, la traducción al español por Rita da Costa no pierde la esencia, aun cuando los sobrenombres de algunos personajes puedan resultar un tanto forzados.

La novela sugiere la capacidad de investigación que Flanagan ha demostrado con su obra periodística, como se evidencia en sus ensayos en contra de la relación de su gobierno con intereses corporativos o a favor de campañas ambientalistas. Sin duda no fue tarea fácil reunir en menos de quinientas páginas tanta historia y tantos kilómetros; y a pesar de que la novela falla en su relato romántico de Dorrigo y Amy —pues nunca acaba por ser del todo verosímil y queda enterrado entre el lodo y la sangre del campo de prisioneros—, cobra una relevancia para un tiempo marcado por incesantes guerras e infundados odios, cuando tan difícil es encontrar significado en la vida cotidiana como sencillo es ignorar los sufrimientos ajenos y pasados. Esta relevancia, aunada a un elenco de personajes inesperados y una serie de eventos inimaginables, hace del libro una obra memorial en cuanto se erige no sobre los cadáveres de los muertos, sino sobre su recuerdo.

 

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Richard Flanagan, El camino estrecho al norte profundo, traducción de Rita da Costa. Random House, México, 2016, 445 pp.


   
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Rodrigo Jalal

Estudiante de la licenciatura en Letras Inglesas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.


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