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NUEVA ÉPOCA NÚM. 158 ABRIL 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Seis millones de fantasmas sin rostro


Eduardo Antonio Parra
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 158| Abril 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Parra, Eduardo Antonio , "Seis millones de fantasmas sin rostro" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Abril 2017, No. 158 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=829&art=17812&sec=Rese%C3%B1as > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Novela-enigma, Morirás lejos fue publicada por José Emilio Pacheco hace medio siglo, en 1967, durante un periodo literario de renovación y riesgo. A partir de una anécdota en apariencia banal, la obra, que por fin regresa a librerías, entreteje una serie de referencias y episodios históricos definidos, todos ellos, por el signo de la destrucción y el exterminio del hombre por el hombre.

 

En los últimos meses Ediciones Era ha puesto en circulación dos títulos de José Emilio Pacheco que, si bien ya eran considerados imprescindibles en el panorama de nuestra literatura, resultaban imposibles de conseguir: la novelaexperimental Morirás lejos y la recopilación de columnas periodísticas Inventario. Morirás lejos, luego de algunas ediciones en la editorial Joaquín Mortiz, y de haber aparecido en la serie Lecturas Mexicanas de la sep, había estado fuera de circulación por más de veinte años, mientras que los artículos, reseñas, crónicas, entremeses, fragmentos narrativos, ensayos y traducciones que constituían las colaboraciones semanales del autor primero en “Diorama de la Cultura”, antiguo suplemento cultural del periódico Excélsior, y después por muchos años en la revista Proceso, nunca habían sido reunidas para ponerlas a disposición de los lectores, a pesar de que hubo antes algunos intentos. Con estas dos publicaciones, que estaban haciendo falta, se podría asegurar que lo esencial de la obra de quien fuera el hombre de letras más completo de la segunda mitad del siglo xx en México se halla al fin al alcance de todos. Escritor multidisciplinario, José Emilio Pacheco fue demiurgo de un par de novelas breves consideradas obras maestras por críticos y lectores tanto nacionales como extranjeros, Las batallas en el desierto —que constituye con Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y Aura, de Carlos Fuentes, la tríada novelística más conocida en el país— y la referida Morirás lejos, que hasta hace unas semanas debía ser rastreada en librerías de viejo o fotocopiada por quienes querían adentrarse en sus páginas.

 

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Pacheco concibió su novela a mediados de la década del sesenta, cuando la fiebre experimental recorría gran parte de las literaturas occidentales debido al influjo de autores como Alain Robbe-Grillet y los seguidores de la nueva novela francesa, en un momento en que los novelistas se cuestionaban en serio las técnicas y estructuras del realismo convencional, al no considerarlas ni adecuadas ni suficientes para reflejar una idea del universo que había saltado en pedazos tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. A la pregunta de ¿cómo narrar una realidad que no ofrece certezas ni es estable?, diversos escritores enfocaron sus esfuerzos en la búsqueda de un lenguaje que fuera capaz, no de ordenar el caos de los hechos, sino de plasmar la incertidumbre que embargaba —y aún lo hace— a la conciencia humana, que expusiera las dudas, los temores, la incredulidad y falta de esperanza de una generación al borde del abismo. Y aunque ya venía de tiempo atrás, fue acaso en los sesenta cuando se consolidó la tendencia de la novela como un instrumento de interrogación, un objeto narrativo que plantea preguntas en lugar de ofrecer respuestas. Los sesenta. Una década llena de cambios, intensa desde el punto de vista histórico y artístico. No es casual, por ello, que en ella se hayan sentado las bases de todo lo que vendría después en diferentes disciplinas, artes plásticas y visuales, teatro, música. Tampoco es casual que se hayan originado en ella obras maestras incuestionables. Si pensamos en el cine, por ejemplo, en 1965 se estrenó el mediometraje La fórmula secreta, de Rubén Gámez, donde tuvieron intervención Juan Rulfo y el poeta Jaime Sabines, filme que según los conocedores no ha sido superado en el ámbito del cine experimental mexicano.

