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NUEVA ÉPOCA NÚM. 158 ABRIL 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 158| Abril 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Kraus, Arnoldo , "Álter" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Abril 2017, No. 158 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=829&art=17805&sec=Creaci%C3%B3n > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Lo que comienza como una inocente tarea para una clase de literatura, se convierte en una inesperada inmersión por los vericuetos del inconsciente, lo fantástico y los deseos inconfesados. En la vena de Stevenson, Poe y Borges, Arnoldo Kraus, autor de Recordar a los difuntos, nos presenta este inquietante relato.

 

Para finalizar el curso de Literatura como responsabilidad, Fernando, maestro del tercer año de universidad de la carrera de Literatura, le pidió a los alumnos un escrito, un diálogo. Fernando era uno de los profesores más apreciados de la carrera. Los estudiantes, a pesar de sus exigencias, mayores que las de los colegas, lo estimaban. “Nos hace pensar”, decían unos, “nos invita a leer y a discutir”, comentaban otros.

―No debe tener más de tres o cuatro párrafos, o bien, una cuartilla a doble renglón. El tema es libre.

Francisco, el alumno más obsesivo de la clase, le pidió al maestro algunas sugerencias.

―Si nos propone unos temas será más fácil hacer el trabajo, le dijo Francisco a Fernando.

―Les pedí un diálogo libre, un escrito sencillo, del alma. En esta ocasión no pretendo valorar sus conocimientos. Quiero saber si aprendieron a narrar, y conocer un poco más acerca de su forma de pensar y de su personalidad.

 

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Daniela Gioia, Alter ego, 1997
© Wikicommons

 

Confuso, Francisco, tras leer varios párrafos de algunas novelas, decidió escribir un diálogo entre él y su álter ego. Optó por esa opción cuando encontró el término en la novela anónima El otro yo. Como no sabía mucho de los significados de álter ego, buscó información en Internet: “Un álter egoes un segundo yo, que se cree es distinto de la personalidad normal u original de una persona”. Aunque la definición le pareció complicada ―¿qué significa personalidad normal?, ¿un segundo yo es el mismo pero fuera de mí?―, la idea del álter ego le sedujo. Antes de las primeras líneas del ensayo inventó, se inventó, un diálogo con su álter. “Así sabré más de mí y podré escribir el ensayo con más elementos”.

 

*  *  *

 

―Buen día, Álter. ¿Estás ahí?

―Sí. Siempre estoy. Álter ego es mi nombre completo. 

―Perdón, no sabía. Entonces, ¿eres, como leí en la definición, mi segundo yo?

―Sí, eso soy. ¿En qué te puedo ayudar?

―Me llamo Francisco y decidí buscarte.

―¿Por?

―Fernando, el maestro de literatura, nos pidió que escribiésemos un diálogo para finalizar el curso universitario de Literatura como responsabilidad. Un diálogo personal, dijo. Quiere evaluar cómo narramos y desea conocernos mejor. Sería muy provechoso dialogar contigo.

―¿Y por qué escogiste conversar conmigo?

―La razón es sencilla. ¿Te la digo?

―¡Sí!, por favor.

―No sabía cómo empezar ni a quién dirigirme. Me puse a leer novelas y en dos o tres te mencionan. Fue un alivio saber que en mí habitan dos personas: Francisco yo y Francisco Álter. Así que, te repito, fue un alivio encontrarte. Siempre supuse que había dentro de mí otra persona. De cuando en cuando yo decía algunas ideas o pensaba en ciertos temas un tanto ajenos a mi forma de ser. Y ahora entiendo…

―Seguramente por eso me encontraste…

―Bueno, no sé si fue exactamente a ti, quizá fue a uno de tus primos o a un seudónimo, o incluso a mí mismo. Siempre he tenido dudas acerca de mi persona, de mis quehaceres, de mis vidas, de mis yoes. Por fortuna me enteré de ti.

―Álter egos hay muchos, todo mundo tiene el suyo.

―La verdad es que no lo sabía, ni había leído al respecto. Mientras hojeaba novelas, mi madre, cuando me vio buscar información sobre los significados de álter ego, me recomendó El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. Te confieso, aún no lo he leído. ¿Tú los conoces?

―No, no los conozco, pero debes saber que la canción de cuna de todos los álter se basa en la historia del Dr. Jekyll y Mr Hyde. “Duerme, chiquito Álter, duerme, mi vida, no corras y no te agobies. Cuida a tu Señor Ego, cuídalo. Sólo habla cuando veas que Señor Ego se equivoca o tropieza. Antes no. Duerme, chiquito Álter”, dice la primera estrofa.

