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NUEVA ÉPOCA NÚM. 158 ABRIL 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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La epopeya de la clausura
Fígaro, travieso


Christopher Domínguez Michael
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 158| Abril 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Domínguez Michael, Christopher , "La epopeya de la clausura. Fígaro, travieso" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Abril 2017, No. 158 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=829&art=17829&sec=Columnistas > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais murió, convenientemente, en 1799, con su siglo. De oficio relojero, quien sería autor de El barbero de Sevilla (1775) y de Las bodas de Fígaro (1778-1784) fue un divertido sinvergüenza que ocupó desde antes el centro de la vida pública francesa. Conspiró como agente comercial en España; especuló con las maderas preciosas de los cotos de caza puestos a su custodia por el rey; le vendió al general Washington las armas con las que expulsó a los ingleses; sus libelos y contralibelos escandalizaron más a sus paisanos que las reyertas de los Filósofos; se casó tres veces y enviudó otras tantas, e iba acumulando las fortunas de sus difuntas; llegó al teatro por ociosidad y lambisconería y llegó a convertirse, sin habérselo propuesto, en el último de los grandes clásicos de la escena francesa. Ese fue Beaumarchais, el compadre de Voltaire y el dolor de cabeza de Luis XVI antes de perderla. Era tan simpático que Robespierre lo libró del Terror. Sólo una sociedad disoluta como aquella, la verdadera vida según Talleyrand, pudo crear un pícaro como Beaumarchais, quien se desplazó desde el Tercer Estado hasta la Corte dando piruetas como aquel pícaro que es apenas un autorretrato piadoso de su creador.

 

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Jean-Marc Nattier, retrato de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, circa 1755
© Wikicommons

 

Bernard Faÿ ―literato francés que curó las colecciones artísticas nacionales para los nazis y por ello recibió penitencia en 1945― es autor de la biografía que reseñó en su edición española de 1974 en la benemérita colección Austral: Beaumarchais, o las travesuras del Fígaro, libro que puede hallarse, a precio irrisorio, en los saldos de la Librería Gandhi.

Leyendo a Faÿ se comprende por qué Caron, nacido en 1732 como Goethe, se convirtió en Beaumarchais. Criado insolente él mismo, dibujó la servidumbre voluntaria como la manera más sutil de dominar el mundo, como lo hace ese Fígaro que Lorenzo da Ponte y Mozart transfiguraron en una divinidad que no podía ser sino ajena a Beaumarchais. Eso, en 1786, gracias a la música.

Faÿ aclara, por cierto, que es dudosa la versión de una prohibición pública de Las bodas de Fígaro por sus gracejadas contra la aristocracia. Sucede que la corte del rey cerrajero y de su esposa austriaca soportaba eso y más. Llegaron al cadalso por ilusos, por creer que los criados-filósofos como Beaumarchais eran inofensivos. El problema de Las bodas de Fígaro fue, como me dijo un amigo cuando se enteró de que su esposa lo engañaba, “erótico-sindical”. El rijoso Beaumarchais se había querellado contra los actores, que en esos días quitaban, ponían y remendaban las piezas dramáticas a su gusto, y esclavizaban a escritores como el autor del Fígaro, quien además sublimaba esas tristezas en el lecho de las actrices. Beaumarchais, en cambio, fue pionero en la defensa de los derechos de autor. Y por esa causa, en 1778, Luis XVI, presionado por las compañías teatrales, falló contra el dramaturgo y prohibió temporalmente Las bodas de Fígaro. Los actores eran el verdadero espíritu de aquella Francia y nada se podía hacer contra ellos. [1995]


   
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Christopher Domínguez Michael

Nació en la Ciudad de México el 21 de junio de 1962. Crítico literario, ensayista, historiador de la cultura y novelista. Estudió Sociología en la UAM–X. Se inició en el periodismo cultural a los 18 años,...


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