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NUEVA ÉPOCA NÚM. 158 ABRIL 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Tiempos de la historia, duración del mito


Adolfo Gilly
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 158| Abril 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Gilly, Adolfo , "Tiempos de la historia, duración del mito" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Abril 2017, No. 158 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=829&art=17796&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Especialista notable en el análisis de nuestro periodo revolucionario, Adolfo Gilly, autor de Cada quien morirá por su lado, reflexiona en este ensayo sobre la conformación de la división del Norte, sus tiempos y sus mitos, en los que se enlazaron los destinos de dos de los más notables militares de su tiempo: Francisco Villa y Felipe Ángeles.

 

DEDICATORIA

Quiero dedicar esta reflexión a Álvaro Mutis, el Gaviero, y a dos de sus amados personajes míticos, Alar el Estratega y el Tramp Steamer, cuya tinta roja se me ha filtrado a veces sin que yo lo supiera en la tinta negra de mis historias, las escritas, las soñadas, también las silenciadas.

Escribí allá por 1978 un esbozo de cuanto hoy y aquí tengo que decir sobre la División del Norte, sus tiempos y sus mitos. No será lo mismo, habrán cambiado sucedidos, colores y texturas, pero no los hilos de ideas y sentimientos que conformaron el frente y el envés del paño de esta historia de amores y de guerras.

 

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Obregonistas en locomotora, 1920
© Fototeca INAH / Casasola

 

Álvaro Mutis, al cerrar su relato de La última escala del Tramp Steamer, cuenta cómo escuchó del capitán de ese barco ya hundido, vino blanco y anochecer mediando, una historia de viajes y de amores. Al otro día partían a destinos diferentes. El capitán habló por largo rato. Después se despidieron, alta la noche:

Antes de entrar en un sueño que necesitaba sobremanera, alcancé a meditar en la historia que había escuchado. Los hombres —pensé— cambian tan poco, siguen siendo tan ellos mismos, que sólo existe una historia de amor desde el principio de los tiempos, repetida al infinito sin perder su terrible sencillez, su irremediable desventura. Dormí profundamente y, contra mi costumbre, no soñé cosa alguna.2

Y como las del amor, así las historias de las guerras.

 

1.

La División del Norte atraviesa la historia mexicana como una fuerza del destino: irresistible, fugaz y violenta, cuando ha terminado su rápida carrera —cenit y nadir— ha trastocado la suerte de cuanto y cuantos tocó a su paso y ha sido ella misma aniquilada.

Esa fuerza está compuesta de hombres y mujeres, soldados y soldaderas, y es el tejido de sus vidas, sus esperanzas y sus voluntades entrecruzadas lo que da ese resultado ineluctable, no querido por ninguno pero producido por todos, que es la trayectoria fulgurante de la División y de su jefe Pancho Villa.

De este tejido está hecho el destino, la suerte, aquella otra fuerza ajena a la voluntad humana que parece decidir los acontecimientos de la revolución:

En el Cerro de la Mora
Le tocó la mala suerte,
Lo tomaron prisionero,
Lo sentenciaron a muerte.3

Ese destino no es del todo indescifrable. Es posible descubrir la trama tejida en sus hilos. En la División del Norte hay que escudriñar el conflicto entre clases que mueve su acción, los lazos que unen a sus componentes y el cuadro nacional en el cual esta fuerza armada se mueve: los hilos verticales, los hilos horizontales, el bastidor. Contra ese fondo adquiere sentido, relieve y lógica la figura única del general Francisco Villa, el jefe que la organiza, la encabeza y en el tiempo histórico la encarna.

 

2.

La División del Norte es un ejército de trabajadores rebelados contra el Antiguo Orden. Provienen ellos, al igual que su caudillo, de la forma de expansión del capital en el norte de México: haciendas, ferrocarriles, minas; de las costumbres de los hombres de a caballo de ambos lados de la frontera; y de la crueldad de las guerras de conquista de los territorios indios.

Esos personajes se nos aparecen en Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy; en Cuentos de soldados y civiles, de Ambrose Bierce; en Gringo viejo de Carlos Fuentes; en Vámonos con Pancho Villa, de Rafael F. Muñoz; en Cartucho, de Nellie Campobello; o, tiempo después, en Una muerte sencilla, justa, eterna, de Jorge Aguilar Mora, libro por el cual Friedrich Katz tenía singular aprecio.

Ya no son ellos simple fuerza de trabajo mal pagada por un salario de la hacienda, el comercio, la mina o el ferrocarril. Son seres humanos organizados en ejército con un objetivo propio. A él se han incorporado con sus caudillos y dirigentes locales, llevados estos a la División como oficiales y, en cierto modo ambiguo, también como “representantes” de los hombres a su mando. La figura de Pancho Villa es como la culminación y el símbolo de esa relación. Se alza por encima de ella y a la vez depende de ella y la encarna.

Tales lazos no existen en los ejércitos de Obregón o de Pablo González. Cierto, una esperanza de tierra y libertad los une con el programa vagamente expuesto por sus jefes, que se radicalizan cuando tienen que enfrentar a la División del Norte. Pero estos son jefes y en sus actos, sus modos y sus gustos la tropa no se siente reflejada. Son gente de otra clase, aquella de la cual salen los patrones o esos funcionarios estatales que se comportan como patrones.

Si en cada soldado raso hay un Pancho Villa en potencia, en ninguno hay un Carranza o un Obregón. Por eso en la memoria colectiva del pueblo mexicano no está el ejército revolucionario de Álvaro Obregón sino el de Pancho Villa, esa memoria que aún pervive en los corridos, en los elogios y en las imprecaciones. La División del Norte resultaba tan sencilla, comprensible y lógica para el pueblo como enigmática y en parte irracional se les aparecía a las clases altas de la sociedad. Mientras estas eran dueñas de la prensa y la escritura, aquellos cantaban y escuchaban los corridos.

 

 

1  Tiene este escrito su lejano origen en “La División del Norte y Pancho Villa: el tiempo de los héroes y los mitos” en Adolfo Gilly, Arriba los de abajo, México, Océano, 1986, 121 pp., pp. 35-37. Sobre el mito en la historia: Rhina Roux, “El mito, la tierra, el Príncipe” en Adolfo Gilly y Rhina Roux, El tiempo del despojo, México, Ítaca, 2015, 191 pp., pp. 61-97. [Regreso]

2  Álvaro Mutis, La última escala del Tramp Steamer, Ediciones del Equilibrista, México, 1990, p.101. Álvaro Mutis, La muerte del estratega. Narraciones, prosas y ensayos, FCE, México, 2004, 214 pp., “La muerte del estratega”, pp. 73-88. [Regreso]

3  Corrido de la muerte del general Felipe Ángeles. [Regreso]


   
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Adolfo Gilly

Adolfo Gilly nació en Buenos Aires, Argentina, en 1928, naturalizado mexicano en 1982. Historiador e intelectual. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor de Historia y Ciencia Política de...


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