―¡Caray!, qué extraña historia. Ahora entiendo un poco más. He platicado con algunos amigos. Casi nadie es consciente de tu existencia. Por ahora te agradeceré si  me escuchas y me respondes.

―No tienes qué agradecer. Así sucede cuando egobusca a álter ego. Un ego dice una cosa, el otro responde otra cosa, en ocasiones están de acuerdo, otras veces no. Mirar el mundo es suficiente. Muchas veces los egos pelean entre ellos y no llegan a ningún acuerdo.  Los Álter siempre sabemos de ustedes, intentamos poner orden.

―¿Sabías de mí?

―Claro. Sin ti yo no existiría. Los segundos yos, los Álter, somos etéreos. Necesitamos un ser humano de carne y hueso y alma y dolor y dudas para existir. No somos independientes. Vivimos gracias a ustedes, a los Señores Ego.

―Entonces, ustedes nos llaman Señor Ego, ¿verdad? 

―Eres joven, por eso no te habías percatado de mi existencia. Sí, los Álter les llamamos a ustedes Señor Ego. Y ustedes son nuestra morada. Te repito: yo te conozco hace mucho. Conozco a tu familia, a tus amigos, tu casa, tus vericuetos, tus confusiones…

―¿En serio?

―Sí, por supuesto. Una regla no escrita pero fundamental para los Álter es no mentir.

―¿No mentir?

―No mentir es imprescindible. Si Álter miente, el Señor Ego pierde.

―¿Por qué pierde?

―Álter vigila, acompaña día y noche a la persona, lo guía, le sugiere, lo invita a reflexionar. Si no hubiesen Álter el mundo sería más crudo de lo que es y las personas más confusas de lo que son. No mentirle a nuestro Señor Ego es obligatorio. Es la regla de oro.

―¿La mayoría de la gente sabe que tiene un Álter? Yo me enteré por la novela.

―No, no es así. Sí lo sabías. Muchas decisiones, aunque no te des cuenta, las tomamos en conjunto. El problema es que no somos de carne y hueso, somos etéreos, ¿recuerdas que te lo dije? No todo mundo es consciente de nuestra existencia, pero, muchos actos se hacen o se dejan de hacer gracias a nosotros. No es necesario hablar. Ahí estoy y ahí estás.

―¿Ahí estoy y ahí estás?

―Cuando dudas, antes de actuar, reflexionas. En ese momento aparezco y te sugiero qué hacer o qué no hacer. Aunque no me apersone y no me veas, sabes de mí.  Fernando, creo, les pidió el texto que ahora escribes, o más bien escribimos para invitarlos a reflexionar acerca de su persona. Fernando, él no lo sabe, es una de las personas que más dialoga con su Álter. Sin duda, su éxito académico y su personalidad se deben a esos diálogos. Y por algo escogiste hablar conmigo y no con un rabino, un deportista, una novia o con tu madre. Antes de finalizar tu trabajo piensa por qué me buscaste, no sólo fue por lo que leíste en las novelas. Escríbelo.

 

Francisco había escrito todo el día. Era medianoche cuando decidió interrumpir.  Estaba cansado y un tanto desconcertado: en ocasiones, además de escribir, le daba la impresión de que hablaba y veía a Álter. Decidió irse a dormir. Tenía un día de plazo para entregar la tarea.

Al despertarse, releyó lo que había escrito el día previo. Le agradó la conversación. Faltaba el ensayo. Procuró retomar el trabajo. Después de dos horas, y tras varios intentos infructuosos, decidió tomar un respiro. El sueño no había sido reparador. Como era su costumbre, cuando tenía demasiadas dudas o se sentía nervioso, salió a caminar. Al llegar al parque se sentó en una banca sombreada. Mientras miraba a los niños jugar escuchó una voz queda, amable, parecida a la del álter del escrito, a la del álter de la voz, a la del álter del sueño.

―Hola, Francisco. Creo que no dormiste bien. Lo siento. Aunque no es mi culpa, te pido disculpas. No dejaste de invocarme toda la noche. Yo prefería dormir; habíamos tenido un día muy agitado. Escribiste varias horas. Como dicen los psicólogos, no lograste desconectarte. Y me hablabas y me hablabas.

―¿Y qué te decía?

―Que fue grato conocerme. Después, si mal no recuerdo, agregaste que te sorprendía la idea de que tú y yo cohabitáramos. Entre sueños tomaste la pluma y escribiste unas líneas. No las leí, estaba muy cansado; además, tu letra es horrible. Si quieres mi opinión, por favor escribe en la computadora. De lo que no tengo duda es que escribiste una pequeña carta y el ensayo para el maestro Fernando.