Algo semejante han dicho ciertos críticos y lectores en el campo de la narrativa: “Morirás lejos es la mejor novela experimental escrita en México”. Aunque para sumarse a una afirmación como esa sería necesario releer muchos textos olvidados que todavía al iniciar este siglo atestaban las mesas y los estantes de las librerías de viejo, la mayoría editados entre 1970 y 1980 por Joaquín Mortiz, y que ahora son inconseguibles, la lectura de la novela de José Emilio Pacheco publicada por vez primera hace medio siglo sirve para suscribirla. Su trama es en apariencia muy simple, incluso banal: un hombre, sentado en una banca de un parque, tiene el periódico abierto frente a su mirada y lee la sección de anuncios clasificados, mientras otro hombre lo observa desde la ventana de un departamento cercano a través de una abertura en las persianas. Del lector del periódico los lectores no sabemos nada; del observador tampoco, salvo que se llama eme. El narrador del relato, quien podría no ser sino otro simple mirón que contempla la escena, se sirve de ambos personajes, y de los objetos que pueblan el entorno para aventurar las hipótesis cuyo desarrollo construirá la novela. ¿Quién es el hombre que lee y por qué está en ese sitio? ¿Quién es el que lo observa desde su guarida y por qué no se deja ver? A partir de estas cuestiones, y de las que se deriven de ellas, Pacheco conduce a sus lectores en un viaje donde la memoria, la inteligencia y la imaginación ocupan los primeros planos.

Relato-enigma, Morirás lejos echa mano en un principio de los procedimientos de la novela policiaca para establecer una tensión que parece retar el intelecto del lector. Eme mira con cierto temor al hombre que lee el periódico, sí, pero, ¿por qué? Porque se siente perseguido o vigilado. Y se genera la siguiente pregunta: ¿por qué se siente así?, ¿cuál es la culpa que lo corroe? En vez de intentar dar respuesta precisa a las interrogantes, el narrador aventura un sinnúmero de opciones posibles al tiempo que, al modo de las piezas de un rompecabezas, abre líneas narrativas paralelas que tienen que ver con la historia del pueblo hebreo, tanto la de milenios atrás como la reciente. En una de ellas toma la voz el historiador Flavio Josefo, para contarnos fragmentos de la llamada Guerra de los Judíos, una de las campañas de exterminio más brutales de los tiempos antiguos, cuando las tropas romanas de Tito Flavio llevaron a cabo la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén y que concluyó con el suicidio colectivo de los miembros de la última resistencia judía, los zelotes, en la fortaleza de Masada. Este conflicto, como sabemos, dio origen a la Diáspora del pueblo hebreo. El narrador de Morirás lejos pone el acento en la crueldad de los conquistadores romanos:

En la parte exterior se refugiaban seis mil niños y mujeres. La incendiaron también y de aquella multitud nadie sobrevivió. Mientras ardían los muros los soldados robaron cuanto pudieron y asesinaron a otras diez mil personas. Al resplandor de la hoguera todos encontraron la muerte: lo mismo si imploraban perdón que si resistían con las armas. El eco de las montañas circundantes multiplicó el fragor de quienes morían, mataban, huían, luchaban, destruían, saqueaban.

¿Por qué relacionar un suceso tan antiguo y tan lejano en el espacio con dos hombres contemporáneos en un parque de la Ciudad de México? Tal vez para demostrar que nada de lo ocurrido se olvida en realidad, sobre todo si se trata de crímenes terribles. O para recordarnos que el hombre es idéntico a sí en su sed de sangre desde que habita la Tierra. Con un pesimismo algo contenido, el narrador de la novela expone ciertos episodios emblemáticos de la maldad humana, como para impedir que olvidemos que su germen se halla en el interior de todos, y que si no los vigilamos con ayuda de la memoria podrían manifestarse en cualquier momento. Por eso la guerra registrada por Flavio Josefo pasa a una nueva línea narrativa que va del bombardeo del gueto de Varsovia a los campos de exterminio de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, en voz de uno de sus principales ejecutores.

