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NUEVA ÉPOCA NÚM. 158 ABRIL 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Adrián Curiel Rivera
Dime qué perro tienes y te diré quién eres


Antonio Tec
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 158| Abril 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Tec, Antonio , "Adrián Curiel Rivera. Dime qué perro tienes y te diré quién eres" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Abril 2017, No. 158 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=829&art=17808&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Adrián Curiel Rivera (Ciudad de México, 1969) acaba de publicar un libro de cuentos titulado Día franco. Cinco cuentos y muchos perros. De entrada, ante la portada, me puse a la defensiva; se pueden ver algo así como las siluetas de un rottweiler y un terrier con la quijada afilada de dóberman, aunque achaparrado, por lo que podría ser más pequeño pero igual de amenazante. Pero al final del libro comprendí que el espectro de un motivo poético, los perros en este caso, cuando es usado de manera amplia y consciente de la multiplicidad de factores que convergen en las subjetividades inconmensurables de los posibles lectores, es capaz de satisfacer hasta al más belicoso animalista.

 

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El primer cuento, “Día franco”, abre la brecha con la relación con la mascota, la fidelidad, incluso la necesidad de su compañía; la camaradería que une a una persona y su perro. Algo en lo que la mayoría de la gente que conozco, y seguro todos los que tienen mascotas, convergen; los perros son fieles compañeros, que sólo ameritan reciprocidad, en el caso humano traducida en cuidarlos, alimentarlos, rascarles el cuello, sobarles el lomo, etcétera. ¿Pero esto es realmente así? Por otro lado, los cuentos subsiguientes remachan la sensiblería que se pudiera haber despertado en los amantes de los perros. “Salida número 14”, el segundo título, es un hilarante relato que en su momento me hizo pensar en una película como Los tomates asesinos, pues en el cuento leemos la amenaza atosigante de una ciudad al ser tomada por los perros; pero no hay mordiscos, no hay sangre; hay lengüetazos, hay torturas de perros melosos. El cuento sigue, eso sí, la perspectiva de un oficinista que de improviso se encuentra en medio del ataque canino. Un amante de los perros apenas comprende la amenaza, acaso la vea como una exageración ridícula, pero uno a quien los perros no le resultan simpáticos, como a mí mismo, comprende, incluso presiente, que algo no va bien: ese perro tiene mirada sospechosa, ese se me quiere acercar, ¿un san bernardo en un elevador? El hombre es su propia paranoia.

“Influyente”, título siguiente, en parte parece un extracto de Blanco trópico, novela del mismo Curiel Rivera publicada con el sello de Alfaguara (2014), pero más enfocada en los lances literarios, editoriales y las ambiciones humanas. Un economista aficionado a escribir cuentos que mira en la televisión a un escritor de cuento exitoso, y en un alarde rabioso despotrica en contra del personaje en sí, ególatra, presuntuoso; al final la vida conyugal parece resarcir las ambiciones no cumplidas, o no. Enmarcado en las menciones de paso del perro del vecino que ladra amenazante y sin cesar. En todo caso la profundidad de la alegoría está en cuál de los dos perros sería más peligroso, el que ladra o el que no, y funciona en ambos niveles, pero el lector mismo es quien se apropia de su favorito, incluso hablando de los lances humanos. “Te extraño, bestia”, penúltimo cuento del volumen, pone sobre la mesa de nuevo la relación entre el ser humano y un can, tanto como para que una relación entre dos personas pueda encontrar un motivo de alejamiento en ello. Pero la relación inquebrantable y la fidelidad entre especies no es otra que la metáfora de una libertad pretendida por el ser humano, e impuesta en gran medida a las mascotas; además de los sentimientos variados entre estos dos tipos de “bestias”.

El cuento que cierra el volumen, “Un anciano en la azotea”, es quizá mi favorito. Trata la historia de un viejo periodista que vive solo enfrente de alguien en cuya casa hay un perro escandaloso que no deja de ladrarle a algo invisible; paralelamente, hay un divertido diálogo radial entre policías en código. La frustración y la soledad del viejo, la vida matrimonial atormentada de su hija, sus nietos inquietos en visitas esporádicas, y el ambiente, esa tensión del frío invernal, los ladridos continuos, el cansancio de un cuerpo anciano que se siente contagioso, el suspenso policial, así como el subsecuente desenlace sorpresivo del cuento lo hacen uno de los mejores relatos de horror que he leído últimamente.

Pero no todo es perros y amor y odio, horror y risas. Algo que se debe tener en cuenta cuando se lee una obra de Curiel Rivera es el lenguaje. Un lenguaje cuidado y pulcro, que lo mismo se decanta por una oralidad callejera que por oraciones de constructos estilísticos de una gramática preciosista. Podría decirse que no es una prosa sencilla, de hecho la narrativa adquiere otro nivel por ese lenguaje, culto pero peculiar, o que vuelve a la importancia de la amplitud del lenguaje español, amplio y frugal, como dijo Bolaño.

No pude quedar más que satisfecho con la lectura. Miedoso de los canes como soy, encontré mi lugar en varios de los personajes; si bien me estremecí ante alguno que amaba de más a su perro también me enojé en contra de otro que detestaba al perro de su pareja, aunque me sentí identificado de algún modo con él porque encontré un atisbo de mi reflejo en la vida real. Y la literatura sirve para eso, para reflejar la realidad, pero sobre todo para voltearnos de cabeza el espejismo de qué es lo que consideramos real. Cuando se cierra un libro y se comienza a cuestionar situaciones que antes no se hacía, la literatura toma forma y evoluciona en el lector. No digo que ahora amo a los perros; nunca besaré a uno en el hocico, y siempre desconfiaré de muchos de ellos; los ladridos amenazantes, o simplemente escandalosos, me siguen orillando a ataques de ansiedad. Al final de cuentas compañeros nuestros en la existencia, y son, eso sí, el reflejo mismo de los seres humanos, los perros son también el reflejo ejemplar de la civilidad angustiosa o no, que vivimos, y el libro de Curiel Rivera da en el blanco: nada es como parece, ni todo es como quisiéramos que fuera.

 

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Adrián Curiel Rivera, Día franco, Dirección de Literatura/UNAM, México, 2016, 100 pp.


   
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Antonio Tec

Licenciado en Literatura Latinoamericana con Mención Honorífica en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán. Ha participado en talleres de creación literaria, y ha...


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