UNAM
NUEVA ÉPOCA NÚM. 116 OCTUBRE 2013 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
Inicio   >>> Artículos   >>>   Paulina Rivero Weber

Entre Platón y Laozi
Sobrevolando abismos


Paulina Rivero Weber
citar artículo
citar
NUEVA ÉPOCA | NÚM 116| Octubre 2013| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Rivero Weber, Paulina , "Entre Platón y Laozi. Sobrevolando abismos" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Octubre 2013, No. 116 < http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/articulo.php?publicacion=83&art=2356&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

PDF
aumentar letra disminuir letra
1 / 2

Untitled Document

En El banquete de Platón, el comediógrafo Aristófanes narra el mito de la androginia original de la especie humana, que explicaría nuestra permanente sensación de insuficiencia o carencia. Por su cuenta, el filósofo chino Laozi, en el Dào Dé Jing, plantea la idea del “saber contentarse” como el camino hacia la dicha perdurable. La filósofa Rivero Weber analiza estas ideas tan opuestas.

para Octavio Silva Rivero

Todos los problemas ecológicos que aquejan al mundo actual tienen sus raíces en la filosofía y ésta es por lo mismo responsable de mucho más de lo que generalmente suele asumirse. Esta temeraria tesis la sostuvo el filósofo alemán Martin Heidegger y su obra puede considerarse una demostración de la misma. En este breve escrito me abocaré a mostrar en qué sentido esta idea puede aplicarse de manera fructífera al análisis de un aspecto medular del modo de vida contemporáneo: la insuficiencia humana. En palabras llanas ésta consiste en asumir que el ser humano, de manera natural, se siente incompleto e insatisfecho y que ésa es, necesariamente, su forma de vida. Las consecuencias no son solamente ecológicas, sino políticas, psicológicas y sociales en general.

imagen

Todos vivimos sumergidos en esa idea del ser humano nos demos cuenta o no. Porque, como pretendo mostrar aquí, ésa ha sido la piedra angular sobre la cual se ha construido la cultura occidental. Es verdad que apenas notamos su presencia, de la misma manera en que el pez no sabe lo que es el agua hasta que está fuera de ella: el sentimiento de insuficiencia es nuestro modo de vida y no sabemos lo que es vivir fuera de él. En torno a él la publicidad teje sus redes, inoculando en las personas la idea de que carecen de algo, y haciéndoles creer que si logran alcanzar ese “algo”, serán “felices”. Con base en ese sentimiento de insuficiencia construye también todo individuo su vida, tratando siempre de “llegar a ser” algo que todavía no es, pero que seguramente si se esfuerza lo suficiente algún día será. Y a raíz de ella, evidentemente, existe una gran infelicidad, porque nunca nadie logrará de modo permanente aquello que, desde el núcleo de la insuficiencia, desea tener o ser. Quizá convenga una breve pausa y preguntarnos: ¿podemos hablar indistintamente de tener o ser? Ya Gabriel Marcel había hecho la radical distinción que luego difundió Erick Fromm: “tener” y “ser” son conceptos que remiten a dos categorías completamente diferentes de la vida. Y, sin embargo, veremos cómo ambos aspectos —lo que un individuo desea tener o ser— pueden conducir a la infelicidad si se articulan desde la idea de la insuficiencia humana.

Acotemos primeramente nuestra idea de la “insuficiencia humana”. Quizá quede un poco más clara si acudimos a la manera en que se gestó en Occidente. Y esto sucedió, como muchas otras cosas, en el ámbito filosófico. Porque, como bien lo señaló Heidegger, los efectos de la filosofía no son inmediatos ni pragmáticos, pero ésta construye el mundo en que vivimos. A su manera lo dijo Buda: “Somos lo que pensamos: con nuestros pensamientos construimos el mundo” son palabras del Dhammapada, el más bello y breve texto budista. De ese modo la filosofía no mueve palancas ni tornillos: mueve el mundo, lo crea y lo recrea constantemente incidiendo en él paulatinamente, de manera casi imperceptible.

El origen de lo que hemos llamado la “insuficiencia humana” se encuentra claramente expuesto en el que quizá sea el más bello diálogo platónico: El banquete. En él se narra un festejo en el que los comensales llevaron a cabo una serie de alabanzas al amor. De todas ellas, son dos las propuestas que con justa razón han captado la atención de filósofos y psicoanalistas de todos los tiempos: la que enuncia Aristófanes y la que es narrada por Sócrates. Ambas propuestas implican una cierta concepción no sólo del amor, sino del ser humano en general y, como veremos, ambas se complementan una a la otra.

Primeramente Aristófanes narra el mito de los andróginos: antes de que existiera el ser humano existían unos seres muy poderosos. Su poder radicaba en la fuerza propia de la entereza: tenían cuatro piernas, cuatro brazos, dos cabezas. Esta “entereza”, ese estar completos, hacía que estos seres no requirieran nada fuera de sí mismos. Pero era tal su fortaleza que los dioses, temerosos, los partieron en dos: así surgió el ser humano. De ahí que desde entonces éste se viva a sí mismo como un ser carente, insuficiente, que constantemente busca la parte perdida, que en buen griego se decía symbolon: un ser humano siempre es el símbolo, la parte faltante del otro. Para Aristófanes ésta es la explicación de la constante búsqueda del amor: no podemos dejar de buscar nuestro símbolo, aquél con el que deseamos encontrar la plenitud. Casi toda literatura occidental, toda música vernácula y toda creación cinematográfica —que tanto influyen en la mentalidad actual— están permeadas por esta concepción del ser humano como un ser insuficiente que requiere encontrar la suficiencia fuera de sí.

Sócrates enriquece el significado de este mito con otro acerca de la condición humana. Cuenta que Poros, la abundancia, quedó dormida tras un banquete y Penia, la penuria, la carencia, se aprovechó de su estado para aparearse con ella. De la unión de Poros y Penia nació Eros, el amor. Éste, como digno hijo de sus padres, siente la penuria y la carencia, y ella le impulsa a salir en busca de su completud. Al encontrarla se siente pleno, pero no por mucho tiempo, pues siempre vuelve a caer en la penuria, que nuevamente le impulsa a buscar algo que le haga sentirse pleno.

La genialidad de Sócrates consiste en ir más allá de lo expresado por Aristófanes. Para ambos la carencia o la insuficiencia humana es ontológica, esto es: constituye al ser humano y no se puede escapar de ella. Para Aristófanes la carencia se subsana al menos temporalmente al encontrar la otra mitad que nos complementa: eso es el amor. Sócrates, el filósofo, extiende la búsqueda de completud originada por el sentimiento de carencia a todo posible quehacer humano. Esto quiere decir que todo cuanto hacemos, cualquier creación cultural, cualquier acción en el mundo, busca satisfacer aunque sea parcial y temporalmente la radical y en realidad insalvable insuficiencia humana. Con base en esta concepción del ser humano no existe posibilidad alguna para poder conformarse con la vida: está condenado a ir del deseo provocado por el sentimiento de carencia, a su satisfacción, en donde cree que encontrará finalmente la plenitud.


   
    subir     PDF

Paulina Rivero Weber

Nació en la ciudad de México, en 1958. Estudió Filosofía en la UNAM, donde realizó sus estudios de maestría y doctorado, ambos en Filosofía. Ha sido profesora tanto de Estudios Profesionales como de Estudios...


Leer más   »
Secciones de la Revista
Sitios de interés