―¡Caray!, gracias por apersonarte. No recuerdo haber escrito nada…

―Tomaste de tu cajón dos hojas; en cada una escribiste unas pocas líneas. Te moviste mucho durante la noche. Ambos papeles cayeron atrás de la cama.

 

Las hojas estaban, en efecto, atrás de la cama. La primera, era el ensayo. La segunda, era una carta.

 

*  *  *

 

ENSAYO FINAL. CURSO DE LITERATURA.
PROFESOR: FERNANDO SUÁREZ.

 

En dos novelas encontré que el autor inventó un doble para su personaje central. No sé si lo hizo así porque era más fácil escribir la historia o si optó por esa forma porque él mismo cohabitaba con otra persona. Mi madre me comentó que ese recurso es frecuente en la literatura y, además, enfatizó que en los consultorios de psicoterapeutas y psicoanalistas el tema del subconsciente es fundamental. Mi madre es psicoterapeuta. Me aclaró la trascendencia del álter ego en la literatura y las similitudes con el subconsciente del psicoanálisis.

Yo sabía un poco, gracias al oficio de mi madre, del subconsciente. No había escuchado de álter ego. Ahora sé, lo busqué en Internet, el significado de álter ego: “un segundo yo, que se cree es distinto de la personalidad normal u original de una persona”. Me encantó la idea. ¿Y sabe por qué me encantó? Le explico.

La vida del mundo, la vida del tiempo, es amplia, inagotable, inabarcable. Ofrece mucho. Imposible tomar todo, imposible montarse en ella y absorber todo lo que muestra. La vida de uno es corta, apenas un suspiro comentan los viejos, apenas un pequeño momento aseguran quienes confrontan la propia muerte. Y en esa vida, y en esas vidas, se transita mejor cuando el alma y el interior albergan otra voz, otra presencia. Una voz que acompaña y muestra otros derroteros, no mejores, no peores, simplemente otras formas de habitar la vida y de habitarse. Esa morada tiene diversos espacios. Uno de ellos, recién lo sé, es el de nuestro álter ego. De álter me enteré gracias a un par de novelas. El encuentro, aunque no forma parte de este miniensayo, se puede leer en las páginas previas.

Somos pequeños. Más pequeños de lo que pensamos. La vida ancha, inabarcable, nos rebasa y muestra cuán poco somos. Entramos y salimos. Tomamos y dejamos. Vivimos y enterramos. Álter me ha permitido adentrarme en mí. Algunas dudas se han disipado, otras han llegado. Hablar con él, en silencio, a pesar de su incorporeidad, y escribir con él, permite escrutar la vida con otra mirada, desde otra perspectiva. La vida ancha se aprecia distinto cuando son dos lectores. Álter lee después de mí. Álter ofrece una lectura diferente, neutra, desapasionada. La realidad, ¿cómo escribirlo?, tiene muchos rostros, los de un día, los de otro día; unos conocidos, otros desconocidos. Unos míos, otros de Álter.

Cuestionar a la realidad es una ventana nueva abierta por Álter. No clausurar la verdad ni vivir en la mentira es, me explica Álter, una posibilidad. ¿Una posibilidad?, me pregunto. Si la presencia de Álter facilita esas posibilidades ―cuestionar la realidad, vivir con congruencia― la vida, mi vida, será buena.

De pronto aparece algo y suceden eventos donde antes no había nada y poco sucedía. Eso se lo debo a Álter.

 

*  *  *

 

La segunda hoja contenía una pequeña carta.

Diciembre 1, 2016

Álter:

¿Te puedo pedir un favor?

Busca a Francisco. Cuéntale de nuestro encuentro. Explícale que dormí poco y mal. El ensayo, lo sabes, está listo. Se lo mandé a Francisco temprano. Por si acaso no le llegó, ¿se lo puedes mandar de nuevo?   

 

Francisco:

Recién terminé  la tarea. No sé bien cómo le hice. Sin duda, lo sabes, lo explico en el correo que te mandé. Álter escribió conmigo el trabajo, se metió, o lo metí, no recuerdo bien qué fue lo que sucedió, en mi noche. Y me acompañó y lo acompañé. Y el ensayo quedó listo.

 

Álter y Fernando:

¿Están ahí? Soy Francisco. ¿Me escuchan? Si acaso no me recuerdan, soy Francisco, el de la escuela, el de este escrito, el de la casa de Álter.


   
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Arnoldo Kraus

Nació en la Ciudad de México el 10 de noviembre de 1951. Médico cirujano por la UNAM. Realizó estudios de posgrado en Medicina Interna y Reumatología e Inmunología Clínica en el Instituto Nacional de la...


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