A la manera de los retablos donde, al contemplar imágenes en apariencia desconectadas entre sí, nuestro cerebro lleva a cabo una síntesis y extrae sus propias conclusiones, el narrador conjetural de Morirás lejos intercala escenas, conceptos, reflexiones, historias, visiones, y a cada momento nos regresa a los dos personajes —lector y observador— con el fin de que no olvidemos que se trata de resolver el enigma de su identidad, de su personalidad. Y en esta constante vuelta a su origen, la novela acaba por interrogar sus propios procedimientos como artefacto literario, en una suerte de autoanálisis que abre otra línea, esta vez reflexionando sobre la creación misma.

Todo eso todo eso (si existe y no son calumnias inventadas para justificar sus temores) redobla en él la voluntad de escribir sin miedo ni esperanza un relato que por el viejo sistema paralelístico enfrente dos acciones concomitantes —una olvidada, la otra a punto de olvidarse— venciendo el inútil pudor de escribir sobre lo ya escrito y las dificultades para encontrar documentación en una ciudad sin bibliotecas públicas; ya que sólo dispone para hablar del gueto varsoviano de referencias inconexas y aun contradictorias; y para narrar la destrucción de Jerusalén, de lo que nos legó Flavio Josefo: un traidor, un colaboracionista que al ser derrotado se pasó al bando de los opresores y como los esclavos adoptó el apellido, Flavio, de sus amos; escribió en Roma, vigilado por Tito, para enaltecer las atrocidades imperiales contra su propio pueblo, exhibir el poderío romano y desalentar otras posibles rebeliones; si el hombre empleara, como es inevitable, el libro de Josefo tendría que darle la vuelta y observar los hechos desde un punto de vista contrario al de su autor.

Novela donde se recuerdan y se reparten de modo equitativo —entre todos nosotros— las culpas de la humanidad, Morirás lejos contiene en su trasfondo una exigencia, que no esperanza, de justicia para los crímenes más atroces cometidos en contra de la propia humanidad. Acaso por ello es posible intuir en su forma una especie de metáfora del destino del hombre: arranca como una conjetura, es decir, como una entidad plena de opciones, mas conforme las va desarrollando —encarnando— se encamina poco a poco a su disolución, a su exterminio. De este modo, el narrador, quien al principio mostraba una serie de posibilidades tanto sobre sus personajes como sobre sí, en las páginas cercanas al final se pregunta:

pero quién es eme
quién soy yo
quién me habla
quién me cuenta esta historia
a quién le cuento (p. 135)

Y un poco más adelante:

O no soy nadie.
Tal vez no haya nadie en la banca del parque.
O quizá hay seis millones de fantasmas sin rostro.

Escrita bajo la sombra de las lecturas de la obra de Jorge Luis Borges, en una época en que —como en la nuestra— la incertidumbre era el principal signo de los tiempos, Morirás lejos es un artificio extraño y eficaz que, a partir de una anécdota mínima, se despliega en tiempo y en espacio hasta abarcar milenios de historia y otros continentes en una hazaña sintética sin antecedentes en la literatura mexicana, pero que desde hace cincuenta años derrama su influencia evidente sobre obras posteriores, incluso actuales, que enriquecen nuestras letras al revolucionar estrategias y perspectivas. José Emilio Pacheco la dio a la imprenta en 1967 y, después de más de dos décadas de estar ausente en los estantes de las librerías, de nuevo se halla a la vista para que podamos comprobar que no ha perdido vigencia ni calidad, que, al igual que el resto de la obra del autor, sigue tan joven como cuando se escribió.


   
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Eduardo Antonio Parra

Nació en León, Guanajuato, el 20 de mayo de 1965. Narrador y ensayista. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Regiomontana. Algunos de sus relatos han sido traducidos al inglés, francés,...


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