UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 158 ABRIL 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Creación   >>>   Bruce Swansey

Aprendiz de empresario


Bruce Swansey
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 158| Abril 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Swansey, Bruce , "Aprendiz de empresario" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Abril 2017, No. 158 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=829&art=17806&sec=Creaci%C3%B3n > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 2

Untitled Document

 

El escenario mediático de un esperpéntico reality show le sirve a Bruce Swansey, hombre de teatro y autor de Edificio La Princesa, para desatar a través del lenguaje la vorágine de la barbarie y la violencia a la que se ven empujados aquellos seres marginados por la miseria y la falta de oportunidades en un mundo enloquecido y caótico.

 

En el principio fue el caos de la materia. No había árboles, ríos ni nombres. Todo era masa revuelta en el fango. Pero surgió el transcurso y el espacio y en el orbe sombrío se distinguieron semillas de diferenciación. Aparecieron entre el lodo primigenio la sangre, la agitación y el palo encebado. Luego fue la señal.

La sombra cedió paso a la luz revelando las largas serpientes del cableado. El estudio emergió animándose con camarógrafos, locutores y asistentes y las descargas de adrenalina del querido público que aguarda ilusionado el látigo chasqueante del empresario de oro, quien les promete cuanto añoran.

 

imagen
© Robert Huberman

 

Abundio y Llonatán se formaron fuera del estudio porque es preferible agonizar en la madrugada para participar en la audiencia “en vivo” que ser intérprete anónimo de la propia miseria. Además las colas exigen practicar las virtudes cardinales: la paciencia sobre todo, pero también la modestia, la caridad, y el conocimiento íntimo de que se es un ser nacido para la muerte.

―¡Qué pinche frío, me cae, güey! ―dice Abundio soplándose las manos.

Para participar es imprescindible firmar un contrato que exime de toda responsabilidad a los productores. Es un programa de adultos para adultos que asumen su libertad. A cambio los concursantes gozan de los fabulosos beneficios de la celebridad. Durante ese tiempo viven con plenitud gozando la brevedad incandescente de su fama. Son los héroes del instante. Les bastan las galas de la muerte.

―Chido, güey… ―opina Llonatán vislumbrando el fulgor que lo recompensará al final de la cola.

El eterno espectáculo de las ilusiones renueva el encanto melancólico de la esperanza al anunciar que un tribunal considera devolver a los pensionistas 1 por ciento de los ahorros perdidos en la piratería bancaria más reciente. La cámara panea sobre el público deteniéndose en los espectadores que al azar han ocupado las butacas electrificadas por lo que se les conoce con el nombre de “nalgas calientes”. Sus respingos causan enorme hilaridad y contribuyen a la camaradería.

Afuera Llonatán se encoge con los retortijones.

―No mames, güey…

Los programas dependen de las encuestas que en la jerga del magma de la creación se llama rating. Aprendiz de empresario se mantiene en el horario de mayor éxito y cuenta con la banca, la industria automotriz, los emporios petroleros, los imperios informáticos y los bienes raíces como patrocinadores de un programa encomiable porque revela e impulsa la ambición.

―¡Pssss!

La maquillista sabe que no debe acercarse antes de que el conductor haga la señal con la mano ebúrnea de apretados y rechonchos dedos que ya alza como quien llama al perro. Luci se estremece. Acude aturdida. Entretiene dudas sobre el magnate cuya imagen no coincide con este que yace desparramado. Si pudiera lo entregaría a las deidades insaciables. Lo haría recorrer puentes que se angostan. Luego lo haría saltar al abismo ardiente. La boquita parada en un eterno puchero le sugiere el culo de las gallinas. La carota hecha de masa sin hornear bajo el cabello entreverado de mechas color zanahoria y amarillas como las piñas que debe embalsamar en forma de algodón de feria.

Luci suspira. Sonríe para disimular el miedo. Se concentra en aplicar una primera capa de sellador sobre el que traza rayas con el lápiz blanco que también distribuye alrededor de los ojos.

En el pasillo gruñen Abundio y Llonatán a la espera de su turno.

―¡Qué pinche suerte, güey! 

Le repugnan las manos porque son muy pequeñas pero sobre todo por su inusitada rapidez: con la izquierda le sujeta las manos mientras con la derecha le levanta la falda y urga entre sus piernas. Repentinamente la suelta y la mira ofendido.

―¡Oríname! ¡Aquí! ―le dice pasándose la mano regordeta sobre el pecho.

Aparece enmantecado y polveado.

―¡Cinco... cuatro... tres... dos... unooo!

―¡Chillen, puercos inmundos!

―Óraleee…

El programa se inicia con un segmento de interés nacional que según el conductor tiene poderes terapéuticos notables: levantar el muro. Aquí se ventilan los rencores más acendrados y ninguna agresión es excesiva. Causa admiración el ingenio para obligar a los participantes a poner ladrillo sobre ladrillo que deben pagar de contado. En caso contrario el magnate dispone como rehenes de los familiares que aguardan encomendándose a la madrecita del Tepeyac.

―Sta güey…

En lugar de inventar historias el programa las “produce” a condición de que sean ciertas y se realicen con los protagonistas originales. Nada existe fuera de la pantalla líquida en la que los sueños son más auténticos que la caca de perro. Aquí nada es ficticio.

―¿Te cae, güey?

El millonario temperamental es enemigo de la simulación. Si se afirma que transforma a los hombres en cerdos es porque es cierto. Los televidentes han sido inoculados por la desgracia permanente que se agolpa en los noticieros y ríen hasta llorar con las promesas de los políticos en turno, pero ni siquiera el más cínico, quien conoce la inconcebible inferioridad de los dioses, se atreve a cuestionar lo que sucede en Aprendiz de empresario.

El naufragio es la condición de la que parte el programa, lo cual le ha valido al gran pujante ser encomiado por los analistas culturales que dedican sus cavilaciones a analizar los segmentos del programa y a seguirlo durante temporadas.

―¿Cuánto pinche tiempo más, güey? ¿Eh?

Una sección especialmente popular se alimenta de los proyectos presentados para drenar el pantano, que obsesiona al potentado. Aquí se usan ilegales porque a raíz de la muerte de una iguana la sociedad protectora de animales protestó airadamente.


   
    subir     PDF

Bruce Swansey

Nació en la Ciudad de México, en 1955. Cursó el doctorado en Letras en El Colegio de México y el Trinity College de Dublín, con una investigación sobre Valle-Inclán. Ha sido profesor en esta institución y en...


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés